• Caracas (Venezuela)

Gabriel Antillano

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Mea culpa, Pancho

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Nunca descarto, en mi vida personal y en mi labor como columnista, la posibilidad de estar equivocado. Incluso, parece ser una posibilidad que se me presenta en momentos de reflexión en los que pienso que cuando veo a mi alrededor hay tantas cosas que no me gustan que tal vez el equivocado sea yo. El mundo me resulta cada vez menos comprensible y no tengo la certeza de que la locura sea colectiva y no individual.

Una de las características que parecen estar en extinción es mirar con algo de escepticismo antes de apasionarse y perder la racionalidad. Parece una forma de acercamiento extraña en nuestros tiempos. Desde hacerse expectativas con una película antes de verla hasta un amor incondicional por un candidato presidencial. La capacidad de estudiar y conocer un poco algún asunto antes de perder los estribos es mal vista, se piensa que es propia de pesimista, aburrido o criticón.

Aun así, permítanme ser un poco más escéptico ante las acciones –y la palabrería– del papa Francisco.

Mi posición ante la Iglesia y las demás instituciones religiosas, al igual que mi concepto de las religiones en sí, es poco relevante. Si sirve de algo, mis padres me criaron como cristiano, pero soy ateo. Para evitarnos diferencias conceptuales, digamos “no religioso” o “no creyente”. No estoy bautizado, no por decisión de mis padres o algo por el estilo, tan solo porque mi padre quería que mi bautizo fuese seguido por una gran fiesta cuya planificación duró tanto que aun a mis 22 años no se ha fijado la fecha. Lo único relevante de todo esto es que puedo opinar del papa Francisco y de la iglesia objetivamente, sin ningún tipo de pasión ni de fe y habiendo pasado ya por el cristianismo. En otras palabras, lo que haga o deje de hacer un papa me la suda y lo veo más como una figura pública y –vamos a aceptarlo– política.

Dejando a un lado las discusiones sobre religión y algunas consideraciones sobre la iglesia como institución, ¿es el papa Francisco lo que muchos creyentes llaman “un buen papa”?

Habría primero que pensar en el poder del papa en sí. Sus funciones dentro de la iglesia y la evolución que lo ha llevado a ser una figura pública más que otra cosa. Francisco parece entender esta posición muy bien. (Que el papa latinoamericano sea uno de los más mediáticos da para un libro entero). En su poco tiempo en el cargo, todas sus intervenciones han sido en cierta medida polémicas. A diferencia de su predecesor, Francisco llegó haciendo un intento –o al menos así lo hacía parecer– de abrir puertas en la iglesia. Para nadie es un secreto que el poder y la influencia (si es que ambas cosas no son lo mismo en su caso) de la iglesia católica ha disminuido en gran medida durante los últimos años. La lectura que muchos daban a las alocuciones de Francisco era la de un intento de modernizar la iglesia y así volver a aumentar su influencia. Está bien, lo hacen las marcas, lo hacen los políticos, también lo hacen en el Vaticano.

Produce algo de desconfianza que el papa opine sobre todos los temas todo el tiempo. Por momentos parece una necesidad de estar sobre la cresta de la ola mediática todo el tiempo. Su permiso temporal para los curas a perdonar el aborto (léase bien, no es decir que el aborto es una decisión, es considerarlo un pecado grave pero perdonable), su sutil sugerencia de que no se le puede juzgar a un cristiano por ser homosexual (lo que, no se emocionen, no significa que la iglesia católica apruebe matrimonios del mismo sexo), su aparición en Cuba, sus comentarios sobre el problema del calentamiento global y sus recientes y polémicas apariciones en los Estados Unidos, incluyendo una reunión con Kim Davis. Todo esto sin agregar sus planes de grabar un disco de rock progresivo. No es broma, el Papa anunció que sacará un disco de rock e incluso ya pueden escuchar el primer single en Internet.

Tampoco quiero quedar como un detractor del papa Francisco. En realidad me parece un papa muy interesante y uno de los que más me ha gustado. Como digo, en poco tiempo ha hablado de temas complicados y le ha dado un giro más liberal a la postura de la iglesia. En general, me gusta el papa y las cosas que está haciendo. Sin embargo, aun algo no termina de encajar para mí. También hay cosas criticables como su postura amigable con lo peor de izquierda y su reunión con Kim Davis.

De acuerdo, es un gran avance que un papa hable sobre el tema del aborto, más aun que permita un perdón. Lo mismo con el tema de las preferencias sexuales de los creyentes. Y, de acuerdo, un disco de rock del papa es algo genial, no seamos conservadores. No me malinterpreten, estoy absolutamente a favor del aborto como decisión de la mujer, soy pro-choice, al igual que apoyo la igualdad de derechos y la preferencia sexual de una persona no podría importarme menos. Pero, por momentos, da la impresión de ser demasiado y demasiado rápido. Genera algo de desconfianza. A estas alturas a uno no le sorprendería algún reality show llamado “Desayunando con Francisco”, alguna aparición en una competencia de surf e incluso una novela erótica de monjas escrita por su santidad. Cuando algo cambia tan repentinamente y con tanto entusiasmo en mostrar el cambio, también genera el sentimiento de que nos están viendo la cara de tontos a todos.

No me gusta creer en rumores ni avalar ese periodismo de fuentes anónimas o no confirmadas. Así que cuando leo la noticia sobre la reunión del papa con Kim Davis, la mujer que fue detenida por negarse a emitir licencias para matrimonios del mismo sexo en los Estados Unidos, no hago eco de lo que se dice que hablaron. Sin embargo, sí parece ser un hecho que se reunieron en privado. Esto, para un papa tan progresista como Pancho, que apoya la inclusión de los homosexuales en la iglesia, levanta algunas sospechas.

Estas gracias populistas de Pancho –supongo que se me permite la confianza– parecen desviar la atención de sus movimientos políticos con una clara inclinación de izquierda. No es condenable, por supuesto, que Francisco visite Cuba, por aquello de que Dios lo ve todo y ese asunto. Pero si uno revisa con atención que lejos de solo pasar a saludar afectuosamente a Fidel y Raúl Castro, al igual que a la presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, el papa en sus alocuciones optó por un discurso sobrio limitándose a la religión y sus clásicos lugares comunes, alejado totalmente de cualquier comentario político o inconveniente para el gobierno cubano, el escepticismo regresa. Más aun visto en perspectiva con respecto a sus alocuciones en los Estados Unidos donde el papa aprovechó para comentar sobre la repartición de las riquezas del uno por ciento, invito a “revisar” varias cosas del sistema americano y criticó duramente el capitalismo.

Ya que la gente no me cree cuando digo que este papa es marxista, voy a citar sus palabras textuales: “No temamos decirlo: queremos un cambio, un cambio real, un cambio estructural […] este sistema ha impuesto una mentalidad de ganancia a cualquier costo, sin preocuparse por la inclusión social o la destrucción de la naturaleza”. El papa también habló de como la avaricia por el dinero era “diabólica”. Luego siguió con cosas como: “Ningún poder actual o ya establecido tiene el derecho de privar a la gente de ejercer su soberanía. Cuando lo hacen presenciamos el ascenso de nuevas formas de colonialismo, que perjudican seriamente la posibilidad de paz y justicia […] El nuevo colonialismo toma diferentes caras. En momentos aparece como la influencia anónima de mammon (avaricia mental): corporaciones, agencias de préstamo, algunos tratados del libre mercado, y la imposición de medidas de ‘austeridad’, que siempre aprietan el cinturón de los trabajadores y los pobres”. Juzguen ustedes.

Por supuesto, ¿quién soy yo para cuestionar al mensajero de dios en la tierra? Lo más cercano que he tenido a una experiencia religiosa fue cuando me quedé dormido cocinando una pasta carbonara e igual me quedó magnífica. Si dios está contra el capitalismo y necesita que el rock progresivo llegue a los oídos de todos, no se puede decir mucho. La fe y la religión, ya se sabe, no responden a la lógica ni tienen mucho respeto por el escepticismo ante ellas. No sorprende que muchos obvien el conjunto de acciones, que no vean the bigger picture. Por eso pido que me perdonen ser un poco más escéptico. Mea culpa, Pancho. Tal vez soy demasiado desconfiado y debería unirme a la fiesta de este papa que perdona el aborto, no tiene problema con los homosexuales, saca discos de rock, odia al capitalismo y coquetea con la llamada “nueva izquierda latinoamericana”.

Después de todo, el equivocado siempre puedo ser yo.