• Caracas (Venezuela)

Gonzalo González

Al instante

La unidad necesaria

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Los problemas que confronta Venezuela como país son de tal magnitud que la solución a los mismos no será fácil ni rápida. Ese camino no será lineal ni amplio como el de una autopista, ni estará exento de obstáculos ni complicaciones, más bien puede asimilarse al de una carretera de montaña con un trazado irregular, llena de curvas, pendientes y obstáculos de variado tipo que demandará mucha pericia y habilidad de los conductores que pretendan transitarla y coronar su destino.

El chavismo no tiene el interés ni la capacidad de emprender los cambios y virajes necesarios para superar la crisis por ellos mismos causada. No tiene interés por cuanto los cambios que deben producirse afectarían los intereses políticos y crematísticos de la nomenclatura y la boliburguesía. No están en capacidad tampoco porque son presos de concepciones y visiones demostradamente fracasadas en las sociedades donde se han aplicado. El paradigma de quienes hoy gobiernan son el castrismo y el militarismo, ambas concepciones atrasadas e incapaces de ofrecer como resultado otra cosa que no sea lo que estamos viviendo: despotismo, pobreza, inflación, desabastecimiento e inseguridad.

Frente a este terrible panorama es indiscutible la necesidad de un cambio profundo que tiene como requisito fundamental la salida del poder de quienes hoy lo detenten.

La nación necesita de un nuevo proyecto de país impulsado por todos aquellos partidarios del cambio. Es la oposición democrática unida la fuerza política con el reto de conducir y facilitar todos los esfuerzos necesarios para abrirle camino a la elaboración de ese proyecto y de conquistar el apoyo mayoritario del cuerpo social al mismo.

Lo que está planteado es construir una plataforma unitaria que vaya más allá de una coalición meramente electoral cuya vigencia fenece al momento de conquistar el poder o de obtener la mayoría parlamentaria en los comicios de este año. Se trata de una coalición política dotada de un plan a veinte años basado en un proyecto de gobierno compartido. Solo así será posible enfrentar y asumir con posibilidades de éxito el reto de rescatar al país y enrumbarlo por la senda de la libertad, la justicia, el progreso y la seguridad. Al comienzo de estas reflexiones nos referíamos a las enormes dificultades que va a confrontar cualquier proyecto de cambio en virtud de las enormes y complejas dificultades que vive el país y de los obstáculos e impedimentos que seguramente interpondrán los poderosos intereses a ser desplazados de la conducción del Estado.

Algunos frente a esta perspectiva hablan de la reedición de una suerte de Pacto de Puntofijo y nosotros pensamos en un escenario más trascendente y perdurable que el pacto referido. Ayudaría mucho considerar otras experiencias, en este caso suramericanas, en las cuales naciones hermanas pasaron por situaciones que tienen bastantes similitudes con la de nosotros.

Me refiero a modo de ejemplo a lo ocurrido en Argentina y Chile durante la década de los ochenta del siglo XX cuando ambos países luchaban por superar las dictaduras respectivas y construir democracias fuertes y prósperas. La resistencia democrática entendió que sus posibilidades de triunfo pasaban por  construir coaliciones unitarias. En Chile se conformó La Concertación y en Argentina La Multipartidaria, ambas coaliciones jugaron un papel determinante en la conquista de la libertad, pero a pesar de las semejanzas que compartían tuvieron una diferencia fundamental que explica en parte el diferente derrotero seguido por esos países luego del advenimiento de la democracia.

La Multipartidaria fue concebida como un escenario de corto plazo, su existencia concluía una vez que la dictadura dejara de gobernar y se convocaran las elecciones para elegir el nuevo Ejecutivo y el nuevo Legislativo, lo más  lejos que se llegó en materia de acuerdos en esa instancia era la actuación común gobierno-oposición en caso de que los partidarios de la vuelta a la dictadura pusieran en peligro el sistema. No hubo un plan conjunto para asumir políticas de Estado común ni compromisos de largo plazo. Cada sector político comenzó a actuar autónomamente y de acuerdo con sus intereses particulares, con todo lo que eso supuso para la gobernabilidad del país. Argentina durante los treinta años de democracia ha vivido toda clase de vicisitudes y problemas en materia política, económica y social que le ha impedido aprovechar sus potencialidades de desarrollo institucional, político, económico y social.

En Chile las fuerzas políticas que integraron La Concertación entendieron que el entendimiento debía trascender la salida de la dictadura si se buscaba construir un sistema democrático sólido, una institucionalidad fuerte y una economía eficiente y productiva con capacidad de desarrollar al país y luchar con éxito para reducir la pobreza y la desigualdad social. La Concertación logró elaborar un acuerdo de largo plazo en políticas públicas a ser aplicadas para lograr la gobernabilidad y alcanzar los objetivos antes planteados. Esa visión estratégica es responsable en gran medida de la muy buena situación en la que se encuentra Chile en la actualidad.

En mi criterio la situación venezolana recomienda adoptar un acuerdo unitario más parecido al suscrito por los chilenos que al Pacto de Puntofijo o a los acuerdos de La Multipartidaria en Argentina.