• Caracas (Venezuela)

Gonzalo González

Al instante

Revocatorio y elecciones regionales

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Saludamos la decisión de los principales partidos democráticos de reconstituir la dirección política unitaria,  la misma que condujo a la resonante victoria del 6 de diciembre, y que nunca debió ser desmantelada por cuanto la existencia de un centro de dirección unitario y cohesionado es vital para conquistar el cambio demandado por la terrible situación del país, que no hará más que empeorar si este gobierno continúa.

Sin embargo, pareciera que las fuerzas democráticas no terminan de ponerse de acuerdo en torno a la vía constitucional para producir el relevo anticipado de Maduro y su gobierno. Paso inicial para iniciar el desmontaje del poder chavista y  comenzar la reconstrucción del país. Unos hablan de la Enmienda, otros de la Renuncia, otros del Revocatorio cuando el país espera una orientación clara y definida al respecto. Para complicar el asunto, en el calendario institucional está prevista para diciembre la elección de gobernadores y legisladores regionales. Cita a la cual la alternativa democrática no puede ni debe rehuir por diversas razones.

Afrontar ambos compromisos no es una tarea sencilla, requiere de un esfuerzo unitario de conducción, organización, logística, activismo político y social superior al realizado para los comicios del 6 de diciembre pasado. No olvidemos que régimen – fiel a su condición no democrática y tramposa – utilizará todos los recursos a su alcance para evitar un pronunciamiento popular.

Las fuerzas del cambio no tienen otra alternativa que asumir la situación sin titubeos ni ambages, no pueden incumplir su cita con la historia y su responsabilidad con Venezuela.  Y esa responsabilidad es conducir y liderar el proceso para salir del gobierno Maduro por la vía democrática lo antes posible.

En definitiva, a la oposición democrática lo que le sale es asumir el revocatorio sin ambages y combinarlo con el proceso electoral regional en una especie de movimiento de pinzas que le ofrezca a los venezolanos la  posibilidad de salir del gobierno Maduro y de hacerse con la mayoría de las gobernaciones de estado y parlamentos regionales para con más poder institucional impulsar los cambios necesarios para superar la crisis, reconstruir el país y abrir el camino hacia una Venezuela libre, próspera, justa y segura para todos.

No puedo dejar de referirme a lo ocurrido en Brasil el domingo; en unas notas anteriores me referí a las tribulaciones por las cuales pasa la izquierda suramericana en el poder como consecuencia de la corrupción política. En situaciones como esta no se puede actuar con doble rasero, ni doble moral. Mucho menos incurrir en una suerte Disonancia Cognitiva, trastorno mediante el cual las cosas son justificables si la hacen los míos y condenable si la practican otros. La dictadura castrista es buena o al menos un mal menor y un costo inevitable y la de Pinochet de entrada condenable. O condenar a Collor de Melo por corrupto y no hacerlo con Dilma por ser de izquierda y alegar que es víctima de una conjura y un golpe de Estado.

La corrupción política es cuestionable y condenable no importa quién la practique. Sus costos y perjuicios para las sociedades son enormes, particularmente para los pobres y desamparados. Los venezolanos tenemos un PHD como víctimas del flagelo y parte de nuestras penurias actuales son consecuencias de la misma.