• Caracas (Venezuela)

Gabriel Antillano

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Lo que no te he dicho

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El lunes pasado publiqué en este mismo espacio una columna de opinión titulada La universidad como el país donde describía lo ocurrido durante la campaña electoral de las planchas de centros de estudiantes en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). También, aprovechaba el espacio y el tema para mencionar algunos problemas que desde que soy estudiante he experimentado dentro de mi alma mater. Cometí el error de redactar esas líneas en estado de ira, lo cual resultó en un tono cínico, incendiario, chocante y por momentos prepotente. Si bien el contenido era, aparte de la veracidad de sus anécdotas, válido, el fondo a veces se pierde en la forma. Cuando se dicen las cosas en el registro incorrecto, bien podrían no decirse. Esto contribuyó a que la columna generara mucha más polémica de lo que esperaba, obteniendo cerca de 300 likes en Facebook y generando muchos insultos y muchas miradas rabiosas.

Tomando en cuenta la enorme cantidad de estudiantes que se sintieron de alguna forma atacados, creo pertinente aclarar ciertas cosas y poner algunos argumentos en contexto. También, pienso, que si bien el tono fue inadecuado, por lo cual me disculpo con los lectores, hay temas de importante discusión. Tomando en cuenta que la gente que compartió el artículo y se acercó en la universidad a felicitarme fue también de gran magnitud, podríamos pensar que aquel texto dio voz a varios estudiantes. Lo único rescatable de la polémica es que las palabras lograron llegar a más personas y generar debates sobre temas que estaban pendientes.

Aunque el artículo era una crítica a la forma de hacer campaña electoral dentro de la universidad, los comentarios hacia el profesorado y los estudiantes también necesitan tener contexto. A veces, cuando ejercemos la crítica, no sopesamos lo negativo con lo positivo y se interpreta como ataque y no como preocupación. El espacio y la estructura de una columna de opinión a veces dificulta exponer todos los ángulos abordables del tema. Pero si se escribe con la ira como musa, peor.

Los estudiantes. No es difícil constatar que los egresados de la UCAB son excelentes profesionales. Los estudiantes se gradúan con una preparación que les permite operar con las herramientas de la actualidad. Incluso, si se busca en internet, los índices de egresados de la UCAB que alcanzan altos cargos dentro de sus trabajos la posiciona como una de las mejores universidades del país en este aspecto. Al igual que en mi columna anterior -y en todas mis columnas de opinión publicadas aquí-, hablo desde la experiencia personal. En mi tiempo como estudiante universitario he forjado fuertes amistades con personas integrales. He conocido estudiantes con un nivel de atención e inteligencia superior al mío que estudian, trabajan, participan en beneficencia, crean proyectos y siguen teniendo tiempo para divertirse. Sin ir muy lejos, en Comunicación Social conozco estudiantes que se destacan como fotógrafos, directores, cantantes, periodistas e incluso escritores. Si bien, poniéndonos estrictos, la muestra no es reflejo de la población, ya que no conozco ni siquiera a la mitad del estudiantado, he presenciado tendencias que me preocupan a nivel personal.

Leer no te hace mejor persona. No te hace más inteligente. Leer ni siquiera te hace más feliz, en todo caso más triste. Puede decirse que conoces cosas, pero hasta ahí. Sin embargo, leyendo aprendes a escribir. No creo necesario que todo el mundo lea, aunque me gustaría, ni es una pasión que busco inculcarle a cuanta persona me tropiezo por la calle. Casi ninguno de mis amigos es lector y no tengo problemas con eso. Me parece, eso sí, que quienes quieran dedicarse al periodismo, a la escritura o cualquier área vinculada a la redacción, deben leer. De igual forma, quien desee hacer cine debe conocer la historia del cine y ver los grandes clásicos. No es algo de erudición, sino de profundizar en el conocimiento y poner dedicación en lo que se hace. Mucha gente estudia comunicación por su interés en la cultura. Muchos sienten interés por el periodismo, la fotografía y el cine o la televisión. Me preocupan quienes no profundizan en los campos en los que quieren operar dado que la cultura nacional se encuentra plagada de contenido producido sin profundidad y teoría que lo sustente.

Las planchas. Conozco a mucha gente perteneciente a planchas postuladas para algún centro de estudiantes este año. Me consta -de nuevo: experiencia personal- que son personas con ánimo para realizar un cambio real en la universidad y trabajar con y para en estudiantado que representan. Muchas de las propuestas este año llamaban la atención, como los recorridos fotográficos y una serie de cursos para el aprendizaje. Propuestas que de alguna forma contribuyen a la formación del estudiante ucabista.

Por otra parte, hay que tomar en consideración que cada plancha tiene tan sólo tres días de campaña para darse a conocer dentro de la universidad. En ese plazo las planchas buscan llamar la atención de los estudiantes para que estos conozcan las opciones que tienen a la hora de votar. Formar una plancha, elaborar propuestas y realizar una campaña electoral con una duración de tres días es una enorme cantidad de trabajo. Todo esto pone en contexto algunas estrategias de campaña usadas, pero no las vuelve incuestionables.

La universidad. La UCAB es una de las mejores universidades del país. No me atrevería a declararla la mejor, aunque así lo expresen muchos rankings, debido a que declarar a una universidad "la mejor" es un tema tan complicado como hablar del "mejor país". Cada universidad ofrece una serie de servicios y el estudiante decide según sus preferencias. Sentenciar a la Católica como la mejor universidad del país dejaría por fuera a los estudiantes de medicina, por ejemplo, ya que esta carrera no se enseña en esta casa de estudios. Dicho esto, creo que la UCAB pertenece sin duda a las mejores universidades del país y, sin continuar las comparaciones, es una excelente institución por sí sola. Aunque muchos lectores me recriminaban estar ocupando cupo dado que "no respeto la universidad", soy ucabista por decisión propia, porque es la universidad que más me gusta y admiro su labor, dentro y fuera de lo académico. La UCAB se preocupa por brindar una educación integral a sus estudiantes y no solo inculcarles los conocimientos de una carrera. Dentro de la universidad se realizan numerosos foros y charlas, se imparten cursos y se realizan actividades, contribuyendo a la formación de los profesionales del futuro. También, la universidad realiza actividades de conciencia social y se preocupa por ayudar a la comunidad. La labor del voluntariado UCAB es impecable. Cuenta con una biblioteca estrenada recientemente que es probablemente uno de los mejores albergues de conocimiento en el país. Me atrevería a afirmar que es la universidad que actualmente realiza la mayor labor para la mejora de nuestro país.

Como todo, aún con su enorme cantidad de atributos, no es inmune a los problemas. Hasta las mejores universidades los tienen. La UCAB, por ejemplo, realiza encuestas online anuales y semestrales a todos sus estudiantes donde estos pueden evaluar a sus profesores.  En mi columna anterior mencioné un par de estos problemas. La mediocridad de algunos profesores (todos los conocemos, es un problema que se repite en otras universidades y colegios) y ciertos problemas burocraticos y administrativos de la Escuela de Letras. Hay que ver los problemas en contexto, pero hay que verlos. Y al verlos, manifestarlos. Callar y resignarse no ayuda mucho, criticar y manifestar la queja es una forma de contribuir a la mejoría, trascendiendo el boca a boca en los pasillos.

En una de las numerosas actividades que se realizan casi a diario en la universidad, hace un año el escritor venezolano Rodrigo Blanco Calderón fue invitado para ser el orador inaugural del la XI Jornada de Jóvenes Críticos de la Escuela de Letras de la UCAB. En su ponencia de apertura, Calderón dijo: "Cuando recibí la invitación para dar la charla inaugural de un evento denominado XI Jornadas de Jóvenes Críticos, no pude sino detenerme en esa afortunada redundancia: jóvenes críticos. Como si se pudiera ser joven sin ser crítico. Los que ahora protestan en las calles de Venezuela, todos los días, a pesar de la cárcel, las torturas y los asesinatos del gobierno militar, son la muestra más visible y contundente de la identidad entre ambas palabras. Lo son también, a su manera, los muchachos pasivos, callados e indiferentes: la adolescencia suele ser una larga y a veces incomprensible conjura que los padres nunca llegan a desentrañar. Pero incluso en el caso de ese desolador oxímoron que son los llamados jóvenes gobierneros, se percibe el vínculo entre juventud y crisis, pues una vocación temprana por la burocracia y el poder revela las carencias de un alma que nunca podrá ser colmada".

Si bien me sorprendió la cantidad, no me pareció extraña la intensidad de algunos insultos que recibí por parte de los estudiantes. Vivimos tiempos violentos y muy polarizados en nuestro país. Al usar un tono tan prepotente en mi columna del lunes pasado, lo menos que podía esperar eran insultos y amenazas. Aunque sí me sorprendió que se me recriminara el tono del artículo usando uno mucho pero mucho peor. Comparto algunos tweets de respuesta a mi artículo:

 

- "Es fácil echarle mierda a tu escuela, y a tu universidad, cuando eres un completo desadaptado, incapaz de participar en una actividad." - Daniela Gordon (@danielaengordon)

- "Recomendación: Sácate la cabeza del culo, donde aún debes tener almacenados tus libros de Letras, y participa en el cambio que tanto pides." - Daniela Gordon (@danielaengordon)

- "Un niño estudia un añito de Letras, patalea, cita a Zizek a través de El Nacional y ya se cree una eminencia literaria. Tome, un tetero." - Milena Victoria Gonzalez (@milenvictoria)

(Este tweet, cabe acotar, fue marcado como favorito por el profesor universitario Luis Yslas)

- "verga marico, en vez de llorar y quejarte por que no te pones unas bolas y no solo redactas lo malo (que son pocas cosas)" - Carlos Lozano (@ca_loz)

 

Creo que si criticamos al gobierno la falta de tolerancia y la forma violenta con la que reacciona ante sus opuestos, debemos evitar caer en lo mismo. Además, pienso, como jóvenes y estudiantes todos estamos aprendiendo. Yo aprendo semanalmente gracias al feedback obtenido por mis columnas. Esa es la importancia del diálogo. Si se me manda a beber un tetero o a irme de la universidad, allí no aprende nadie.

Por suerte, no fueron todos. Tuve el agrado y el honor de mantener debates y diálogos muy provechosos con varios estudiantes, manteniendo siempre el respeto. Aprendí varias cosas (ejemplo: cómo mucho del dinero usado en campaña proviene de donaciones y colaboraciones) y creo que pude comunicarles mejor varias críticas. Las criticas manifestadas en mi columna anterior son de discusión necesaria, ya que un número considerable de estudiantes las comparte. El debate se ha dado estos últimos días entre estudiantes y eso hace que todo valga la pena.

Tomando en cuenta todas estas consideraciones, tenemos el contexto necesario y justo para regresar a la crítica inicial. Apartando realidades incómodas como la existencia de algunos profesores mediocres, la burocracia problemática y el desorden de la Escuela de Letras, al igual que las anécdotas personales y la previamente aclarada preocupación ante la profundidad en el conocimiento, podemos enfocar nuestra atención al tema principal:

La campaña electoral realizada hace ya casi dos semanas consistió, en cierta medida, en regalar comida (nestea, ponquecitos, raspados, etcétera), poner televisores con PlayStation, poner música (reggaeton en especial) a todo volumen en los toldos de las planchas, traer cachorritos para que la gente se acercara a los toldos, bailar, realizar un flashmob en medio de la feria de la universidad. Estoy seguro de que me faltaron cosas por decir, pero dejemoslo así. Ruido, ruido, ruido.

Yo lo llamé populismo y demagogia (lo de los perritos despierta la interrogante), aunque algunos me reclamaron que no se le puede llamar populismo dado que es una universidad y no estamos hablando de Estado. No soy tan prescriptivista en el lenguaje, pero lo acepto. Otros, entre ellos la estudiante Gabriela Cardona, quien redactó una columna titulada Populismo o indiferencia generalizada, me explicaron que en realidad todo aquello no era populismo ni circo, sino un método de motivación al voto. No sé si así podríamos llamar a cuando el gobierno regala lavadoras o es algo que aplica sólo en las universidades, pero es un argumento válido. No sé quién tenga la razon, pero han sido las respuestas recibidas y es justo darles un espacio. A mi me sigue pareciendo una forma de hacer política equivocada y cuya aprobación podría dejar un aprendizaje peligroso a lo que serán los profesionales del futuro, pero mientras se debata el tema, ganamos todos. Siempre es una posibilidad que el equivocado sea yo.

Mi amigo José Manuel Guzmán, presidente de la plancha Somos, electa para el centro de estudiantes de Comunicación Social en la UCAB, me invitó inmediatamente, en un gesto que sólo los grandes líderes tienen, a formar parte del círculo de críticos de la universidad próximo a ser formado. En este espacio que invita a la pluralidad se ejercerá la crítica literaria, cinematográfica, teatral y política. Ya ven, gente que acepta críticas y busca incluir mas no aislar.

Por último creo que se debe reivindicar el valor de la crítica por si sola. En mi columna anterior mencionaba a Gloria Álvarez, la politóloga guatemalteca. Muchos le recriminan a Gloria que "no haga nada" y "solo dicte conferencias". La respuesta de Gloria lo explica: "Es una forma de hacer. Cada uno contribuye de la forma que pueda". La crítica es un oficio. Desestimar la crítica es condenar a la crítica literaria, cinematográfica, teatral, etcétera. Los críticos no necesitan ser realizadores para que su labor sea más válida e importante.

Muchos lectores me recriminaron que yo no era de ninguna plancha y me expresaba desde afuera. No tengo que serlo. Aún si lo fuese, el comentario sería igual de válido. Criticar es una forma de hacer, una vía de contribuir a la mejoría. No siempre tenemos las respuestas, pero nuestras inquietudes a veces llevan a otros a hacerse preguntas. Dudo que los únicos que critiquen al gobierno sean aquellos que saben gobernar y que en algún punto lo han hecho. Nuestra generación se ha criado en tiempos desgraciados. Si bien no vivimos ese "pasado mejor" de nuestros padres, sí tenemos la certeza de que no queremos este presente.

Y está bien, la idea es que todos, sin excepción, seamos escuchados.