• Caracas (Venezuela)

Guillermo Vargas

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Cómo detectar los defectos en el vino

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Es terrible elegir un vino para un evento y luego de abrirlo darse cuenta que no está bien, que tiene defectos, a causa de alteraciones naturales del vino o que inducidas accidentalmente por su mal manejo. Sin ser un experto, un consumidor con cierto grado de observación puede identificar dichos defectos.

Cuando catamos el vino podemos apreciar su aspecto. Debe ser transparente, brillante y sin turbidez. Al tratarse de un blanco clásico, seco –no licoroso ni dulce– debemos apreciar un vino de color dorado pálido, con tonalidades verdosas cuando está muy joven. Dorados muy intensos,  con tonalidades ambarinas, tipo destilado añejo, indican defectos de oxidación y vejez.

En los tintos, los colores varían desde el violeta al granate, dependiendo de la edad del vino. Colores pardos, con tonalidades marrones, indican un vino alterado, envejecido y oxidado. Tanto en blancos como en tintos, estos defectos producen desagradables aromas y gustos.

Al oler el vino debemos apreciar aromas frutales, algunos herbáceos y aromas de su desarrollo en botella –bouquet–; pudiéndose apreciar olores impuros,  considerados defectos. Uno de ellos, el menos grave a mi juicio, es el olor a corcho en mal estado; se le llama “vino acorchado” y se produce por cierta alteración del concho que transmite al vino ese olor desagradable, parecido a cartón mojado. Se puede rechazar pero oxigenándolo en un decantador, por ejemplo, y esperando unos treinta minutos, pudiéra ser posible eliminar el problema.

Existen defectos olfativos más graves, como el olor a vinagre. Se detecta fácilmente porque es muy conocido y agradable en las ensaladas, pero no en el vino, al que le da un carácter impuro. Un vino avinagrado es imposible de consumir pues su contenido de ácido acético produce en boca una sensación de acidez muy alta y desagradable. 

Otros defectos que se apreciar en nariz son los olores a frutos podridos como manzana, típicos de vinos oxidados y vencidos. Estos vinos además desarrollan sabores desagradables y amargores fuertes. En boca, en general,  se pueden detectar otros defectos como exceso de acidez y de taninos, que pueden causar sensaciones desagradables y astringencia agresiva; o por el contrario, vinos tan envejecidos que han perdido su estructura tánica y se sienten aguados y desequilibrados.