• Caracas (Venezuela)

Gonzalo González

Al instante

La campaña electoral opositora

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Contra el pronóstico de algunos y las indisimuladas ganas de la cúpula gobernante de evitarlas o posponerlas, todo indica que el 6 de diciembre votaremos para renovar la composición de la Asamblea Nacional.

Estos comicios se realizarán en el contexto de una crisis nacional sin precedentes en la Venezuela moderna, quizá haya que remontarse a principios del siglo XX para encontrar alguna de similar calado. La misma es consecuencia de la intención –no del todo lograda, pero sí bastante avanzada– de imponerle al país un proyecto históricamente fracasado, mezcla de estalinismo tropical con militarismo y populismo. El chavismo creó la crisis y la ha gestionado peor por su incapacidad para rectificar y hacer las reformas necesarias.

En Venezuela la necesidad y el deseo de un cambio político capaz de superar la crisis y enrumbar a la nación por otros derroteros se ha convertido en ampliamente mayoritario. Ese deseo es transversal por cuanto trasciende por mucho al mundo opositor. Es realmente un anhelo nacional.

El espacio político configurado en torno a la MUD es el mejor dotado para conducir y materializar el cambio en el sentido de lograr un país libre, próspero, inclusivo y seguro. Una victoria opositora concretada en mayoría de votos y de escaños en la AN puede ser el detonante del cambio.

La campaña electoral que formalmente comenzará en octubre es clave para transformar las posibilidades de un amplio triunfo opositor en un hecho. Debe ser asumida por las fuerzas del cambio como una gesta épica, porque en realidad lo es, por la magnitud y trascendencia de lo que se está jugando la sociedad venezolana y por los obstáculos levantados por el oficialismo para evitar que la voluntad ciudadana se exprese libremente. No es una confrontación más y por tanto no debe ser asumida como si lo fuese.

Tiene la misma un carácter nacional por cuanto se va elegir un poder nacional, ciertamente desde los estados y los circuitos, lo cual añade matices regionales al asunto, pero el criterio dominante es lo nacional. La crisis su magnitud, grado y alcance la nacionalizan más.

Partiendo de estas premisas creo que el discurso de la campaña debe concentrarse en la necesidad del cambio, en la posibilidad de lograr un futuro mejor, en la censura al gobierno y a su servil mayoría en la AN como responsables de los principales problemas que aquejan al común: la escasez, la inflación y la inseguridad ciudadana.

Otro asunto importante es desmontar la maniobra en progreso de confundir a los electores colocando en el tarjetón tarjetas con la consigna Unidad, urdida por el oficialismo y convalidada por el obsecuente CNE. En ese sentido es importantísimo difundir profusamente la tarjeta de la MUD por diversas vías y modalidades, para lo cual se requiere de una amplia movilización de los partidarios del cambio más allá de las fronteras partidistas.

La unidad de las fuerzas democráticas en torno a la MUD debe y tiene que mantenerse porque es indispensable contar para los tiempos que vienen con un centro dirigente fuerte y cohesionado, con vocación de poder y capacidad de gestión.