• Caracas (Venezuela)

Gonzalo González

Al instante

Los escoltas

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Los actuales gobernantes – y pretenden serlo para siempre– estaban en el grupo de quienes criticaban el supuesto uso excesivo de funcionarios de seguridad del Estado en labores de custodia de personalidades en tiempos del punto fijismo.

En el particular al igual que en otros temas la distancia entre las palabras y los objetivos proclamados es sideral. Distancia nunca conocida, por lo menos, en la historia moderna del país. La mentira, el doble discurso y la opacidad como política de Estado.

La anterior afirmación la traemos a colación debido al enorme despliegue de personas armadas dedicadas a custodiar funcionarios del Estado cada vez en mayor cuantía en las calles y avenidas de la ciudad de Caracas, quizá en la capital se nota más la situación por ser el asiento de los Poderes nacionales, pero según informaciones recabadas, por el autor del artículo, en las principales ciudades del interior se repite la situación referida.

En las calles de Caracas son cada vez más visibles hombres jóvenes vestidos con ropa casual de buena calidad portando bolsos Victorinox (en los cuales va una pistola de alta potencia) o la llevan adosada al cinturón junto a una radio y un smartphone a bordo de caballitos de acero sin placas y casi siempre de la misma marca, además conducen con total desprecio de las normas de tránsito aportando su granito de arena al caos en la ciudad. Por cierto, debo recordar al respecto la decisión tomada por el difunto Chávez vía el Minpopo del caso de prohibir la circulación de vehículos oficiales sin placas ni identificación a raíz de unos lamentables sucesos ocurridos en los alrededores de la parroquia Caricuao del Distrito Capital.

La verdad es que uno no sabe a ciencia cierta si son militares vestidos de civil o policías o miembros de algún cuerpo de inteligencia oficial o miembros de los colectivos armados. En todo caso su labor es custodiar a algún chivo del régimen. No hay jerarca rojo rojito de cualquier nivel que no tenga su escolta, en algunos modesta y en otros absolutamente desproporcionada como la de uno que desconozco su nombre y que vive en una urbanización del este capitalino y cuya escolta consiste en 16 personas a bordo de 4 SUV último modelo y de dos motos.

Es evidente que estamos en presencia de un aparato de seguridad inmenso y desproporcionado sufragado con recursos públicos para cuidar a miembros de la nomenclatura y no para proteger a la ciudadanía de los cada vez mayores embates del hampa, la cual como todos sabemos y padecemos es quién domina la calle.

La existencia de un aparato de seguridad para la custodia de altos personero del Estado debe existir, pero lo criticable y censurable de lo que estamos es su sobre dimensionamiento en recursos humanos y materiales dedicados a esa labor así como la amplitud de su cobertura a funcionarios a quienes no les corresponde tal servicio cuando tenemos enfrente a una ciudadanía a merced de la delincuencia y  cuando según cifras oficiales hay un enorme déficit de personal de seguridad en el país.