• Caracas (Venezuela)

Gonzalo González

Al instante

El relato necesario

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Hugo Chávez entendió, desde el mero comienzo, la importancia de dotar su sedicente proyecto de un relato.

Según su narrativa el proyecto estaba destinado a recuperar la independencia de la nación, a reivindicar las ideas de Bolívar, a defender a los pobres y preteridos de siempre, a ser superador de la pobreza y la injusticia social, constructor de una verdadera democracia que definía como participativa y protagónica así como de un sistema económico verdaderamente productivo que superaría el rentismo petrolero y nos traería una prosperidad nunca vista. En fin, se trataba del compromiso de convertir a Venezuela en el reino de la libertad, la justicia, la inclusión y la prosperidad.

También, desde el principio, denunció que el imperialismo y la derecha nacional e internacional fraguaban y ejecutaban aviesos planes para sabotearlo, derrocarlo e incluso sacarlo de circulación.

Haciendo pivote en el agotamiento del puntofijismo y en los inmensos recursos fiscales proveídos por unos precios del petróleo sin precedentes, su relato tuvo credibilidad en enormes sectores del cuerpo social y parcelas de la progresía mundial siempre dispuestas a darle audiencia y apoyo a cualquiera que enarbole un discurso antimperialista, más aún si cuenta con una generosa chequera.

Los resultados de 17 años de control chavista del poder desmienten a cabalidad el relato. La pavorosa crisis sistémica que experimenta Venezuela es la mejor demostración de la falsedad del cuento de quienes gobiernan.

Es más que evidente que estamos bajo un régimen antinacional, con vocación y acción dictatorial, ineficaz e ineficiente, corrupto e insensible a las necesidades y padecimientos del ciudadano de a pie. Todo ha terminado resultando una colosal y costosa estafa. 

Los sucesores de Chávez –quienes recibieron una herencia envenenada– han persistido en transitar la misma senda y argumentan que los males del país son consecuencia de una tal “guerra económica promovida por el imperialismo y sus aliados internacionales y nacionales”. Los culpables endógenos del desastre van desde la disidencia política, Lorenzo Mendoza o cualquier empresario y hasta usted y yo, sí, mi estimado lector, usted y yo que somos unos derrochadores y consumistas.

El régimen ayuno del antaño respaldo popular, carente de ideas, renuente a la apertura nacional recomendable en situaciones como la actual apela a profundizar la deriva dictatorial y a estimular una resolución violenta y extraconstitucional de la crisis.

Todo lo anterior viene a propósito de registrar que el movimiento democrático ha carecido y carece de un relato, de una narrativa que lo explique y lo justifique históricamente más allá de la muy poderosa razón política para disentir del chavismo con Chávez y sin Chávez.

La construcción del mismo no es sencilla por la pluralidad de fuerzas y pensamientos confluyentes. Pero las dificultades no deben evitar su construcción porque son  más las cosas que unen a la disidencia que lo que las separa.

El relato de las fuerzas democráticas debe comenzar por diagnosticar correctamente el retroceso y el daño al país y sus ciudadanos que ha significado la gestión chavista, así como la pretensión de quienes gobiernan de implantar en Venezuela un régimen cerrado de marcada condición dictatorial y totalitaria. Continuar afirmando que la nación sí tiene posibilidades de salir de esta terrible situación y de construir un futuro mejor para todos. Y de que existe el sujeto político capaz de articular y dirigir ese esfuerzo nacional para reconstruir el país y enrumbarlo por la senda de la libertad, el progreso, la inclusión y la seguridad.

Para que ese discurso de esperanza sea creíble, las fuerzas democráticas tienen la obligación de consolidar la unidad, de convertir la misma en algo que vaya más allá de acuerdos electorales, y se comprometa con un proyecto de país contenedor de las aspiraciones y deseos del cuerpo social.