• Caracas (Venezuela)

Guillermo Cochez

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Guillermo Cochez

¿Oportunistas o delincuentes?

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La pasada semana se dio una especial discusión entre algunos cancilleres en la XXVIII Reunión de Consulta de la OEA de Ministros de Relaciones Exteriores, convocada a solicitud de Argentina para tratar la decisión de un juez de Nueva York de impulsar acciones contra ese gobierno a favor de acreedores de los llamados fondos buitres de su deuda. Asunto que, según expertos, era propio del desorden de un país en el manejo irresponsable de su deuda pública.

Digo especial porque el Consejo Permanente de la OEA ha desestimado aceptar en su agenda asuntos propios de su competencia como lo son el fiel cumplimiento de la Carta Democrática Interamericana, como el respeto de los derechos humanos en países como Venezuela, la protección de periodistas en Ecuador, y el fortalecimiento de la democracia mediante la revisión de asuntos propios de procesos electorales fraudulentos como lo fue la “elección” de Nicolás Maduro en abril del pasado año.

Quienes, sin ser economistas, averiguamos sobre estos fondos que hoy son objeto de tanto lloriqueo de parte de las autoridades gauchas, nos percatamos de que se trata de deudas, malas para los mercados financieros mundiales, pero legítimamente adquiridas por sus tenedores, quienes especulativamente las compraron para ver si algún día podían hacerlas efectivas. Parte de esas millonarias deudas que andan dando vuelta por allí, al igual que ocurre en Venezuela, Brasil y Panamá, son el producto de lo que robaron sus gobernantes y que hicieron a más de uno millonarios a expensas de nuestras sufridas poblaciones.

Un juez de distrito en Nueva York, Thomas Griesa, se paró firme y reconoció que a esas deudas nadie les puede reducir su valor. Ahora Argentina enfila su batería contra él y contra el sistema legal de Estados Unidos. Pero, a pesar de los insultos y malos tratos que las autoridades argentinas les han dado al mencionado juez y a la justicia estadounidense, comenzando por su canciller Jorge Timmerman y su ministro de Economía Axel Kicillof, negociarán con el abogado mediador que ha designado para tratar de encontrar soluciones a lo que ocurre.

Quienes hemos vivido algún tiempo en las entrañas de la OEA, lo ocurrido el viernes 4 de julio es inaudito. Timmerman se molestó porque Canadá objetó la resolución aprobada y Estados Unidos se abstuvo. El joven ministro de Economía tuvo el tupé de decir que el problema de los fondos buitres “excede a la Argentina”.

¿Por qué la OEA se interesa en llevar un tema que ni les da ni frío ni calor a los mercados financieros, y que sería interesante se explicase por qué un país que fue tan rico como Argentina haya llegado al caótico estado en que encuentra? ¿Un organismo que hace una alharaca para discutir cómo ayudar a un país mala paga, y le da la espalda para que siquiera se oiga la voz de quienes se oponen a lo que pasa en Venezuela?

La OEA aprobó una resolución donde se brinda “pleno apoyo al logro de una solución que busque facilitar el amplio proceso de reestructuración de deuda soberana argentina”. Eso y cinco centavos de dólar valen casi lo mismo. La sesión extraordinaria del Consejo Permanente de la OEA, que ha tenido escasa resonancia mediática como la mayoría de los asuntos que allí se tratan, concluyó con un apoyo incondicional a Argentina.

Si bien los poseedores de esos fondos pueden llamarlos buitres, basura o carroñeros, nadie puede tildarlos de delincuentes; serán a lo máximo oportunistas. Ese calificativo delincuencial se lo deben atribuir a los gobernantes que, a la sombra de organismos como la OEA y sus llamados mecanismos contra la corrupción, han robado indiscriminadamente los bienes públicos, muchos de ellos impagables por lo tanto que esquilmaron a sus tesoros nacionales.
         
*Embajador de Panamá OEA (julio 09-enero 13)
gcochez@cableonda.net