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Guillermo Cochez

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Guillermo Cochez

Espionaje venezolano en Panamá

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El jueves 20 de noviembre envíe nota a la vicepresidente y canciller de Panamá, Isabel Saint Malo de Alvarado. Relaté hecho que refleja a todas luces clara intromisión del gobierno de Venezuela en los asuntos internos de nuestro país y una descarada violación a los derechos humanos como el de la intimidad de panameños y extranjeros legalmente residiendo en Panamá. Le indiqué, incluso, que se podría estar en presencia de un acto de espionaje internacional, hecho prohibido por nuestras leyes y que, países como Cuba y Venezuela están tan acostumbrados a hacer en muchas partes del mundo. Algo parecido a lo que hizo Jaua con su niñera en Brasil.

El domingo anterior 16 de diciembre, en la iglesia San Lucas del Colegio San Agustín, en la barriada Costa del Este, donde muchos venezolanos viven, se concelebró misa presidida por el arzobispo de Mérida, Venezuela, monseñor Baltasar Porras, a quien había conocido en visita anterior, en Panamá por invitación especial del arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa. Su propósito era celebrar la fiesta de La Chinita, la patrona del Zulia. Asistí invitado por mis amigos de Venezuela.

Monseñor Porras tenía como propósito presentar libro de la historiadora venezolana Ana Hilda Duque sobre el obispo nacido en Santiago de Veraguas, en el centro de Panamá. El panameño Rafael Lasso de la Vega fue el quinto arzobispo de Mérida y Maracaibo y factor decisivo en las últimas batallas del Libertador Simón Bolívar durante la transición de la monarquía a la independencia. En la Universidad Santa María La Antigua, la católica de Panamá, también disertó el ilustre prelado de Mérida. 

El miércoles 19 de noviembre, en su programa en Caracas, Con el mazo dando, transmitido en Venezolana de Televisión, el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, teniente Diosdado Cabello, vicepresidente del PSUV, el partido del gobierno, ilegal e irresponsablemente transmitió imágenes de esa misa, acusando a monseñor Porras y a mí, así como a honorables damas venezolanas allí presentes, la directora de la publicación El Venezolano de Panamá, la periodista Adriana Rincón y a la abogada Andreína Chacín, a quien el odioso Cabello ha mencionado varias veces, de estar dirigiendo una conspiración desde Panamá en contra del gobierno tiránico de Venezuela. Algo totalmente absurdo y violatorio a los derechos de las personas mencionadas por Cabello, como otros cientos de panameños y venezolanos que cada domingo vamos a  la celebración de la eucaristía. Se conmemoraban los 305 años de la aparición en el lago de Maracaibo de la Virgen del Rosario de Chiquinquirá, patrona de Colombia. La fiesta de La Chinita se celebra anualmente donde se encuentren venezolanos. Lástima que personas como el teniente Cabello no se detengan a analizar la profunda religiosidad del pueblo venezolano.

He pedido a nuestra canciller que, luego de las averiguaciones del caso, proceda Panamá a tomar las cartas que el asunto amerita porque en nuestro país nadie puede venir alegremente a espiar a sus ciudadanos. Es conocido, que a través de sus sedes diplomáticas, tanto Cuba como Venezuela, despliegan unidades que espían lo que ciertas personas hacemos. El pasado año aparecí en una de las listas del defenestrado Rodríguez Torres como uno de los que debían darle seguimiento fuera de Venezuela. Me honró estar en esa lista junto a amigos como el expresidente Álvaro Uribe y Pedro Mario Burelli. Eso, ni más ni menos, se llama espionaje, algo prohibido en países democráticos como Panamá.

Quizás el asunto quede allí sin mayores consecuencias. Sin embargo, es bueno que gentuza como Diosdado Cabello se dé cuenta que ni aquí ni allá todos le tienen miedo. Cuando los cobardes se escudan en su poder para decir lo que quieran sin asumir responsabilidades, los valientes los enfrentamos con la verdad, amparados en la decencia y la ética de la que ellos carecen.