• Caracas (Venezuela)

Guillermo Vargas

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Vino y salud cardiovascular I/II

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Tomar vino es un disfrute, una experiencia sensorial y una placentera afición. Cuando lo tomamos se estimula la secreción de los jugos gástricos que intervienen en la digestión y por eso es recomendable, además de delicioso, disfrutarlo como acompañante de los alimentos. El vino une a la gente, es la bebida social ideal para compartir en pareja, en familia y entre amigos, y es  muy grato consumirlo y disfrutarlo, además de aprovechar sus beneficios para nuestra salud.

Los vinos tienen componentes llamados polifenoles que provienen principalmente de la  piel y corteza de la semilla de la uva, que son excelentes para la salud. Estas sustancias tienen efecto antioxidante sobre la lipoproteína de baja densidad (LDL), además de una acción antiateromatosa, antiagregante plaquetario, antiinflamatoria y vasodilatadora. Se ha evidenciado que el consumo moderado de vino produce disminución de los niveles de colesterol en la sangre, de la incidencia de arterioesclerosis y otras alteraciones cardiovasculares.

En su excelente libro Extendiendo la Juventud, el médico Ramón Aguilar hace una brillante interpretación científica del tema, del cual resumiré en este artículo varios tópicos muy importantes. El autor señala que la ingesta moderada de vino –2 copas al día– en las comidas se relaciona con una menor incidencia de enfermedad cardiovascular, menor aparición de accidentes cerebrales, menor proporción de cáncer y mayor vida. Igualmente afirma que los fenoles del vino tienen un alto potencial sanatorio en las personas por tres rutas conocidas: la célula, las vías de activación inflamatorias y la supresión genética.

El vino protege la célula por su efecto antioxidante al suprimir el exceso de radicales libres, responsable de la muerte celular, lo que ayuda a prolongar la vida y alcanzar una longevidad en plenas facultades. El consumo de vino reduce también las cascadas inflamatorias activadas por el estrés  diario, las cuales están involucradas como fuente primaria de muchas afecciones comunes.

Estudios recientes realizados en humanos, publicados en la revista Anticancer Research, demuestran el efecto de los polifenoles del vino sobre la regulación y expresión genética, que logran desactivar una secuencia involucrada en la progresión del cáncer. Sin embargo, se afirma que el no consumir vino, como consumirlo en exceso, puede aumentar el riesgo de aparición de afecciones cardiovasculares.