• Caracas (Venezuela)

Gabriel Antillano

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El horror, el horror

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I’m on a mission to civilize!

- Will McAvoy, The Newsroom

 

No hay mucho más que pueda decirse sobre lo ocurrido desde los atentados en París del viernes 13 de noviembre. Probablemente en el tiempo entre enviar esta columna y su publicación tenga lugar otro evento en el desarrollo de la tragedia que estamos viviendo desde entonces. Incluso, al momento de escribir estas líneas hay reportes de un ataque en Mali donde se encuentran militares franceses y americanos. De igual forma, no veo posible evitar el tema. Sin ánimos de aportar ningún tipo de información indispensable, me gustaría comentar algunas cosas que son, a mi parecer, importantes.

Para quien no lo sepa, el 13 de noviembre ocurrieron en Francia, específicamente en París, una serie de ataques terroristas que dejaron 129 muertos. No es el primero y, lamentablemente, no parece ser el último ataque terrorista que azota a Europa. En enero de este año, si nuestra corta memoria colectiva no lo ha olvidado, ocurrió un ataque de dos fundamentalistas a la revista Charlie Hebdo, dejando once muertos. Lo ocurrido en París, entre otros factores, llevó a Francia a bombardear Siria en represalia. Rusia y Estados Unidos se han reunido con vistas hacia una guerra para acabar de una vez por todas con el autoproclamado Estado Islámico. No es juego, se ha dicho que estos movimientos significan el inicio de la tercera guerra mundial.

Ante esta afirmación debe hacerse un contexto pertinente y preocupante. Tanto la primera guerra mundial como la segunda fueron enfrentamientos bélicos entre naciones. En una guerra entre naciones se conoce al enemigo e incluso se le identifica con un espacio geográfico determinado. El Estado Islámico (EI o ISIS – Islamic State of Iraq and the Levant), a pesar de tener lo que podría denominarse como ubicación geográfica, no es una nación en sí misma. Esto lo hace un rival complicado, se estaría combatiendo un ente que no se encuentra en las mismas condiciones. El fanatismo religioso –entiéndase: de cualquier religión– lo complica aún más, ya que no admite razonamiento alguno y las medidas extremas para erradicarlo usadas a través de la historia solo han logrado fortalecerlo. Las religiones funcionan con mártires, por lo cual las tragedias suelen otorgarles fuerza.

Más allá de estas consideraciones no siento que manejo suficiente información sobre los conflictos en medio oriente y el fundamentalismo islámico como para opinar y emitir juicio al respecto. Frente a personas que han dedicado gran parte de sus vidas a estudiar estos conflictos; una serie de artículos, películas y libros no me parecen suficientes para emitir juicio. Desde que escribo una columna semanal en este espacio hago mi mejor esfuerzo para hablar de los temas que conozco y manejo. Opinar es una tarea que nos exige responsabilidad, en especial en esta era de Internet en donde el flujo de información es inmensurable. Este pensamiento no parece ser compartido por una gran cantidad de gente que expresa su opinión a diestra y siniestra, exclamando, sin remordimiento alguno y desde la comodidad de sus computadoras, cosas como que Francia hizo lo correcto con el bombardeo a Siria, que la solución a la “pregunta musulmana” es su erradicación, considerar a todos los musulmanes terroristas, simplificar la guerra como un combate de Occidente vs. Islam o asegurar de un plumazo que una tercera guerra mundial era “de esperarse”. Lo alarmante de estos delirios es que son expresados, en la mayoría de los casos, por personas cuyo conocimiento sobre el conflicto con el terrorismo islámico se limita a un video de entre tres y diez minutos. Estos videos informativos son muy útiles para aprender de forma simple y sencilla sobre lo que ocurre en medio oriente y qué es ISIS exactamente. Sin embargo, no parecieran ser suficiente para apoyar un bombardeo o asegurar haber encontrado la solución que todos los expertos en política internacional han pasado por alto.

Me gustaría, ante esto, aportar algunas lecturas muy interesantes que he encontrado sobre el tema y que podrían ser de utilidad a quien piense ahondar en estos asuntos:

- El artículo ‘Did the media ignore the Beirut bombings? Or did readers?’ escrito por Max Fisher. Publicado en VOX.

- La entrevista al poeta Sirio Adonis publicada en El País.

- El artículo ‘Mindless terrorists? The truth about ISIS is much worse’ escrito por Scott Atran. Publicado en The Guardian.

- La entrevista a la Nobel de la Paz, Shirin Ebadi, realizada por Marina Meseguer para La Vanguardia.

- El artículo ‘¿Por qué nos afecta más el atentado a París que el de Beirut?’ escrito por Albert Lladó. Publicado en La Vanguardia.

- El libro ISIS: Inside the Army of Terror de Michael Weiss y Hassan Hassan.

- El libro Ghost Wars: The Secret History of the CIA, Afghanistan, and bin Laden from the Soviet Invasion to September 10, 2001 de Steve Coll.

- El libro The Muslims are Coming!: Islamophobia, Extremism, and the Domestic War on Terror de Arun Kundnani.

- El libro ISIS: The State of Terror de Jessica Stern y J. M. Berger.

Por otra parte, el fundamentalismo religioso, el terrorismo y la guerra son problemas que sorprenden por su antigüedad: para algunos nos resulta insólito que a estas alturas sigamos sin aprender de nuestro pasado. Asusta pensar como estos problemas han perdurado en nuestra historia. Habría que recordar a quienes condenan al Islam como una religión con tendencia al extremismo los grupos terroristas cristianos como TheArmy of God (fundada en los años 80 y que promueve el asesinato de quienes faciliten el aborto, al igual que la violencia contra los homosexuales), The Lord’s Resistance Army (¿recuerdan la campaña de #StopKony? Pues Joseph Konyes o era un cristiano radical y fue quien fundo este grupo asesino en Uganda), Eastern Lightningo The Church of the Almighty God (grupo fundado en china con una visión apocalíptica que apoya la violencia cuando “es necesario”) o la gran cantidad de grupos neo nazis que buscan establecer la supremacía del hombre blanco y –atención– cristiano. Menciono los grupos más modernos porque ni siquiera quiero entrar en el cristianismo del Ku Klux Klan (KKK) o irme varios siglos atrás para mencionar cuanta sangre se ha derramado en nombre del cristianismo. El problema de ISIS y del terrorismo islamista o del terrorismo religioso fundamentalista en general es no saber separar religión de política e imponer leyes religiosas. Al considerar a los terroristas musulmanes y no sociópatas, cometemos el mismo error. Las religiones basan sus sistemas de creencia en manuales morales medievales, algo como esto resulta atractivo para muchos psicópatas en búsqueda de algún sentimiento de pertenencia y comprensión, aunque no sean la mayoría de los creyentes. Entonces no se asesinaría sin razón, se haría en nombre de Dios, sea cual sea.

Lo más aterrador luego de las muertes es la reacción de algunas personas ante lo ocurrido en París y todo lo que una tragedia como esta desató.

Facebook optó por permitir que sus usuarios tuviesen la posibilidad de poner su foto de perfil con un filtro de la bandera de Francia. La indignación de la gente fue tal que Mark Zuckerberg se disculpó públicamente y brindó la posibilidad de usar el filtro con la bandera de cualquier país. ¿A qué se debía la indignación de los usuarios de Facebook? El reclamo, al parecer, era que no se le dio tal atención mediática al bombardeo en Beirut o al asesinato en abril de unos estudiantes en una universidad de Kenia. Según un excelente artículo publicado en VOX titulado Did the media ignore the Beirut bombings? Or did readers?, sí se cubrió en todos los medios importantes la noticia del bombardeo a Beirut, la gente simplemente lo ignoró o no le prestó demasiada atención. Incluso, un tweet citado en el artículo es de una persona que reclama atención para lo ocurrido en Beirut adjuntando una foto del 2006 de la guerra de Israel contra Hezbollah en el Líbano. Aun así, el tweet fue compartido unas 57.752 veces el día de los ataques en París. Alguien que sepa de qué hablaba habría notado el error. Y en su momento, ¿quienes reclaman atención para estas otras tragedias se enteraron en su momento de ellas? ¿Habría la posibilidad de que a partir de lo de París fue que algunos se enteraron de otros eventos trágicos? Lo curioso es que la meta no parece ser informar, el objetivo es regañar, condenar. No se comparte realmente la información de lo ocurrido en Kenia o en Beirut –y seguramente podrían encontrar alguna otra noticia por ahí sobre un reactor nuclear en Japón o algo por el estilo–, se habla de esto solo en el contexto de lo ocurrido en París. La idea, en esencia, es parecer más sensibles e informados que los demás. Dado que todos están enterados de los atentados, muchos reclaman que no se hable de lo acontecido en otros países, sin comprender que resultaría imposible darle atención a todas las tragedias ocurriendo al mismo tiempo en el mundo y aun cuando se hace la gente jamás podrá dar igual importancia a todas. El objetivo de estas afirmaciones es regañar desde la superioridad, incluso el sociólogo polaco Zygmunt Bauman o el escritor y teórico español Eloy Fernández Porta nos dirían que dicho comportamiento responde a la guerra de los afectos (“a mí me importa más el mundo que a ti”) y que en realidad tales comentarios no buscan crear consciencia más de lo que buscan promocionar a quien los emite, venderse, mostrarse como alguien mejor. Gente desinteresada en el periodismo y en política internacional decide ir a la carga desde el espacio que posee en sus redes sociales (la catastrófica democratización del periodismo) para decir a los demás con cuáles problemas deben solidarizarse y para imponer su propio esquema de jerarquización de las tragedias.

En nuestro país tenemos una rama particularmente idiota de esta forma de pensar: los que condenan a los venezolanos que le dan atención a los atentados de París y no a los problemas nacionales de nuestro día a día, argumentando que aquí mueren más personas semanalmente que las asesinadas en París, lo que significa que el nivel trágico de una muerte es medido por número de cadáveres. Este es un planteamiento viciado, ejemplificando una ignorancia vasta y absoluta sobre los medios y los agentes que dictan la opinión publica en Venezuela. Quien abra cualquier periódico privado de línea editorial opuesta al gobierno verá que desde la primera hasta la última página se habla del acontecer nacional, los problemas que azotan a nuestro país. Incluso, la crisis es tal que en varias alocuciones del presidente Nicolás Maduro, ciudadanos comunes han aprovechado para manifestar su descontento y criticar el estado deplorable en el que se encuentra el país. Basta con revisar la sección de Opinión de este diario para ver que no menos del 90% de las columnas hablan de la política nacional. En las colas es probablemente el tema más frecuente. Casi todos los trending topic de Venezuela en la red social Twitter son de política nacional. La política nacional y los problemas del día a día como la inseguridad son el tema principal en Venezuela. Que durante tres días se hable sobre los atentados en París y la posibilidad de una tercera guerra mundial –léase con calma y detenimiento estas últimas tres palabras– y los venezolanos consideren esto una muestra de frivolidad por parte de sus paisanos lo deja a uno estupefacto. Siempre habrá quien, ante la posición de la masa, tome partido no por opinión propia, sino por influencia de la mayoría. Esto ha sido así desde el inicio de los tiempos en las sociedades y es muy difícil que cambie –menos aún por un berrinche en redes sociales. Lo cual no niega que la tragedia ocurrida en Paris sea tan grave como para que la gente se solidarice con las víctimas, aun si no están enterados de asesinatos en Sierra Leona o amenazas de desastre natural en Hawai, como otros. Tampoco importa si las personas hablando sobre los atentados en Paris son venezolanos o alemanes.

Hay que tener en cuenta tres puntos importantes.

Primero: La globalización. El concepto de país, a pesar de los nacionalistas, siempre ha sido complejo y difuso. No se sabe muy bien qué dicta tu pertenencia a un país, si el lugar de nacimiento o tu tiempo de vida en ese lugar, si tus costumbres o tu sentimiento de identidad. Estas barreras geográficas, culturales e ideológicas se volvieron más borrosas con la globalización. Dentro de un solo país se mezclan muchas culturas y estamos vinculados a otras sociedades, nos guste o no. Internet brinda la posibilidad de acceso a lugares remotos a través de tu monitor. Esto hace que los acontecimientos en países como Estados Unidos o Francia se nos hagan cercanos: porque lo son.

Segundo: Francia es una potencia mundial y pertenece a Europa, una de las cunas de la civilización y el pensamiento. Por supuesto que un hecho trágico en Somalia no es menos trágico que si ocurriera en París, pero siempre se le dará menor importancia. Esto no es necesariamente condenable ni resulta de un tratamiento adrede. El mundo es demasiado grande y Francia opera más en esta especie de “conversación internacional” en la que todos participamos. Muchos ciudadanos desconocen la existencia de Somalia, pero saben de la torre Eiffel, el francés y las canillas bajo el brazo. Es una realidad y cambiarla resulta idealista e imposible. Si empezamos a sembrar consciencia sobre lo que ocurre en Somalia, también debemos darle importancia a Sierra Leona, y si se la damos a Sierra Leona también debemos dársela a Nicaragua, y así sucesivamente. Los medios de noticias tratan de mantener al ciudadano informado sobre los acontecimientos nacionales e internacionales. A la hora de decidir, siempre algunos recibirán más atención que otros. E incluso, se les da un espacio, como explica el artículo publicado en VOX, solo que el grueso de la audiencia le da menos importancia a lo que considera más lejano. No es una cuestión de insensatez, es una cuestión de conexiones.

Tercero: Terrorismo. Los atentados ocurridos en Paris son actos terroristas. El terrorismo es un problema mundial. A diferencia de los asesinatos en una universidad de Kenia o la inseguridad en Venezuela (consecuencia de una mala gestión que fue electa varias veces en comicios democráticos), las consecuencias del terrorismo afectan a todos y representan una amenaza mundial. El terrorismo siempre tendrá atención mediática porque la merece y su carácter internacional nos lo advierte.

Con esto no quiero suscribir a la narrativa de que los atentados terroristas son contra Occidente, “el mundo occidental” o “los valores occidentales”. Tal declaración traería a discusión la pregunta de si el enemigo, en este caso, es Oriente y los “valores orientales”. ¿Todo Oriente o solo alguna parte de Oriente? ¿Todo el que suscriba al Islam o solo algunos? ¿Occidente no ha exportado sus valores por todo el mundo? Y, realmente, ¿por qué son los valores occidentales superiores? ¿No estaríamos juzgando desde nuestra visión occidental? Pensar que los valores occidentales son una maravilla es obviar el fascismo, el nazismo y los regímenes totalitarios de la izquierda. ¿No son parte de la perfecta cultura occidental? ¿Culpamos de ello también al Islam o los desechamos como pequeñas excepciones a la regla? Habría que definir, también, si al hablar de Occidente hablamos de ubicación geográfica o valores, haciéndolo todavía más confuso. Los fundamentalistas islámicos han realizado ataques en oriente también. Buscar simplificar el conflicto en Occidente vs. Islam parece ser un error.

Lo más sensato parece ser darle atención al conflicto o sencillamente no hacerlo, y dejar que los demás opten por lo que prefieran hacer. Se me viene a la cabeza otro grupo de personas que son igual de intolerantes y afirman con convicción que a los demás debe importarles lo mismo que les importa a ellos. No parece el mejor ejemplo a seguir.