• Caracas (Venezuela)

Guillermo Cochez

Al instante

Ahora es que hay que luchar más

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Pensar que con las elecciones del 6 de diciembre la democracia venezolana se fortalecería definitivamente se equivocan; fue una sola batalla –vital por cierto– en la guerra que se enfrentan en los próximos días. Basta ver las descabelladas declaraciones y acciones de Nicolás Maduro y de Diosdado Cabello después de la debacle electoral de ese día para darse cuenta de que lucharán para mantenerse en el poder a como dé lugar, importándoles poco que hayan perdido el control de la Asamblea y de la monumental paliza que les dieron. Por eso los próximos días serán aciagos para la institucionalidad venezolana. La capacidad de liderazgo de los diputados electos debe encumbrarse para afrontar la crisis que se avecina.

El cambio brusco del ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, presagia tempestad dentro de las filas de las Fuerzas Armadas. Es sabido que su relevo se debe a que, sobre lo que pretendían hacer para desconocer el triunfo opositor y que de seguro propiciaría caos y violencia, el estamento militar exigió el respeto de la voluntad popular, conteniendo la ola de disturbios que algunos promoverían con la Guardia Nacional y los colectivos armados para justificar la anulación de la elección. Se ha respetado esa voluntad popular a pesar de lo que ordenaron al Consejo Nacional Electoral hacer, motivando que la oposición haya obtenido la mayoría calificada en la Asamblea Nacional.

Algunos pocos –adentro y afuera– lamentan que con el triunfo de la oposición gana terreno la derecha capitalista; los escuálidos y los pitiyanquis. Lamentan que ahora se desconocerán los grandes logros y el avance social de la llamada revolución chavista. Como que pretenden tapar con las manos el sistemático latrocinio que militares y civiles prochavistas patrocinaron en las arcas del hermano país para llevar a Venezuela a ser el de menor transparencia en América Latina y con el mayor índice de corrupción del mundo, sin entrar en el destrozo institucional tanto en lo político como en lo económico y lo social. Venezuela se recuperará, no tengo la menor duda, para lo cual será necesario buscar la forma de reemplazar a quienes hoy la dirigen y que pretenden profundizar la crisis con su negativa a poner atención a lo que la población dijo tan claramente el 6 de diciembre. Venezuela tiene que cambiar lo que se tuvo durante 16 años, sin pretender regresar a lo que hubo antes de Chávez. La clase política –de bando y bando– tiene que darse cuenta de que esa votación tan abultada incluye el clamor popular que exige un cambio hacia adelante y nunca hacia atrás. Un cambio incluyente y de plena participación que promueva el mayor diálogo posible. Donde el populismo sea superado y las cúpulas partidarias y empresariales actúen como si fueran los dueños del país.

Las Fuerzas Armadas deben ser depuradas y eso será un trabajo duro y difícil por la endémica corrupción que Chávez pro movió en sus altos mandos. Las nuevas generaciones de militares, al igual que ocurrió en Panamá, deben estar hartos del daño que unos pocos, preocupados únicamente en su bienestar personal, le hicieron a la clase militar en términos de desprestigio y violación de derechos humanos. Deben continuar jugando el papel que sabiamente desempeñaron garantizando la victoria opositora el 6 de diciembre.

El mundo ha estado mucho más pendiente que nunca de Venezuela y la suerte de su sistema político. No la pueden abandonar y menos en momentos tan cruciales como los que vive ahora, en donde los perdedores quieren mantenerse en el poder a toda costa, importándoles un bledo de la forma tan prístina como la población habló el 6 de diciembre y promoviendo la violencia que tanto daño ya le ha hecho a la Patria de Bolívar.