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Guillermo Martínez

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Guillermo Martínez

Preocupa el viaje de Putin a Cuba

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Cuando Anastas Mikoyan, viceprimer ministro de la Unión Soviética visitó Cuba en febrero de 1960 un grupo de estudiantes universitarios católicos vieron claramente el peligro que esa visita representaba para Cuba. Ellos fueron a protestar ante la estatua de José Martí, donde ese mismo día Mikoyan había depositado una ofrenda floral. Los esbirros del Gobierno salieron y le propinaron una paliza a los estudiantes.

Los estudiantes tenían razón para protestar. La visita de Mikoyan fue sólo el preludio de décadas de opresión comunista en la isla con la ayuda de los soviéticos. Fueron tres décadas en las que Cuba dependía del petróleo y la ayuda económica que la Unión Soviética le prestaba. Pero todo eso se acabó cuando cayó el Muro de Berlín y los países de Europa del Este se independizaron del yugo soviético.

Ahora, 54 años después, es Vladimir Putin, otro ruso, quien visita Cuba. Putin le perdonó el 90 por ciento de los más de 30.000 millones de dólares que Cuba debía a Rusia y dijo que los 3.500 millones de dólares restantes Cuba se los podía pagar a plazo y el dinero sería reinvertido en la isla.

La prensa estadounidense le prestó poca atención a la visita de Putin a Cuba. Después de todo ya no existe la Guerra Fría. Ni siquiera los exiliados más exaltados protestaron demasiado. El mundo ha cambiado y pocos de este lado del Estrecho de la Florida ven nada raro en ver a un líder ruso visitando Cuba.

En Cuba, sin embargo, la bloguera Yoani Sánchez expresó su preocupación con la visita de Putin. En un artículo publicado en The Huffington Post, Sánchez dijo que a visita le hizo recordar otros tiempos en que habían lazos muy estrechos entre los dos países y expresó su preocupación al ver que los rusos se están preparando de nuevo para el regreso de la Unión Soviética.

“Ellos pueden aparentar ser otra cosa, pero en realidad es más de lo mismo”, dijo.

“Estamos a pocos pasos de nuevamente convertirnos en un satélite de Moscú, como lo que ya fuimos una vez. El poderío ruso con su petróleo y la deuda que nos perdona” nos impiden ver el peligro. “El gobierno ruso nos quiere usar de ‘plataforma’ para nuevos ataques a su enemigo de antaño – los Estados Unidos”, agregó Sánchez.

Algunos dirán que Sánchez exagera el peligro que la nueva iniciativa rusa en Cuba y América Latina representa para Estados Unidos. Es posible que esto sea una magistral jugada económica rusa. Es posible que Rusia sólo quiera crecer su economía.

Como dice la vieja canción: ¡Quizás! ¡Quizás! ¡Quizás!

Nadie sabe a ciencias ciertas qué es lo que prepara el presidente ruso. Pero hay algo que no se puede negar. Hace años que Putin cada día muestra una enorme agresividad en su política exterior. Hace poco se anexó Crimea y todavía no cesan los reclamos de los rusos que viven en el norte de Ucrania para ellos también ser parte de Rusia.

Ahora Putin trae su música a América Latina. Fue a Nicaragua a ver a su viejo amigo, Daniel Ortega. De allí pasó por Cuba rumbo a Brasil, donde se reunión con Dilma Rousseff, una vieja guerrillera hoy presidenta del país más grande de América Latina. También viajó a Buenos Aires a reunirse con Christina Fernández de Kirchner, quien busca desesperadamente quién le ayude a salir de la hecatombe económica por la que atraviesa Argentina.

El presidente Barack Obama pesó al comienzo de su primer mandato que el podía relanzar las relaciones de Estados Unidos con Rusia. Dijo eso en un discurso en julio de 2009 en el New Economic School en Moscú . Dijo que Estados Unidos tenía que ser más humilde y acomodarse a algunas de las necesidades de Rusia.

El discurso de Obama fue pronunciado 12 meses después que Rusia invadiera a Georgia. Después Rusia ha: Entregado un reactor nuclear a Irán. Vendido 1.000 millones de dólares en armas a Bashar al-Assad, el dictador de Siria, que lucha contra un grupo de rebeldes que quiere reemplazarlo en el poder. Protestado con vehemencia los planes de Estados Unidos y la OTAN de colocar una base de misiles en Polonia para proteger a Europa de una posible agresión proveniente del Oriente Medio.

Hasta ahora el Gobierno estadounidense no expresa preocupación alguna por los peligros que puede representar la nueva política exterior de Rusia.

Es cierto que la Rusia de hoy no tiene el mismo poderío militar que el que tenía la Unión Soviética. Así y todo, Estados Unidos no puede seguir actuando como una avestruz que mete su cabeza en el suelo para no ver el peligro que se avecina.
Hay que recordar el viejo dicho: “Guerra avisada no mata soldado”.