• Caracas (Venezuela)

Guillermo Cochez

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Guillermo Cochez

¿Cómo se ve afuera crisis venezolana?

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Venezuela está a punto de estallar. Ambición de poder de algunos privará encontrar soluciones no violentas. El diálogo sirvió para distraer opinión pública internacional; para ganar tiempo. La extraña muerte del “empresario” alemán, amigo de Rafael Ramírez, refleja la lucha mortal entre los poderosos del régimen. Lastimosamente, no se ve ninguna salida democrática; se prevé un tremendo despeñadero teñido de mucha sangre y miseria.

1. Ni Hugo Chávez ni Nicolás Maduro ganaron elecciones presidenciales de octubre 2012, ni enero 2013. También perdieron elecciones anteriores. Aplicaron aquello de que bien tonto sería el que logrando el poder se lo deja quitar: enseñanza cubana desde el primer día, que también aplican Evo, Ortega y Correa y que gracias a Dios fracasara con Cristina.

2. Chávez no murió el 5 de marzo de 2013, sino en diciembre de 2012. En ocultar su muerte privaron aviesos propósitos políticos, siendo sus actores cubanos los más beneficiados, igual que Maduro y sus familiares, que en pago recibieron vicepresidencia de Arreaza y otras prebendas.

3. Para imponer presidencia temporal y posterior candidatura de Maduro se violó repetidamente la Constitución: correspondía asumir al presidente de la Asamblea, Diosdado Cabello. Este exabrupto de enero de 2013 lo avaló Insulza y motivó mi destitución como embajador de Panamá en la OEA. Ello ha implicado que Maduro y Cabello prácticamente ejerzan el poder colegiadamente.

4. Nicolás Maduro no nació en Venezuela sino en Colombia, tal como denuncié. De allí que sus adversarios, incluidos militares, lo tienen chantajeado para que acceda a sus pretensiones.

5. Señalamientos de Jorge Giordani confirman uso desmedido de recursos de Pdvsa para ganar últimas elecciones. Una de las razones es que la emblemática empresa estatal esté quebrada.

6. Resquebrajamiento interno del PSUV es simplemente el efecto del movimiento que se produce tras 15 meses sin Chávez, ante incapacidad de Nicolás Maduro de unificar un chavismo gastado, convertido en narcoestado, y por merma de los recursos del Estado, que hace más difícil satisfacer a la clase dirigente. Ya a lo interno hasta se plantea el poner fin a regalos internacionales, comenzando por Petrocaribe.  

7. Crisis económica termina de socavar mito de que era causada por la oligarquía y el imperio. Se culpa al gobierno, lleno de malandros, por su incapacidad, corrupción y falta de coherencia.

8. Que los militares, quizás por su exagerada vinculación con negocios ilícitos y corrupción, son dique de contención de aspiraciones internas de subalternos de retomar profesionalización militar.       

Lo anterior refleja un país convulsionado, prácticamente destruido, que se fundamenta en la mentira, la trampa y maleantería, la delincuencia y la estimulación de la violencia, la traición, el narcotráfico, el contrabando. En fin, en nada que tenga que ver con democracia. Una nación cada vez más dividida, pero no entre oficialismo y oposición, sino entre los que quieren mantener statu quo, cada vez menos, y los que ansían un cambio profundo ante el fracaso total del experimento chavista; se desploma el odio de clases que tanto se fomentó. Refleja una comunidad internacional cada vez más desatenta de lo que pasa, quizás por su indolencia, sus intereses y, por qué no decirlo, porque las alternativas de cambio que se proyectan a través de la oposición son muy contradictorias e inconsistentes y no garantizan un tránsito pacífico y ordenado hacia el cambio a que pareciera aspira la sociedad venezolana.

Dependiendo a quien se pregunte, encontrará un responsable de la crisis de la oposición: Aveledo, porque es un iluso; la MUD, por desfasada; Leopoldo o María Corina, por su protagonismo; Capriles, por haber pasado ya de moda; todo tipo de descalificaciones afloran.

Solución a crisis venezolana quizás está más cerca de la violencia que de una pacífica y democrática. Sus actores principales están aferrados al poder cual sanguijuelas, no les importa nada más que eso. Estados Unidos no intervendrá allá como lo hizo en Panamá. Afortunadamente, llegará el momento en que caerán. Lo que se prevé antes del fin es trágico y doloroso: mucha muerte, más escasez, mayor inseguridad. El milagro de lograr un cambio por las buenas se hace cada vez más distante. A los Maduro, los Cabello y a los Ramírez y sus secuaces no les interesa ni un ápice.    

*Embajador de Panamá OEA (julio 2009 - enero 2013)