• Caracas (Venezuela)

Grant Torres

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La diarrea chavista

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“En Venezuela disfrutamos de 40 años de democracia con sus aciertos y desaciertos,  lamentablemente ese proceso sufrió una indigestión que desembocó en  la diarrea que fue Chávez”, escribió un usuario de las redes sociales hace dos días. La frase resume magistralmente nuestra historia, e ilustra muy acertadamente la naturaleza del gobierno del desaparecido “comandante” y de su pupilo Maduro, quienes han embarrado hasta el rincón más apartado con políticas desacertadas que han hundido a los venezolanos en la ruralidad total; un país sin comida, sin medicinas, sin luz, sin trabajo, sin oportunidades y sin gloria.

La incontinencia de los dirigentes chavistas ha ensuciado a las instituciones públicas, las calles y al espíritu de una nación. Es una incontinencia fétida, abundante y desmesurada. Los llamados enchufados no se contienen al momento de llenarse los bolsillos a costa del erario público, de la extorsión y del matraqueo. Parece el guión de la más absurda película de terror y ciencia ficción de Hollywood. Pero lamentablemente la situación pertenece a una realidad de la que no escapa nadie que viva hoy en el glorioso pueblo del Libertador  Simón Bolívar.

En la actualidad, la estrategia desde Miraflores ha sido acorralar
a los ciudadanos y llevarlos hasta el punto más miserable y humillante posible, mientras los invitan a soportar con estoicismo la austeridad impuesta por la fuerza. Chávez lo definió  como la creación del hombre nuevo.

El canalla no tiene escrúpulos ni piedad, pero una nación con hambre tampoco los tiene por demasiado tiempo. Basta con echarle un ojo a la historia, para mirar ejemplos contundentes del destino que sufrieron quienes han jugado con las necesidades de millones de seres humanos.

Pese a todo, los venezolanos han demostrado altura y paciencia ante la adversidad. Una vez más apuestan por la vía democrática, y los corazones esperanzados han salido a las calles a firmar por lo posible. Aunque todo apunte a que la élite chavista no descansa en su intención de inventar alguna treta para perpetuarse en el poder.

Dice la sabiduría popular que “no hay mal que por bien no venga”. La mayoría de seguidores del chavismo han abierto los ojos gracias la actual crisis. Necesario es depurar al país completamente la materia descompuesta que aún gobierna. Hoy todos tenemos la oportunidad jurídica de hacerlo.

Es momento de tomar el timón, de enderezar el rumbo y de luchar por la conquista de nuestros derechos. Atrás quedaron los días de la indigestión democrática y atrás pueden quedar los estragos de estos últimos años. Para que eso suceda, es justo y necesario, que cuando llegue el momento indicado, vayamos con actitud y voluntad de triunfar, cuando nuevamente se cristalice la oportunidad de salir a votar por una nueva Venezuela, libre de elementos excrementicios y del dolor visceral que ha generado la división política.