• Caracas (Venezuela)

Gonzalo González

Al instante

Enseriar la Unidad

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La “tormenta perfecta” que asola a Venezuela continúa su decurso demoledor. Las perspectivas no son de que amaine o cese, sino todo lo contrario, de que se profundice a extremos nunca conocidos por estos lares.

Los responsables de la misma – por todos conocidos– , lejos de corregir el rumbo, insisten en transitarlo. Para algunos de ellos lo conducente es radicalizar el modelo y mantener a toda costa y costo sus afanes continuistas.   

La última de sus geniales jugadas, es concederle al general Padrino y por ende a la corporación castrense más poderes de los que ya disfrutan; como si la invasión de militares a la Administración Pública hubiese redundado en beneficios para el país. Una cosa es contribuir al desarrollo y bienestar de la Nación y otra muy distinta copar el aparato del Estado bajo la premisa – demostradamente falsa – de que los militares, por definición, están más y mejor capacitados que los civiles.

Mucho se ha especulado sobre la concesión de tan amplios poderes al citado General. Lo real y objetivo es que las competencias otorgadas trascienden la tarea que supuestamente debe cumplir el señor Padrino y lo convierten en un cuasi presidente. Algunos jodedores rememoran lo que se decía del hombre de la Mulera y sus presidentes de paja: “El presidente vive aquí, el que manda allá”.

La nomenclatura gobernante agotado su proyecto y carente tanto de ideas como del antaño apoyo popular de que disfrutó y de recursos para alimentar el clientelismo se refugia como “última ratio” en el poder de las bayonetas.  Esto no debe extrañarnos porque los principales abrevaderos del ideario chavista son el militarismo y el castrismo cubano.

Más militarismo es menos democracia. Asistimos quizás a la última etapa del proceso para demoler, desde adentro, la democracia, iniciado en 1999 con el ascenso al poder de Hugo Chávez y que se aceleró en diciembre del año 2015 con la actitud del régimen ante los resultados de los comicios parlamentarios: reconocieron a regañadientes la derrota pero no aceptaron las consecuencias políticas, jurídicas e institucionales del resultado.

Si a la conversión del ministro de la Defensa en cuasi presidente le sigue el bloqueo ilegal e ilegitimo del referéndum revocatorio este año, la no realización de las elecciones regionales y Maduro no renuncia. Dictadura habemus.

En este cuadro tan complejo y lleno de riesgos las fuerzas democráticas tienen que cumplir su rol histórico de alternativa de cambio.  Asumir con más seriedad el tema de  la unidad, dejar de  lado los “egos revueltos” y las miradas cortoplacista. Entender que los tiempos y requerimientos de la sociedad venezolana demandan un proyecto nuevo, una alternativa unitaria de naturaleza estratégica, con una visión de largo aliento destinada a reconstruir Venezuela y generar las bases para  edificar un país libre, próspero, justo y seguro.

Esto lo escribo y demando como ciudadano por cuanto es fácil observar que la MUD, como coalición, no vive sus mejores momentos. Ha retrocedido en términos de cohesión, de unidad de mando y de acción lo cual es fatal para articular y aprovechar el colosal descontento existente contra el régimen.

La incapacidad para generar una mayor presión social a favor del referéndum revocatorio y lo acontecido en relación al diálogo abonan a favor de lo que digo.  Ésta situación debe y tiene que cesar, lo que nos jugamos es demasiado.