• Caracas (Venezuela)

Gonzalo González

Al instante

Revocatorio y presión democrática

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Las cartas están echadas, el proceso para activar el referéndum revocatorio se ha iniciado al calor de una movilización ciudadana superadora de las mejores expectativas.

Resulta gratificante y esperanzador que al fin las principales fuerzas democráticas se hayan decantado en la práctica por el revocatorio. Las vacilaciones y la desdichada “Ruta de las cuatro vías” han cedido a la sensatez y a la presión para asumir en serio el asunto del poder; se ha perdido un  tiempo precioso que ojalá no termine por impedir el referéndum este año.

La resucitada dirección opositora dio muestras en estos días de lucidez, eficacia y autoridad para reconvertir la movilización al CNE, para solicitar las planillas, en el exitoso firmazo del miércoles 27/4, acción que descolocó al oficialismo y a los idolatras de la calle como política y panacea de la lucha, quienes no entienden que las movilizaciones son un medio y no un fin en sí mismo y, además, como toda forma de lucha debe usarse cuando convenga y se corresponda con los objetivos perseguidos.

En todo esto la actitud y la acción de Henrique Capriles, Primero Justicia y Un Nuevo Tiempo fue decisiva para que la MUD superara el marasmo en el cual se encontraba; también lo fue la intensa presión ciudadana y de diversas organizaciones de la sociedad civil y de personalidades de variados ámbitos de la sociedad.

El proceso en progreso no discurrirá de manera fácil, todo lo contrario, estará lleno de dificultades y obstáculos provenientes del régimen y de su ministerio de elecciones, que utilizará todos los recursos a su alcance –legítimos e ilegítimos, como corresponde a su condición no democrática– para impedir al pueblo expresar mediante el sufragio libre su deseo de eyectar a Maduro y su claque del poder.

El chavismo busca afanosamente conducir la confrontación por vías no democráticas ni pacíficas, creyendo que esa es la fórmula para imponer el continuismo. Es la razón –junto con las gríngolas ideológicas– por la cual no se gestiona correctamente la crisis, no se hacen los cambios necesarios ni se convoca a una concertación sincera.

Intentarán impedir la realización del revocatorio o realizarlo el año que viene para no perderlo o, en el peor de los casos, sustituir a Maduro por otro miembro de la nomenclatura. Ya hay –como en todo sistema político no democrático en peligro– movimientos palaciegos que, enarbolando la preservación del legado de Chávez, buscan impedir el cambio de régimen.

Ante este panorama el movimiento democrático está en la obligación de honrar el desafío histórico de conducir al país por la ruta del cambio y usar la presión popular y democrática de manera inteligente para vencer y sortear todas las maniobras y obstáculos para impedir la solución constitucional de la crisis política mediante el referéndum revocatorio.