• Caracas (Venezuela)

Guillermo Cochez

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Guillermo Cochez

Unidad frente a la división

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La situación en Venezuela se enrarece cada día; hasta el mismo Maduro admite que la crisis económica es “severa”; cree que la arreglará reencauchando su gabinete. No hay forma que su gobierno levante cabeza; es casi imposible enderezar entuertos acumulados por 15 años. Lo que queda del chavismo cada día se resquebraja más, ante la imposibilidad de seguir repartiendo como antes los recursos del Estado y ante la marcada división existente en lo que tiene la cúpula mandante del resto de la militancia. El aislamiento internacional aumenta, sobre todo porque el país, además de políticamente dependiente de Cuba, está virtualmente hipotecado a China y a Rusia y eso no es bien visto por los demás actores mundiales. En nada favorece tampoco su irrestricto apoyo a los fundamentalistas islámicos.

El gobierno, con el fin de perpetuarse en el poder, mediante bocanadas esporádicas de oxígeno juega a dividir la oposición, lanzando cortinas de humo a la profunda división de sus cada vez más reducidas huestes. Alarga el juicio de Leopoldo López con el fin de demostrar quién es el que manda, aunque de antemano se sabe desde el día que lo apresaron cuál será su sentencia, importando poco si hay evidencias o no que lo condenen. A María Corina Machado la han convertido en prisionera de su país y así trataran de hacer con Antonio Ledezma e hicieron con Henrique Capriles al destruirle su equipo de trabajo. Hay más dirigentes medios escondidos o en el exilio, incluyendo militares, de los que se conoce. Con el férreo control que han logrado en los medios de comunicación ya es difícil saber qué es lo que realmente pasa.

División es el factor clave para todos. La división del chavismo es insalvable; se agotaron como alternativa política. Ya no tienen nada que mostrar; la corrupción interna los destruyó. La ineficacia administrativa que enseñan los hunde cada día más. Son más los militares en posiciones claves en el gobierno, única forma de contentar a quienes podrían dar al traste con los grupos civiles que se disputan cuotas de poder. El mito del socialismo se esfumó; si es que algún día existió.

Si bien se percibe que la oposición está dividida, tienen algo en común de lo cual carece el régimen: la democratización como objetivo. Sin excepción, todo su liderazgo comparte necesidad impostergable de cambiar el régimen por uno más democrático y más justo, sin retroceder a la cuarta república y sin los excesos de la quinta. En eso hasta se encuentra respaldo de grupos chavistas ansiosos de poner fin a tanta demagogia, sobre todo tras la muerte de Chávez.

El percibirse existencia de líderes que pareciera sólo piensan en venideras elecciones tiene sus ventajas y desventajas. Es malo porque ahora mismo posibilidad de cambio se hace improbable a través de proceso electoral alguno; no existe condición alguna para ello. Podría ser bueno porque le muestra a la población el perfil de compromiso serio de una dirigencia opositora que no puede mostrar el desgastado chavismo.

La suerte está echada. No hay cambio a la vista en adición al desgaste paulatino del gobierno que nadie se atreve a vaticinar hasta cuándo puede tocar fondo. Dentro de los planes de la bicéfala dirección de  Maduro y Cabello poco importa destruir al país. Nadie sabe a ciencia cierta si dentro de los militares están dispuestos a llegar hasta ese extremo. Mientras tanto el túnel en que se encuentran los venezolanos no encuentra aún salida alguna.

La única podría la unidad absoluta de la oposición en un objetivo común, dejando al lado cualquier interés particular y sectario. Esa unidad encontraría el respaldo internacional que con la aparente división existente no se encuentra.         


gcochez@cableonda.net