• Caracas (Venezuela)

Gabriel Antillano

Al instante

Una opinión

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La página web Filmin.es es el equivalente español a Netflix, lo que significa, para quienes no lo sepan, que ofrece la posibilidad de comprar películas de su catálogo para verlas desde la comodidad de tu computadora; esto, en el caso de Filmin, solo funciona si resides en España. La página española cuenta también con un blog que se ha popularizado los últimos días y que sigue la misma línea: el cine. Este blog (al cual se puede acceder a través de este enlace: https://www.filmin.es/blog) publica noticias sobre películas, últimos estrenos, información de interés para cualquier cinéfilo y curiosidades del séptimo arte. La idea, por tanto, no es original; es un blog, muy bueno, sobre cine y sus derivados, al igual que muchos otros en la web. Sin embargo, la última sección del blog, A la contra, plantea un diálogo interesante: escritores hispanohablantes consagrados opinando sobre algún clásico del cine que no les gusta. Por ejemplo, el escritor argentino Rodrigo Fresán confiesa que jamás entendió el entusiasmo por Vértigo, el famoso film de Alfred Hitchcock, el cual le parece “una mala película de Pedro Almodóvar”.

La sección A la contra ya tiene cinco entradas en las cuales Patricio Pron, Sergio del Molino, Rodrigo Fresán, Daniel Gascón y Gonzalo Torné, critican Lo que el viento se llevó, Trainspotting, Vértigo, Amelie y Ciudadano Kane, respectivamente. A estas disidencias se les suma una apreciación escrita por Javier Cercas contra toda la obra del director Terrence Malick. El resultado es a su vez curioso, sorprendente e hilarante, donde se pueden leer pasajes como: “en Vértigo –además de proponer una trama absurda de thriller-gótico meta-demencial estilo La mala educación, Los abrazos rotos o esa cumbre del delirio psicotrópico-cutáneo que es La piel que habito– … se las arregla para convertir al inmenso y nunca del todo bien ponderado James Stewart en uno de los peores actores de la historia del celuloide”.

O también: “... Amélie, una película que tiene el mérito de tomar elementos que ya eran malos y hacerlos aún peores. Por ejemplo, ideas tétricas: el uso de lo peor del psicoanálisis, o la asunción inquietante y un tanto totalitaria de que tenemos derecho a corregir la vida de los demás. Entre otras cosas, Amélie es la apología del acosador y de quien espía la vida de los otros (siempre por nuestro bien, como todos). Aunque pretenda transmitir optimismo y bondad, Amélie es un anuncio largo, pueril e inhumano”.

Los dos aspectos notables, y lo que busca llamar nuestra atención, en este experimento, son quienes emiten la opinión y la película que critican. Lo curioso, en este caso, no es que alguien critique una película o su justificación, sino el hecho de que la película sea Ciudadano Kane o Vértigo y que quien cuestiona su valor es un escritor con una obra tan notable como la de Rodrigo Fresan o Javier Cercas, lo que, de cierta forma, certifica el análisis. Más allá de lo equivoco de esta consideración de que la obra de un escritor lo justifica para opinar sobre cine, esto recuerda aquello que alguna vez explico Javier Marías sobre nuestros tiempos, en los que no importa el “que”, sino el “quien”, y así el emisor triunfa sobre el mensaje, que importa menos que el nombre. De esto están conscientes las personas detrás del blog de Filmin, quienes han buscado, cada semana, a un escritor reconocido que odie una película elevada a las cimas del arte como indiscutible e intocable, y la destruya en su blog, teniendo en cuenta también la destreza con la que un buen escritor maneja las palabras, ya sea para hablar de libros, películas o instrumentos de jardinería.

La respuesta ha sido, como era de esperarse, errática. En un tono aún más brutal y grosero, sin invitar al dialogo, muchos lectores respondieron recurriendo a insultos y negaciones al cuestionamiento de sus películas favoritas, olvidando utilizar argumentos. Sería pertinente preguntarse como la opinión de alguien –sea escritor, bombero, ingeniero, abogado o médico– sobre una película logra alterar de esa forma a otra persona. Así como estos son tiempos donde importa más el nombre que el hecho y el ser importa menos que el estar, nuestra cultura de lo fácil, de lo rápido y fugaz, desprecia las justificaciones y prefiere el slogan y lema al texto. De esta forma, El acorazado Potemkin es una excelente película pero nadie se detiene a pensar en por qué lo es. Esto contribuye a la eliminación de la opinión personal. Características de la cultura de masas. En unos tiempos donde ya las ideologías deberían pertenecer al olvido, sorprende el rechazo hacia la opinión personal y la justificación de estas, contribuyendo así a la desaparición del dialogo y el establecimiento del pensamiento único, planteamiento que jamás trajo nada positivo. Tal vez aún no hemos aprendido, aunque creamos lo contrario.