• Caracas (Venezuela)

Guillermo Cochez

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La mancuerna chavismo y castrismo

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Los tiempos en que si uno criticaba a la llamada revolución cubana era enemigo del progreso revolucionario y agente de la CIA pasaron a la historia. Igualmente aquellos en los que si se cuestionaba a Estados Unidos o a dictadores como Pinochet se era simpatizante marxista. El mundo ha evolucionado. La China de Mao se ha convertido en el paraíso del capitalismo salvaje y los comunistas de Vietnam son grandes socios de los norteamericanos. Los soviéticos ahora son más de derecha que nadie. El mundo de los clichés ha dado paso a un mundo más pragmático, en gran parte producto del fenómeno de la globalización y de la desideologización de nuestros gobiernos.

Aquel puerto de Mariel por donde tantos cubanos salieron huyendo de su “paraíso”, ahora se convierte en una gran terminal marítima financiada por los realistas del Brasil, quienes anteponen cualquier principio ético y democrático siempre y cuando el negocio sea bueno. La otrora espina del nacionalismo venezolano clavada en el corazón del imperio, como cacarearía Chávez, léase Citgo, hoy ya está en venta ante la inexistencia de recursos para los próximos seis meses en el manejo del gobierno de Venezuela... y por supuesto también de Cuba.

Ya el régimen de Nicolás Maduro no subsiste por sí solo: se está ahogando. Está al borde de la quiebra económica, porque la moral y social del país hace rato se dio. Vive porque Cuba lo ayuda a controlar a todos los que se le oponen a lo interno del país, incluyendo a los militares hastiados de tanta sumisión al extranjero invasor; porque Brasil mantiene muchos recursos en las áreas productivas destruidas en los 15 años de “revolución”. Porque Colombia le mantiene un flujo alimentario muy rentable para sus connacionales. Y, por qué no decirlo, porque Estados Unidos, preocupado en tantas otras cosas, sigue pensando que Venezuela no es un peligro, a pesar del tráfico de drogas, el apoyo a las FARC, y recientemente el trasiego de pasaportes venezolanos a miembros del Hezbolla. Sabrá Dios cuántas cosas más.

La eventual caída de Maduro, y quizás por eso se demora tanto, implica también la del régimen cubano. Han convertido la relación bilateral en una de siameses; ambos se encuentran en el precipicio; morirán juntos. Lo que le pasa a uno le revierte al otro. Si ya no hay dinero para atender necesidades básicas de los venezolanos, menos habrá si le sumamos a esta ecuación las de los cubanos. Cuba no puede vivir sin la ayuda de Venezuela, pero esta no puede vivir sin el apoyo político y de inteligencia de los cubanos.

Maduro ha anunciado que su gobierno honrará los próximos pagos de la deuda externa, evitando con ello el temido default. Nadie le cree que también se pondrá al día con la deuda interna, porque eso lo ha dicho tantas veces antes. Estos pagos afectarán severamente el flujo de caja del gobierno con lo cual las penurias de los venezolanos para obtener lo básico aumentarán.

Mientras tanto, para nadie es un secreto que, para Maduro, más importante que satisfacer necesidades de venezolanos, incluso las de salud, es mantener contento a los cubanos. Hasta cuándo esto seguirá siendo tolerado por las fuerzas sociales de su país, incluidos a los militares, es una incógnita. Lo que sí es cierto es que en el momento menos esperado algo explotará.  

Mientras esa explosión llegue y nos afecte a todos en el continente, seguiremos escuchando a José Miguel Insulza decir que todo sigue igual en la tierra de Bolívar y al nuevo secretario de Unasur, el ex presidente narco Ernesto Samper, diciendo que bajo Nicolás Maduro a Venezuela le va bien.

*Embajador de Panamá OEA (2009-2013)

gcochez@cableonda.net