• Caracas (Venezuela)

Grant Torres

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Cumaná: la primogénita de América abandonada

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Cuando el hambre, la barbarie y la impunidad se cruzan en un país, casi siempre suelen llevar a los pueblos directamente al camino del estallido social. El “Cumanazo” es la prueba fehaciente de que Venezuela está perdiendo las formas y convirtiéndose en el imperio del caos.

Cumaná es uno de los estados más golpeados por el olvido y el abandono de la mediocridad gubernamental, la primogénita del continente americano está sumergida en la oscuridad, en la anarquía y en la completa ruina. En una tierra en la que sus pobladores no cuentan con oportunidades para desarrollar su potencial, y en la que hay escasez de puestos de trabajo, los pocos establecimientos comerciales que quedaban en pie fueron injustamente saqueados y muchos de sus propietarios sufrieron en sus carnes maltratos y vejaciones.

Hace varias semanas publiqué en este medio un artículo titulado “El camión de la comida”, en el que alertaba de la precaria situación por la que atraviesan los habitantes de la capital del estado Sucre, situación que solo parece importarnos a quienes llevamos en el alma el ideal del porvenir para la ciudad. Somos muchos los que nos sentimos orgullosos de haber nacido en la misma tierra de Antonio José de Sucre, del poeta Andrés Eloy Blanco y de tantos congéneres grandiosos a quienes la historia tendrá reivindicar y rescatar de las paginas amarrillas del libro del olvido.

Tras el “Cumanazo” no solo quedaron destrozadas numerosas vitrinas; destrozados quedaron los sueños de muchos hombres y mujeres que un día decidieron emprender y fomentar el empleo en una localidad maravillosa que ahora se hunde en la desesperanza.

También sufrieron los estragos del salvajismo los ciudadanos asiáticos dueños de pequeños establecimientos, se ensañaron no solo con sus empresas; entraron en sus casas y le arrebataron todo cuanto pudieron, además no conforme con eso, los humillaron y golpearon causando daños irreversibles en esa comunidad.

El odio se ha convertido en una espiral sin salida que sigue alimentando más odio. Son muchas personas en los medios de comunicación y en las redes sociales que aplauden la violencia que se viene generando del pueblo contra pueblo, y la exhiben como si con ello se estuviera produciendo un cambio que brindara una salida a la crisis estructural nacional.

La solución no es salir a destruirse unos con otros, mientras la cabeza de la organización goza de toda la impunidad. Hay que demostrar la superioridad, dando el ejemplo, organizando pacíficamente y unificando para poder canalizar un cambio.

La Venezuela que conocimos hace años ya no volverá, eso es una realidad. Por eso hay que enfocarse en el futuro y en lo que se puede y debe construir. Hay que reformar la Constitución, abrir las puertas de la economía a la inversión internacional, derribar para siempre el control cambiario, reestructurar la seguridad, los sistemas penitenciarios, el sistema educativo y absolutamente todo; pero lo fundamental es cambiar de gobierno.

Más allá del desabastecimiento, el hampa, la inflación y de nuestros representantes políticos, el mayor problema de nuestra nación es el turbado estado de ánimo de la población, el desánimo, la apatía, el rencor y la confusión, es lo que sigue permitiendo que todo siga como está. Ayer fue el “Cumanazo” y las revueltas en distintos puntos de la geografía nacional, pero mañana nadie sabe lo que puede pasar si nuestros hermanos siguen enfrentados en el campo de lucha equivocado que solo ha perpetuado a quienes desde el poder siguen haciendo daño.