• Caracas (Venezuela)

Gabriel Antillano

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Gabriel Antillano

La policía de Internet

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«Solo bromeaba», fue la respuesta del escritor Salman Rushdie ante la controversia causada hace par de semanas por sus críticas, publicadas en Goodreads, a algunos clásicos literarios. El mes pasado el autor de Los versos satánicos se abrió un perfil en Goodreads, una red social para lectores que te permite almacenar listas de los libros que piensas leer o que te interesan, al igual que de los títulos que has leído y entrar en clubes cibernéticos de lectura o hacer amistad con otros lectores. La página te permite evaluar cada libro con cinco estrellas, es decir, una estrella si el libro no te gustó y cinco estrellas si te pareció magnífico, además puedes agregar una reseña personal e incluirlo en alguna lista de tu autoría como «Libros para leer en Navidades» o «Porquería que no pienso ni siquiera regalar». Rushdie estrenó su cuenta de Goodreads evaluando algunos libros populares. De esta forma, la novela To Kill a Mockingbird de Harper Lee recibió tres estrellas, mientras que Lucky Jim de Kingsley Amis tan solo recibió una. Por otra parte, novelas como The Great Gatsby de Francis Scott Fitzgerald y A Handful of Dust de Evelyn Waugh recibieron cinco estrellas.

Los «ratings» otorgados por Salman Rushdie a libros populares y a clásicos de la literatura enardecieron a muchas personas en Internet. Se le exigieron «explicaciones» al escritor, quien actualmente reside en Nueva York, e incluso se llegó a solicitar que se le removiera de la página web. La atención mediática fue tan grande que Rushdie salió a declarar que había sido una broma y que nunca ha sido muy diestro con «este nuevo mundo de las redes sociales».

Habría que recordar que no es la primera ni la más grave de las controversias de las cuales ha sido víctima el escritor, su novela Los versos satánicos se encuentra entre los libros más prohibidos en la historia de la literatura, la cual causó protestas de la comunidad musulmana alrededor del mundo. La novela fue también la justificación que usó el exlíder de Irán, el ayatolá Ruhollah Khomeini para dictarle una fatwā (término de la ley islámica sobre una opinión legal que, dependiendo del nivel al que pertenezca, en los sectores más radicales del mundo islámico significa una sentencia de muerte) el 19 de febrero de 1989, lo que llevó al gobierno británico a ponerlo bajo protección policial. Las experiencias de Rushdie huyendo fueron relatadas por el autor en su interesante Joseph Anton: A Memoir, cuyo título es el nombre que usaba en la clandestinidad.

Que un autor con libros prohibidos y que se dio a la fuga al ser víctima de una fatwā dada por el ayatolá por escribir una novela y que haya vivido tantos años entre el miedo y la paranoia tenga que disculparse por otorgarle solo tres estrellas sobre cinco a To Kill a Mockingbird de Harper Lee parece ser algún tipo de advertencia. Decía Bret Easton Ellis, a quien se le vetó de la cena anual realizada por la GLAAD (Gay &Lesbian Alliance Against Defamation) debido a sus comentarios críticos sobre Glee, que las nuevas generaciones se encuentran entre las más intolerantes y quejumbrosas. Según Ellis, todo el concepto de «placer culposo», «hater» y «provocadores», fueron creados con base en la carencia absoluta de tolerancia hacia un pensamiento diferente.

Aunque la reseña de Salman Rushdie seguramente sería un texto muy interesante de leer, no parece ser el objetivo de la ira ante sus opiniones no del todo comunes. El reclamo, en este caso, se acerca más al impulso de censurar y castigar que al de escuchar. 

Aunque Internet sirve como un espacio para compartir e intercambiar ideas, la visión radical e intolerante de muchos levanta la interrogante de si la web es en verdad un lugar para drenar frustraciones y aplicar sentencias al otro. Lo cual sería tan tenebroso como preguntarse qué estarían haciendo esas personas con toda esa furia de no tener acceso al teclado de una computadora.

 

@GaboAntillano