• Caracas (Venezuela)

Gonzalo González

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Gonzalo González

Compromiso histórico

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No incurro en una desproporción o exageración cuando califico de Compromiso Histórico la obligación que tiene el movimiento democrático y sobre todo su dirigencia de hacer todo lo que está en sus manos para obtener una contundente victoria en los comicios para renovar la Asamblea Nacional este año. Un paso decisivo para producir el cambio necesario y deseado por la mayoría determinante del cuerpo social.

El fracaso estrepitoso del proyecto chavista en convertir a Venezuela en un país más libre, más próspero, más justo y más seguro, como lo demuestra la crisis global en progreso que padecemos, ha traído como consecuencia un deterioro de la popularidad y apoyo al régimen, sin precedentes en la década y media de gobierno chavista. Hoy están dadas todas las condiciones objetivas para infligirle al oficialismo una derrota electoral y política que abriría las puertas a un nuevo y auspicioso cuadro político en la nación.

No obstante las condiciones objetivas favorables para la oposición democrática, el mandado no está hecho, hay un conjunto de dificultades a vencer por cuanto el oficialismo va evitar por todos los medios –legítimos e ilegítimos a su alcance– una posible derrota, que sabe estratégica, para la continuidad de su proyecto de perpetuarse en el poder. Por tanto, va echar el resto, con todo lo que eso supone.

Ventajismo institucional, la siembra del miedo con la amenaza de violencia y o la pérdida de las conquistas sociales alcanzadas por los más pobres –muchas son más  propaganda que realidad, pero otras sí lo son o un porcentaje respetable de la población así lo cree–. La actuación de oportunistas y mercaderes de la política de viejo y nuevo cuño que en abyecta conchupancia con el oficialismo y financiados generosamente por el mismo buscarán presentándose como una falsa tercera vía rebanar votos para impedir una mayoría opositora. A todo esto hay que sumarle el constante estímulo a la abstención de un sector opositor con el mismo fin. Esas y otras acciones conforman el arsenal a disposición del régimen para impedir una derrota.

La principal limitación opositora para alcanzar la victoria amplia que las condiciones de deterioro del gobierno posibilitan es su incapacidad hasta los momentos de presentar un verdadero frente unido, sin fisuras y creíble como en 2010. Frente que incluya un proyecto compartido, un programa común, una estrategia similar así como una dirección fuerte y cohesionada. No basta para enfrentar con éxito al régimen una simple coalición electoral aunque es un avance vista la situación actual. Para materializar el triunfo posible y encarar con éxito los desafíos del nuevo cuadro político es vital que el país observe que en la acera contraria al oficialismo existe una alternativa real de cambio. Las consecuencias de no superar pronto esa limitación serán nefastas para la sociedad por cuanto supondrán una victoria para el régimen y un paso más, quizás definitivo, hacia la consolidación del proyecto de dominación de corte castro-militarista que ahondará la crisis global que padecemos.

Confío en que la dirigencia democrática pueda al final superar los demonios de la división y estar a la altura del compromiso histórico de dirigir y protagonizar el cambio al que aspiramos la mayoría de los venezolanos.