• Caracas (Venezuela)

Guillermo Martínez

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Guillermo Martínez

Cada día Venezuela se parece más a Cuba

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Por muchos años, Venezuela marchaba con lentitud hacia el totalitarismo de Cuba. En los últimos meses, la velocidad ha aumentado. Venezuela va en camino de convertirse en el segundo régimen totalitario en el hemisferio occidental. 

Al menos cuando Hugo Chávez gobernaba, él tenía el respaldo de los pobres del país, era carismático y sabía cómo hablarle a los venezolanos. Chávez gobernaba como un viejo caudillo latinoamericano que se inclinaba por el sistema comunista de Cuba. 

Su sucesor, Nicolás Maduro, no tiene ninguno de los atributos de Chávez. Él no sabe lo que es gobernar con tacto; ha destruido la economía venezolana a pesar de que el precio del petróleo está por encima de $100 el barril. La inflación en el país es galopante y se espera que supere 100% este año. Hay escasez de productos alimenticios y Venezuela es uno de los países con mayor tasa de asesinatos en el hemisferio. 

En uno de sus primero discursos, Maduro dijo que Chávez –en forma de un pajarito– había vuelto para decirle lo que tenía que hacer. Maduro no está loco, pero sí es un dictador corrupto; alguien que no sabe gobernar y que ahora depende de asesores cubanos que le dicen cómo aplastar a sus oponentes.

Las protestas callejeras comenzaron en febrero con estudiantes y venezolanos que quieren la democracia marchando y construyendo barricadas en las calles de muchas de las ciudades del país. Las marchas eran multitudinarias. Las barricadas obstruían el tráfico. Para reprimirlas, Maduro apeló a la Guardia Nacional Bolivariana y a la Policía Nacional Bolivariana. Ellos utilizan gases lacrimógenos, un cañón que dispara agua a presión y balas de goma. Hasta ahora hay 42 muertos, cientos están en las cárceles, y muchos se han ido al exilio.

Uno de los que pide democracia en Venezuela recientemente escribió en su cuenta de Twitter que los que se oponían al Gobierno tenían que escoger entre ir a la cárcel o al exilio. Venezuela ahora busca la forma de censurar a Twitter.

Uno de los principales líderes de la oposición al régimen es Leopoldo López, del movimiento Voluntad Popular, uno de los partidos prodemocracia mayores del país. Cuando comenzaron los disturbios callejeros, el Gobierno acusó a López de ser uno de los principales instigadores. En un acto de una valentía heroica, López se entregó a las autoridades venezolanas.

López fue encarcelado y permanece tras las rejas. En una audiencia preliminar en la que se suponía que López fuera liberado, una llamada del Gobierno a la jueza que manejaba el caso le hizo cambiar de opinión y ordenó que López permaneciera encarcelado hasta su juicio que se supone se llevará a cabo en agosto.

María Corina Machado, una parlamentaria, también ha protestado e insiste que seguirá protestando en las calles hasta que Maduro renuncie. El Gobierno le quitó su inmunidad parlamentaria y ha dictado una orden de arresto en contra de ella.

El director de El Nacional, Miguel Henrique Otero, es el último en incurrir en la furia del Gobierno. Los tribunales lo citaron a declarar como testigo en el caso de un supuesto magnicidio contra Maduro.

Maduro está obsesionado con las conspiraciones en su contra. Cree que hay muchas; que están auspiciadas por los Estados Unidos y en particular por su embajador en Colombia. Hasta ahora no ha dado pruebas de ninguna conspiración en su contra. 

Supuestamente Otero sabe de esas conspiraciones para matar a Maduro. Sin embargo, el periodista no cumplió con la orden de presentarse a tribunales emitida por el Gobierno. Él estaba en Colombia tratando de obtener papel para poder seguir imprimiendo El Nacional. La falta de divisas en Venezuela es tan grande que los diarios del país tienen dificultades para conseguir papel del exterior. 

Alejandra Otero, hija del director de El Nacional dijo que la orden emitida contra su padre es un intento burdo por “intimidar a mi padre, que es el director de uno de los pocos periódicos” con una línea editorial independiente. 

Muchos de los estudiantes universitarios que comenzaron las protestas callejeras están encarcelados. Maduro también tiene a motociclistas sin uniformes que ayudan a dispersar las manifestaciones repartiendo palos a diestra y siniestra. 

Las protestas en Venezuela hoy son menores y menos intensas. Los asesores cubanos del régimen la han dicho a Maduro que tiene que usar toda la fuerza a su disposición para aplacar a los estudiantes. Al menos que los militares venezolanos decidan desobedecer las órdenes del Gobierno, es difícil ver cómo Maduro puede ser desalojado del poder.

Y cada día Venezuela se parece más y más a Cuba.