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El salvavidas ucraniano de Europa

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Las elecciones al Parlamento Europeo y las elecciones presidenciales de Ucrania celebradas el pasado fin de semana produjeron resultados totalmente opuestos. Los votantes de Europa expresaron su insatisfacción por la forma como funciona actualmente la Unión Europea, mientras que el pueblo de Ucrania demostró su deseo de asociación con la UE. Los dirigentes y los ciudadanos europeos deberían aprovechar esta oportunidad para examinar su significado... y ver que la ayuda a Ucrania puede ayudar también a Europa.

La UE fue concebida originalmente como una asociación cada vez más estrecha de Estados soberanos deseosos de mancomunar una parte cada vez mayor de su soberanía en pro del bien común. Fue un experimento audaz en materia de gobernación internacional y Estado de Derecho, encaminado a sustituir el nacionalismo y el uso de la fuerza.

Lamentablemente, la crisis del euro ha transformado a la UE en algo radicalmente distinto: una relación de países acreedores y deudores en la que los primeros imponen condiciones que perpetúan su predominio. En vista de la baja participación en las elecciones al Parlamento Europeo y si sumáramos el apoyo del primer ministro de Italia, Matteo Renzi, al voto anti-UE de izquierda y de derecha, podríamos afirmar que la mayoría de los ciudadanos se oponen a las condiciones actuales.

Entretanto, justo cuando flaquea el audaz experimento de Europa en materia de gobernación internacional, Rusia está perfilándose como un rival peligroso de la UE, un rival que tiene ambiciones geopolíticas mundiales y está dispuesto a hacer uso de la fuerza. Putin está aprovechando una ideología nacional étnica para fortalecer su régimen. De hecho, el mes pasado en el programa ruso de radio Línea Directa ensalzó las virtudes genéticas del pueblo ruso. La anexión de Crimea le ha dado popularidad en su país y su empeño por debilitar el predominio mundial de Estados Unidos, en parte procurando una alianza con China, ha resonado favorablemente en el resto del mundo.

Pero el interés propio del régimen de Putin está reñido con los intereses estratégicos de Rusia; esta se beneficiaría más de una cooperación más estrecha con la UE y Estados Unidos, mientras que recurrir a la represión en Rusia y Ucrania es claramente contraproducente. Pese al elevado precio del petróleo, la economía rusa está debilitándose por la huida de capitales y talentos. La utilización de la violencia en la plaza Maidan de Kiev ha propiciado el nacimiento de una nueva Ucrania decidida a no formar parte de un nuevo imperio ruso.

El éxito de la nueva Ucrania constituiría una amenaza existencial para el gobierno de Putin en Rusia. Esa es la razón por la que se ha empeñado tanto en desestabilizar Ucrania fomentando las autodeclaradas repúblicas separatistas de la Ucrania oriental.

Con la movilización de las protestas contra los separatistas por parte del mayor empleador de la región de Donbas, el plan de Putin puede no dar resultado, por lo que ahora es probable que acepte los resultados de las elecciones presidenciales, con lo que se librará de sanciones suplementarias, pero es probable que Rusia busque otras vías para desestabilizar la nueva Ucrania, cosa que no ha de ser demasiado difícil, en vista de que las fuerzas de seguridad, después de haber servido al régimen corrupto del expresidente Viktor Yanukóvich, están desmoralizadas y no necesariamente son leales a los nuevos dirigentes del país.

Todo ello ha sucedido muy rápida y recientemente. Tanto la UE como Estados Unidos están demasiado ocupados con sus problemas internos y siguen sin ser demasiado conscientes de la amenaza geopolítica e ideológica que representa la Rusia de Putin. ¿Cómo deberían reaccionar?

La primera tarea es la de contrarrestar los intentos por parte de Rusia de desestabilizar Ucrania. Como el “pacto fiscal” y otras normas limitan las posibilidades de asistencia gubernamental, es necesario un pensamiento innovador. La medida más eficaz sería la de ofrecer seguros gratuitos contra los riesgos políticos a quienes inviertan en Ucrania o hagan negocios con ella. Así se mantendría en marcha la economía, pese a la agitación política, y se indicaría a los ucranianos que la UE y Estados Unidos –tanto sus gobiernos como sus inversores privados– están comprometidos con ellos. Si se les compensaran plenamente las pérdidas causadas por los sucesos políticos ajenos a su responsabilidad, las empresas acudirían en tropel a un nuevo y prometedor mercado abierto.

Los seguros contra los riesgos políticos pueden parecer demasiado complejos para aplicarlos rápidamente. En realidad, esos seguros ya existen. Aseguradores y reaseguradores privados como Euler Hermes de Alemania llevan años ofreciéndolos, además de instituciones internacionales como el Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones del Banco Mundial y la Corporación de Inversiones Privadas en el Extranjero del gobierno de Estados Unidos. Sin embargo, tienen que cobrar primas importantes para cubrir el costo de los reaseguros.

Ante unas primas elevadas, la mayoría de las empresas se limitarían a esperar al margen hasta que pasara la tormenta. Esa es la razón por la que los gobiernos interesados deben hacerse cargo de la función de reaseguro y utilizar sus organismos solo para administrar las pólizas de seguros.

Podrían garantizar las pérdidas del mismo modo que financian al Banco Mundial: cada gobierno haría una modesta aportación de capital prorrateada y comprometería el resto en forma de capital exigible, que estaría disponible en caso de que se pagaran pérdidas y cuando así fuera efectivamente. La UE tendría que modificar el pacto fiscal para eximir el capital exigible y permitir que se amortizaran las pérdidas efectivas a lo largo de un número determinado de años. Las garantías de esa clase tienen una característica peculiar: cuanto más convincentes son, menos probable es que se invoquen; es probable que el reaseguro resulte muy económico. El Banco Mundial es un ejemplo patente de ello.

Actuando pronta y convincentemente, la UE podría salvar a Ucrania... y a sí misma. Lo que propongo para Ucrania podría aplicarse también a escala nacional. Mientras haya tantos recursos productivos desaprovechados, tendría sentido eximir del pacto fiscal las inversiones que con el tiempo se financiaran por sí solas. Renzi, por ejemplo, está propugnando precisamente esa medida.

Putin se propone convertir Crimea en un escaparate prodigándole 50.000 millones de euros en los próximos años. Con el apoyo de Europa, Ucrania podría superarla y, si esa iniciativa indicara el comienzo de una política de crecimiento que tan apremiantemente necesita Europa, esta, al salvar a Ucrania, se salvaría a sí misma.

*Presidente del Soros Fund Management y autor La tragedia de la Unión Europea.

Copyright: Project Syndicate, 2014.