• Caracas (Venezuela)

Guillermo Martínez

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Guillermo Martínez

Colombia en una encrucijada electoral

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El 10 de agosto de 2002, día en que Álvaro Uribe asumía el cargo de presidente de Colombia, un ataque terroristas a pocas cuadras de distancia mató a 19 personas y hirió a más de 70. Once años después las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia fracasaron en un complot para matar a Uribe.

Uribe y las FARC han sido enemigos acérrimos desde que el expresidente –con la ayuda de Estados Unidos– le declarara la guerra frontal al grupo terrorista más longevo del hemisferio. Uribe quería acabar con el narcotráfico y con los terroristas que los protegían.

Uribe no es un hombre de titubeos. Él creía que a las FARC había que derrotarlas en las selvas de Colombia. Durante su mandato de 2002 a 2010 criticó fuertemente y con frecuencia a Hugo Chávez, quien gobernaba en forma autoritaria a Venezuela. Al terminar su segundo mandato y no poder volver a elegirse constitucionalmente, Uribe escogió como candidato a su ministro de defensa, Juan Manuel Santos, quien tenía a su cargo ejecutar su política de mano dura contra las FARC.
 
Santos era el hombre indicado. Era aliado de Uribe y nunca había dado la impresión de que no estaba de acuerdo con el presidente. Pero al ser elegido, Santos cambió radicalmente su política. Dijo que la mejor forma de acabar con la violencia era negociando con las FARC y otros grupos armados y poco después de asumir el cargo volvió a establecer las relaciones diplomáticas con la Venezuela de Chávez.

Esto irritó de sobremanera a Uribe, quien inmediatamente empezó a criticar a su exprotegido. Los dos se convirtieron en enemigos políticos.

Santos comenzó conversaciones con representantes de las FARC en noviembre de 2012 en La Habana. Su popularidad se disparó a más de 70%. Los colombianos estaban cansados de la guerra y las expectativas de lograr un acuerdo eran enormes. Uribe no se ha cansado de criticar la política de apaciguamiento.

Han pasado 18 meses y las conversaciones todavía continúan. La popularidad de Santos ha mermado y en las elecciones del domingo pasado quedó en segundo lugar. Óscar Iván Zuluaga, ex ministro de finanzas bajo Uribe, quedó en primer lugar con más de 400.000 votos de ventaja sobre Santos.

Aunque todavía Santos y Zuluaga tienen que ir a una segunda vuelta el 15 de noviembre, la derrota del actual presidente fue una sorpresa. Todas las encuestas decían que Santos quedaría en primer lugar y que Zuluaga, el candidato de Uribe, quedaría en un rezagado segundo lugar.

Pero los ataques incesantes de Uribe y Zuluaga debilitaron aún más a Santos.

Zuluaga sacó 29,3% de los votos y Santos 25,7%. Santos cree que puede ganar en la segundo vuelta con el apoyo de alguno de los otros tres candidatos que fueron a la primera ronda.

De nuevo los expertos dicen que Zuluaga no puede ganar. Los candidatos derrotados que creen en las negociaciones con las FARC deben darle su respaldo a Santos. Y si esto sucediera, Santos ganaría un segundo período como presidente de Colombia.
Pero las cosas no van a ser fácil. Las conversaciones de paz en La Habana apenas han llegado a un acuerdo en tres de los seis puntos a negociar. Todavía el Gobierno y las FARC no se han puesto de acuerdo en qué hacer con los comandantes de la guerrilla acusados de cometer crímenes durante las hostilidades Tampoco han decidido si los miembros de las FARC podrían en un futuro postularse a cargos políticos.

Santos dice que cualquier acuerdo con las FARC va a ser sometido a un plebiscito en Colombia. Zuluaga, sin embargo, replica que “nosotros [los colombianos] no podemos permitir que la FARC decida nuestro destino desde La Habana”.
Las encuestas dicen que la mayoría de los colombianos quieren el fin de la guerra. Lo que no está claro es si quieren un fin de las FARC en el campo de batalla o prefieren una paz negociada.

Santos quiere que las conversaciones de paz continúen. Zuluaga, con el apoyo de Uribe, quieren derrotar a las FARC en las selvas de Colombia.