• Caracas (Venezuela)

Gonzalo González

Al instante

Gobernabilidad en riesgo

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La gobernabilidad está muy deteriorada como consecuencia de la crisis global que padecemos y por la deficiente gobernanza del chavismo. La crisis según todos los pronósticos, informaciones, evidencias y señales se agravará en magnitud y profundidad.

En este contexto el gobierno ha recibido una dura derrota en las elecciones parlamentarias, que lo ha despojado del control de la Asamblea nacional. El cuadro político ha sufrido una notable transformación, hay una nueva mayoría política.

Los ciudadanos se pronunciaron contundentemente contra el gobierno y sus políticas – vista la situación no podía esperarse otro resultado – y le dieron a la MUD el mandato de conducir el cambio necesario.

Es la hora del diálogo y la concertación nacional para afrontar y resolver la crisis; así lo han entendido y comunicado los vencedores. Esa debería ser la actitud del gobierno, quién tiene la principal responsabilidad en este asunto. Así actuarían unos estadistas y unos políticos con sensibilidad humana y social. Y no como lo hicieron en el 2014 cuando frustraron la posibilidad de un entendimiento nacional.

La dirección chavista – fiel a su vocación dictatorial y con  gran ceguera política – decidió apostar por el enfrentamiento  a fondo contra la nueva mayoría y el nuevo Parlamento saltándose la legalidad y las formas democráticas e institucionales. Adentrándose sin tapujos en el golpismo, creando condiciones para un Pucherazo. Golpismo, sí, no de otra forma pueden calificarse el discurso oficial y las acciones destinadas a desconocer la Soberanía Popular emprendidas por el régimen a partir del 7 de diciembre.

Está ocurriendo algo insólito, desde el propio Gobierno se impulsa y organiza el desconocimiento y el choque con el nuevo parlamento (legal y legítimamente elegido).  Si este propósito se concreta, la crisis política tendría como consecuencia un agravamiento terrible de la situación nacional y pondría en serio peligro la gobernabilidad. No olvidemos que en Venezuela actúan poderosas factores propicios al caos y la anomia. La vigencia y acción de esos factores ha sido facilitada por  acción u omisión del régimen.

La función de un gobierno no es subvertir el orden, ni propiciar la trasgresión de la legalidad, tampoco llamar a la rebelión mucho menos acabar con la gobernabilidad. Su función es precisamente la contraria, por eso es el juramento de “cumplir y hacer cumplir la ley”.

Si el chavismo decide continuar por esa senda solo podrá tener éxito declarando abiertamente la Dictadura y actuar en consecuencia por cuanto el país no lo va aceptar pasivamente. Sería, en todo caso, una victoria pírrica y efímera. Pírrica porque echaría al basurero de la historia su ya precaria legitimidad democrática y terminaría siendo conocido como un movimiento político reaccionario; efímera porque el enorme rechazo nacional e internacional al golpe y las presiones para derrocarlo serían irresistibles. Cómo le ocurrió a Fujimori en Perú.

El chavismo debe por el bien de Venezuela y por el suyo propio desistir del camino emprendido desde el 7-D y actuar dentro de la Constitución. La conducta del sandinismo en 1990 es un buen espejo para reflejarse y un ejemplo a seguir.

La oposición democrática tiene que mantenerse unida, firme y en actitud responsable para con la nación y sus intereses, le conviene arbitrar mecanismos eficaces y compartidos para resolver sus diferencias. También consolidar su condición de fuerza alternativa de cambio al status quo.