• Caracas (Venezuela)

Gabriel Antillano

Al instante

La generación Like

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El escritor norteamericano Bret Easton Ellis (Less Than Zero, American Psycho) publicó recientemente una reseña de la película The End of the Tour (2015) en el portal The Talk House en la cual hizo referencia a una supuesta rivalidad entre él y el escritor David Foster Wallace, quien se suicidó en el año 2008. La cinta es una biopic sobre Wallace (interpretado por Jason Segel) relatando la serie de encuentros que tuvo con el periodista David Lipsky (interpretado por Jesse Eisenberg), quien recopiló sus conversaciones en el libro Although of Course You End Up Becoming Yourself, en el cual se basa la película. En su reseña, Ellis no niega cierto mérito a lo entretenido de The End of the Tour, pero critica su adulación y tratamiento del personaje principal. También afirma que nunca se “tragó toda la pose” de Wallace. Para Ellis su colega tenía talento y era –en esto no parece tener dudas– un genio. Sin embargo, no son cualidades que lleven al autor de American Psycho a apreciar más su obra ni a pensar que su actitud en entrevistas, la personalidad que mostraba al público, fuese sincera. Lo más interesante de la reseña es cuando Ellis hace referencia a una polémica surgida hace algún tiempo cuando dedicó ciertos tweets a Wallace llamándolo falso y sobrevalorado, al igual que criticando, una vez más, la devoción de sus seguidores y su visión mesiánica. La reacción fue la esperada: un gran número de personas ofendidas e indignadas haciendo uso de insultos y acusando a Bret Easton Ellis de resentido y envidioso. Lo que mucha gente parece olvidar es que cuando Foster Wallace estaba vivo los dos escritores mantenían una relación basada en el respeto, llegando incluso a enviarse afectuosos saludos numerosas veces a través de periodistas que los entrevistaban. Foster Wallace había declarado su gran admiración por la primera novela de Ellis, Less Than Zero, y este a su vez asegura haber leído toda la obra del autor de Infinite Jest, aun cuando admita no haberse conectado con ninguno de sus libros. Casi al final de su reseña Bret aclara su percepción de que Foster Wallace era un genio, manteniendo a la vez su impresión inicial de que es el escritor más falso y sobrevalorado de su generación. Esto, por supuesto, es muy difícil de entender para los fans enfurecidos. “Un problema en ascenso en nuestra cultura”, explica Ellis, “es la incapacidad de la gente para aceptar que otras personas mantengan en mente dos pensamientos opuestos al mismo tiempo, y la noción de presionar el botón de ‘Like’ en todo –o, en su defecto, silenciar a la gente por manifestar una opinión con la que no están de acuerdo–, algo que habría indignado a David [Foster Wallace], especialmente siendo alguien que podía llegar a ser un crítico demandante y destructivo”.

Es en este punto donde Bret Easton Ellis acierta rotundamente con su análisis de nuestra cultura. Más allá de lo que se pueda opinar sobre ambos autores o sobre la película The End of the Tour, es este planteamiento de una cultura actual de extremoslo que parece tener mayor importancia dentro de toda la reseña.

En el documental de Frontline Generation Like (2014) el corresponsal Douglas Rushkoff intenta explicar cómo las redes sociales y el uso que ofrecen representan el cambio más importante en los últimos años con respecto a la interacción, la juventud y el mercado. Rushkoff entiende algo clave: Internet está aquí para quedarse y las redes sociales no van a irse pronto. Demonizar a Internet y a las nuevas tecnologías es un error y una pérdida de tiempo, pero ¿de qué hablamos cuando hablamos de redes sociales y su efecto en la juventud? ¿Nos estamos haciendo las preguntas correctas? Más que nunca las corporaciones están enfocadas en el público juvenil. Podría decirse que las nuevas generaciones son la juventud con más poder de la historia, si lo entendemos como poder de adquisición. Detrás de ello hay dinero y las grandes empresas lo saben. En el pasado, iniciativas como Mtv observaban la cultura juvenil, la interpretaban a su preferencia y se la vendían de regreso a los jóvenes. Ahora, la distancia se ha reducido completamente. Los jóvenes tienen un espacio para consumir lo que deseen y expresar qué les gusta y lo que no. Incluso, los seguidores de alguna serie o película tienen la posibilidad de interactuar directamente con sus ídolos. Muchas empresas han entrado en el campo del manejo de redes, lo cual les permite interactuar con los consumidores y averiguar qué buscan. Cada usuario expresa sus intereses en perfiles personales y tiene la posibilidad de encontrar gente que comparta esos entusiasmos.

No se debe ser ingenuo. Rushkoff explica en Generation Like la importancia económica de las redes sociales. Tanto el uso que le dan las empresas para promocionar sus productos como la posibilidad de los jóvenes de monetizar su contenido. Internet ha anexado la publicidad a las estrategias de marketing. No es una teoría nueva. En su libro Vida de consumo, el sociólogo polaco Zygmunt Bauman explica que quienes usan redes sociales son a su vez consumidores, vendedores y producto. Usan sus perfiles personales para promocionarse como un producto, venden su contenido y al mismo tiempo consumen el contenido de otros. Quienes accionan en las redes sociales son creadores de contenido, y si ese contenido tiene suficiente éxito, la acumulación de likes, suscriptores o fans puede transformarse en dinero. No es extraño que alguna empresa le pague a youtubers (personas que montan regularmente videos en Youtube y se han creado cierta fama online) para que estos promocionen sus productos. Las nuevas generaciones no rechazan esta invasión poco discreta de publicidad. Están acostumbrados, no conocen el término descalificativo de “venderse”, para ellos carece de importancia. Para ellos lo que importa es el contenido y la cantidad de likes que reciben sus publicaciones. Que su contenido guste o sea compartido por otros en redes es para ellos un logro y sirve para medir la calidad de lo que están publicando en Internet. Es una forma de buscar aprobación y obtener la atención de los demás. Es fácil, es rápido, es sexy. Para la “generación like” todo se mide en lo que les gusta y lo que no, aquello que les interesa y lo que les aburre.

Esta forma de ver las cosas no es del todo negativa. Podría leerse como una juventud que sabe lo que quiere o al menos no tiene duda en qué disfruta de las cosas a las cuales están expuestos. Esta forma de ver las cosas, sin embargo, puede evolucionar en una visión de opciones absolutas. Se empieza a confundir “lo que me gusta y lo que no” con “bueno y malo”. Y es entonces cuando se empieza a imponer esta visión sobre los demás.

Para las nuevas generaciones la crítica cada vez importa menos. Se está a favor o en contra de algo, ya que mantener una opinión que sopesa las características de algo es inadmisible.

Cuando en este mismo espacio critiqué la forma de hacer política dentro de la universidad en la que estudio, se me acuso de odiar a la universidad y fui groseramente invitado a irme de la universidad. Para estas personas, que yo criticara algunos aspectos a mi parecer negativos de una institución anulaba por completo la posibilidad de que también reconociera sus logros, mantener una admiración sin comprometer el pensamiento crítico era algo incomprensible para ellos. Si tenía alguna crítica en mi mente eso significaba inmediatamente que detestaba la universidad, cuando la verdad es todo lo contrario.

La forma de entender el mundo que las redes sociales nos invitan a utilizar no tiene ningún tipo de profundidad y nos obliga a regresar al pensamiento primitivo de bueno y malo, derecha e izquierda, aceptable y condenable.

En nuestro país, como si no fuese suficiente la influencia de Internet en nuestro pensamiento, la política ha infestado también con esta forma de pensamiento. No es este un pensamiento político serio y a profundidad, se mueve en el espectro antiguo de bandos. Reconocer logros en el bando contrario significaría, por supuesto, una traición. No parece extraño entonces que mientras en otros países la división simplista de derecha e izquierda se vuelve borrosa, en Venezuela hemos regresado de nuevo a estas clasificaciones polarizadas. Y esto se ha extrapolado a todo lo demás.

Debemos entender la gravedad de esta regresión. Volver a entender las cosas en bueno y malo únicamente elimina por completo el pensamiento a profundidad. La comprensión es anulada cuando tratamos que toda opinión entre en esta clasificación de extremos. En un mundo que se guía por esta visión polarizada no hay espacio para la crítica ni para la reflexión. Es un futuro en el cual nadie aprende nada.

Luego de publicar su reseña de The End of the Tour, la revista Salon respondió a Bret Easton Ellis con un artículo titulado “Wallace está muerto, pero Ellis mantiene la rivalidad viva”.

Ya ven.

 

@GaboAntillano