• Caracas (Venezuela)

Gabriel Sánchez Zinny

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Más empresas fomentan la mejora educativa en Colombia y Perú

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Para todos los que trabajan en el sector educativo y para los que creen en el capital humano como el motor más importante del desarrollo, fue esperanzador escuchar el discurso de posesión de Juan Manuel Santos el pasado 7 de agosto. El presidente presentó la educación, junto con la paz y la equidad, como uno de sus tres pilares para su segundo mandato y postuló una meta que suena bastante ambiciosa: que Colombia sea el país más educado de América Latina en 2025.

El presidente Santos profundizó en lo que esto significa: atención a la primera infancia, docentes de primer nivel motivados por su labor y el interesante concepto de retener los talentos colombianos mientras atraemos a los demás de la región a trabajar en Colombia. La gran pregunta, que está hoy en debate en todos los países del mundo, organismos multilaterales, y en particular en los objetivos y definiciones que está haciendo Naciones Unidas para los objetivos pos-2015 es ¿cómo lograrlo?, ¿cuáles son las políticas concretas para lograr buenos resultados en la mejora de la calidad educativa?, ¿cómo involucrar a toda la sociedad para que se enfoque en estos desafíos? y en particular, ¿qué puede hacer empresas y corporaciones?

El sector privado se debe involucrar para aportar al mejoramiento de la calidad global del sistema porque, al igual que en la mayoría de sectores productivos, son las empresas las que, motivadas por la competencia, promueven la innovación y desarrollos que tienen un mayor impacto sobre los indicadores relevantes: las tasas de deserción, los puntajes en pruebas estandarizadas o la pertinencia de los planes de estudio y los currículos de cada población beneficiaria. ¿Quién más interesado que una institución privada en hacer más interesantes sus currículos para que sus estudiantes no abandonen?

En este sentido vale la pena estudiar el caso de uno de nuestros vecinos, Perú. Allí, aunque sus desafíos educativos son tan importantes o mayores que los de Colombia, el sector privado ha jugado un papel decisivo para involucrarse en la definición de la política pública educativa mediante la financiación e implementación de proyectos que favorezcan a la población que se está quedando fuera del sistema tradicional.

Ejemplos como el del fondo educativo del grupo El Comercio, que construyó y adecuó escuelas técnicas con base tecnológica y metodología blended learning para beneficiar a decenas de miles de estudiantes, o el de las escuelas Innova que usa la misma metodología para potenciar los aprendizajes de niños y jóvenes en edad escolar en más de 20 sedes en todo el país, muestran que se puede tener muy buenos resultados si se usa la capacidad ejecutora asociada al capital particular y se combina con seguimiento y metas de calidad compartidas con las entidades públicas. El sector universitario con las inversiones del Fondo Laureate y la formación técnica profesional con los colegios Proeduca son otros interesantes ejemplos.

Asimismo, al involucrar al sector privado dentro del ecosistema de innovación, aparece una ventaja adicional y es que las grandes corporaciones deciden enfocar sus recursos de asuntos comunitarios en fortalecer la educación de las comunidades que los rodean. Es el caso de Pluspetrol, que construyó colegios para las comunidades vecinas a sus bases petroleras y recientemente inició un proyecto para dar bachillerato acelerado a las comunidades indígenas que rodean sus campamentos. También es el caso de Empresarios por la Educación en Perú que ha beneficiado a millones de estudiantes en programas de gestión escolar y uso de TIC en educación.

El desafío más grande estará en el de combinar lo que las empresas saben hacer muy bien, como competir en el mercado y usar tecnología para la mejora educativa, con una particularidad de la enseñanza que no tienen otros sectores: el papel del docente como figura decisiva en el desempeño de los estudiantes. Este intangible que representa la inspiración de sus alumnos, la motivación a querer ir cada día a estudiar y completar las actividades es algo que es más difícil de suplir con herramientas y avances tecnológicos. Además, las aproximaciones tradicionales que utilizan los negocios en estos casos, como despedir a los que no rinden bien, bonificar por puntajes o cerrar las sedes con bajos desempeños no funcionan en un sector altamente sensible al cambio de personal. Todos los estudiantes quieren, o al menos quisieran, admirar a su profesor y una vez lo logran no quieren que se vaya nunca. ¿Se podrá superar este desafío?​