• Caracas (Venezuela)

Gonzalo González

Al instante

La ausencia de política es la política

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“La cultura paramilitar se ha ido extendiendo por diversas partes del país”, declaró un connotado dirigente chavista a propósito de los sucesos en la Cota 905 según el diario Últimas Noticias en su edición del miércoles 15 de julio del presente año.

Como el oficialismo ya no puede esconder el tema de la inseguridad busca desmarcarse de la responsabilidad del mismo con sucesivas cortinas de humo: el capitalismo, la pobreza, los paramilitares, la conjura del imperialismo y la oposición. A eso obedece esa singular afirmación de un experto en asuntos policiales del régimen.

Lo cierto es el fracaso estruendoso y continuado  del oficialismo en la materia por diversas razones, viejas y nuevas, heredadas y de cosecha propia.

 En toda esta situación hay un hecho relevante: el chavismo no ha tenido nunca una política de seguridad ciudadana. Y no la ha tenido por cuanto ha considerado beneficioso para sus intereses de control y dominación de la sociedad no tener ninguna. Los no sé cuántos planes de seguridad no han sido más que operativos pero no políticas integrales y coordinadas para vencer al hampa.

Su política es no tener política. No se trata de un juego de palabras sino de una realidad terrible y tenebrosa, producto de la decisión de convertir al hampa en parte de la base socio-política de la sedicente Revolución. Decisión tomada por el autócrata, barrunto, que antes de acceder al poder y compartida o asumida por su entorno. Demasiados hechos, evidencias y pruebas lo demuestran.

El declarante omite conscientemente que el chavismo con el argumento de defender la revolución, promovió, organizo, reconoció,  legítimo y abasteció de armamento a organizaciones no estatales, en no pocos de los mismos anida la delincuencia. Estas organizaciones –conocidas como colectivos– no son otra cosa que grupos paramilitares. Cuando el vocero de marras habla de paramilitares busca que la opinión pública piense en los tristemente célebres paramilitares colombianos. Se persigue instalar la idea de que el auge del hampa es producto de una conspiración colombiana y no de una política del oficialismo de crear unas fuerzas armadas paralelas.