• Caracas (Venezuela)

Gonzalo González

Al instante

Intensificar la presión democrática

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El régimen está decidido a impedir que el pueblo hable y decida. No les importa, para nada, el costo a pagar por la sociedad en términos de pobreza, hambre,  libertad e inseguridad. El continuismo a cualquier precio es su objetivo principal y único.

Quienes se refugiaban en la realización de procesos electorales – no importa la calidad de los mismos – para demostrar su condición democrática hoy huyen de las elecciones como si de la peste se tratara. Han convertido al Poder Electoral en un órgano destinado a impedir que el pueblo hable y decida en abierta contradicción con las competencias que la Constitución le prescribe al Consejo Nacional Electoral (CNE).

El PSUV tiene el derecho de oponerse y trabajar para que el referéndum revocatorio no se realice. En ese sentido puede argumentar su inconveniencia, puede vigilar que se cumplan todas las reglas y requisitos previstos en la Constitución para su activación y todas las que pueda dentro del marco legal.  A lo que no tiene derecho es a utilizar y alinear al CNE a favor de sus intereses, a sabotear el proceso mediante la utilización del aparato del Estado y a otras conductas abiertamente antidemocráticas e ilegales como el chantaje, la intimidación y la represión para impedir el ejercicio de un derecho constitucional. La cobarde y nada espontánea agresión a Julio Borges – a quién hacemos llegar nuestra solidaridad – es una evidencia clara de lo que afirmamos arriba.

Solo una presión decidida y formidable de carácter nacional e internacional puede dar al traste la intención del oficialismo de impedir cualquier consulta electoral como fórmula para sustituir al actual gobierno, verdadero nudo gordiano que impide adoptar las decisiones correctas para gestionar la crisis y superarla.

La realización del revocatorio es la única garantía a mano para que Venezuela no termine de precipitarse en los abismos del caos y la anomia, cuyas manifestaciones no hacen sino escalar.

Hay que recobrar el espíritu épico de los días anteriores al 6 de diciembre de 2015, el de un país decidido a imponer su voluntad de cambio por encima de la intención bastarda del oficialismo, de sus maniobras, presiones y demás conductas y acciones antidemocráticas, ilegales e ilegítimas.

Es clave diversificar las formas de presión, unir en el discurso y la acción el hambre, la escasez, la inflación,  y el referéndum. También argumentar que estamos en presencia de una escalada dictatorial, frente a un gobierno decidido a imponer su voluntad y sus objetivos a cualquier precio, que Venezuela ya abandonó en la práctica los residuos de democracia que se mantenían.

Es necesario estimular y producir una cadena de pronunciamientos de los diversos sectores que componen la sociedad civil a favor del cambio vía Revocatorio. Así como organizar actos y asambleas de todo tipo y en todos los lugares del país donde se pueda para elevar la presión y calentar el ambiente y mostrar el amplio descontento nacional.

En el campo internacional, el cual se ha venido interesando por lo que sucede en Venezuela, es importante construir un discurso sustentado en la numerosísimas evidencias disponibles que demuestran la deriva antidemocrática y dictatorial del régimen. Argumentar que la continuidad del régimen chavista conlleva muchos riesgos para la comunidad internacional, particularmente la hemisférica por el creciente fortalecimiento del crimen organizado por acción u omisión del Estado venezolano y por las consecuencias nefastas que tendría en la región la catástrofe humanitaria en progreso.