• Caracas (Venezuela)

Guillermo Cochez

Al instante

¿Seguirán las FARC presentes en Venezuela?

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Era miércoles 21 de julio de 2010. Me habían citado junto al embajador en Washington, Jaime Alemán, para que viniéramos a Panamá; nos darían explicación sobre el problema suscitado días antes con los indígenas en Bocas del Toro donde algunos hasta perdieron los ojos. Ese mismo día se cocían muchas habas dentro de la OEA. Yo participaría en la sesión, hasta que tuviera que irme a abordar el avión hacia Panamá, vía Miami.

Desde días antes Colombia había pedido que en la sesión del 21 de julio del Consejo Permanente se incluyera en el orden del día la presencia de las FARC y el ELN dentro del territorio venezolano. Francisco Proaño, intelectual y diplomático de carrera, ejercía en nombre del Ecuador la presidencia del Consejo Permanente, cargo rotativo. Su gobierno, a petición de Hugo Chávez, le ordenó que no convocara al Consejo para impedir que Colombia pudiese presentar su espinosa protesta, algo que no se podía hacer porque a las solicitudes de inclusión en el orden del día de un país miembro no se les puede poner cortapisa alguna. En el tira y jala que se dio, dignamente el embajador Proaño renunció y tuvo que ocupar el cargo el vicepresidente del Consejo, Joaquín Massa de El Salvador, quien durante los años del gobierno democratacristiano de José Napoleón Duarte fue viceministro de Relaciones Exteriores y embajador en Panamá. Tenía una vieja amistad con él y estuve a su lado en la crisis que se planteaba en la OEA. La reunión se haría el 21 a la hora acostumbrada. Las pretensiones de Venezuela de suspender la sesión fueron truncadas.

El recinto se atiborró de periodistas, generándose mucha expectativa de lo que haría el gobierno colombiano bajo la égida de Álvaro Uribe, a través de su competente embajador Luis Alfonso Hoyos Aristizábal, con quien forjé una fuerte amistad. Hoyos, en una intervención de casi dos horas, convenció hasta a los incrédulos, dada la precisión con que presentó fotos, mapas, videos sobre los campamentos que las FARC y el ELN tenían montados en Venezuela, donde supuestamente su gobierno los dejaba operar. Como era de esperar, el “elocuente” embajador de Chávez, Roy Chaderton, a quien conocía desde sus tiempos de democristiano, se opuso a las pretensiones colombianas de nombrar una comisión in situ para determinar la veracidad de sus concretas denuncias. Al igual que sus compinches en la OEA, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, la respuesta de Venezuela fue la misma de siempre: evadir decir una palabra de lo denunciado, y alegremente culpar a Estados Unidos del nuevo intento de sabotear la revolución del siglo XXI. Dos horas después de dicha sesión Chávez rompió relaciones con Colombia, diciéndole al presidente Uribe hasta de lo que se iba a morir.

Antes de acabarse la sesión, al irme al aeropuerto, dejé por escrito a uno de mis alternos, Iván Chanis, lo que la representación panameña diría en la encendida sesión: “Hay una grave denuncia de Colombia, la cual rotundamente niega Venezuela. Nombremos entonces una comisión investigadora de la OEA para determinar quién tiene la razón”. Al llegar a Cancillería al día siguiente, lo primero que me preguntó el ministro Varela fue: “¿Qué dijiste ayer, que ya el canciller Maduro protestó por escrito?”. Le expliqué. No era sorpresa ese reclamo; ya estaba acostumbrado a que se molestaran por lo que dijera o hiciera en la OEA. Ante la falta de instrucciones de Cancillería, procuraba fijar una posición neutral para Panamá; jamás quedarme callado.

En el gobierno del presidente Juan Manuel Santos la posición de Colombia frente a Venezuela cambió rotundamente. A pesar de todo lo que Nicolás Maduro ha hecho en contra de los colombianos, particularmente con el cierre inconsulto de la frontera común, para Santos no era preciso mover ninguna ola que le pudiera enturbiar su objetivo de firmar la paz con las FARC, aun cuando seguramente los guerrilleros han seguido usando el territorio venezolano, quizás también el ecuatoriano, para esconderse.

Ahora que no logró la paz, pero en cambio obtiene el Premio Nobel de la Paz, el presidente Santos insistirá en la paz con los violentos guerrilleros, para lo cual deberá entender que, mientras no haya paz en Venezuela, jamás podrá haber paz en Colombia ni en ninguno de sus países vecinos, como Panamá. ¿Podrá entenderlo?