• Caracas (Venezuela)

Gonzalo González

Al instante

La unidad es un asunto estratégico

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La crisis global que vivimos es una sin precedentes (por lo menos desde el gobierno de Cipriano Castro) por su magnitud, amplitud y alcance. Tan grave es el retroceso que experimenta Venezuela como nación que si José Rafael Pocaterra resucitara tendría a su disposición todos los elementos y argumentos para escribir una versión actualizada de su célebre y terrible Memorias de un venezolano de la decadencia. No pecamos de dramatismo o grandilocuencia cuando definimos lo que nos ocurre como una decadencia. Para decirlo con otras palabras, los venezolanos de hoy somos menos libres, menos prósperos, tenemos menos seguridad y cohesión social que cuando el chavismo asumió el poder en 1999 prometiendo subsanar los reales entuertos, debilidades e insuficiencias del régimen puntofijista.

La decadencia y la crisis deben y tienen que ser revertidas, es una necesidad y un reto existencial de la nación venezolana. El logro de tan loable propósito pasa en primer término por desalojar del poder al chavismo gobernante; para ello es indispensable la conjunción de todos aquellos sectores e individualidades conscientes de la necesidad de un cambio democrático. La base, el instrumento primario de esa convergencia nacional de voluntades capaz de crear una nueva mayoría socio-política debe ser  la coalición  congregada en la MUD.

Para que la MUD pueda convertirse en el punto de encuentro de los partidarios del cambio y aprovechar de forma cabal las enormes posibilidades que el fracaso del chavismo le proporciona deben algunos de sus integrantes entender de una vez que la unidad de las fuerzas de cambio democrático tiene que ser asumida como un instrumento estratégico que trasciende lo electoral, que es clave para ganar los próximos comicios parlamentarios, pero también lo es para administrar y potenciar la posible victoria en ciernes. Nada se lograría si al día siguiente de la consecución de la mayoría en la Asamblea nacional los integrantes de  la coalición democrática no actuaran de manera concertada.

Más aún la gravedad de la crisis puede colocar al país ante situaciones muy dramáticas y peligrosas incluso antes y a propósito del proceso electoral que requerirían de la oposición una acción conjunta, firme y decidida para lo cual no está en condiciones por la ausencia de cohesión real entre sus integrantes, por la preeminencia absurda de proyectos particulares cuando la situación exige cerrar filas. Por tanto, es imperativo y clave que las fuerzas políticas democráticas aparquen lo más posible sus diferencias y asuman la unidad como algo necesario y estratégico.

La MUD debe convertirse en un centro dirigente real, fuerte cohesionado, acatado, creíble, representativo y con una visión y un proyecto de largo aliento. De otra manera no podrá conducir por la senda democrática el impostergable cambio que el país necesita y desea, así como tampoco garantizar en caso de ser poder la gobernabilidad necesaria para enrumbar a Venezuela hacia la reconstrucción y la conquista de la libertad, la prosperidad, la seguridad y la justicia social.