• Caracas (Venezuela)

Gabriel Antillano

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Gabriel Antillano

Todas las batallas perdidas

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La semana pasada se realizó la ceremonia de entrega de los premios Oscar. Sobre la ceremonia en sí se puede decir poco: escasas sorpresas, decisiones en su mayoría acertadas –a diferencia de entregas anteriores cargadas de nominados y ganadores cuestionables–, un espectáculo con algunos números musicales prescindibles, Neil Patrick Harris como un host aburrido y algunos discursos de agradecimiento muy buenos y otros bastante malos.

Es importante, si se pretende hablar del Oscar, mencionar la «controversia» que rondó la ceremonia de este año. Mucha gente criticó la ausencia absoluta de afroamericanos entre los nominados, algo que no ocurría desde la ceremonia de 1998. Además de esto, se cuestionó que la academia «ignoró» la película Selma (2014), sobre Martin Luther King, Jr., dirigida por Ava DuVernay, aun cuando se le nominó en las categorías de Mejor Película y Mejor Canción Original, por el tema “Glory”.

La película, como muchas otras, toca un problema real y, lamentablemente, con mucha vigencia: el racismo. Específicamente, la época de Luther King, las marchas de 1965 por los derechos para votar y la lucha por los derechos humanos y la igualdad en Norteamérica. El largometraje aparece en un momento de los Estados Unidos bastante propicio para que surjan discusiones sobre el tema. Es interesante recordar que la letra de la canción “Glory”, tema principal de la película, habla en cierto punto sobre lo ocurrido recientemente en Ferguson. Incluso, la canción fue usada en varias campañas con respecto al incidente.

¿Es Selma una buena película? Discutible. ¿Es el racismo un problema grave y actual que debe tratarse? Sí, aunque no necesariamente en el arte, el cual no sirve a los propósitos de la denuncia social. ¿Es realmente un acto de racismo que Selma no tenga más nominaciones o, en su defecto, que haya perdido? No.

Uno de los problemas principales de nuestro presente es la forma de plantear los problemas. El racismo es un problema y algunos aún soñamos con su ausencia en el futuro, junto con otras formas de discriminación como el sexismo y la homofobia. Tenemos un problema, pero la misma forma en que lo formulamos es parte del problema. Las formas de discriminación en la sociedad son evidentes hasta en el lenguaje, pero la batalla contra la discriminación debe ser siempre inteligente y racional. Al empezar a encontrar racismo donde no lo hay, al igual que protestar por cosas sin sentido, la causa pierde seriedad. Por ejemplo, aquella ocasión en la que el director Spike Lee criticó a Quentin Tarantino por el uso de la palabra «Nigger» (forma despectiva de dirigirse a los negros en inglés) en su película Django Unchained (2012), lo cual parece una broma si se tiene en cuenta que la película transcurre en el sur de Estados Unidos durante 1858, donde es poco probable que se le tratara a los negros de forma caballerosa y llamándolos con apodos simpáticos y cariñosos. Para desviarnos del tema racial, también hay otros ejemplos de gran estupidez en estos movimientos sociales, como cuando el escritor Bret Easton Ellis, quien, por cierto, es homosexual, expresó que la serie Glee era de las peores cosas que había visto en su vida y fue inmediatamente vetado de la cena anual realizada por la Gay &Lesbian Alliance Against Defamation (GLAAD).

Combatir la discriminación es una tarea muy noble y nos corresponde a todos, en mi opinión, contribuir con dichas causas. Sin embargo, repito, siempre se debe ser inteligente. Lo peor que puede hacerse ante un problema es tratarlo de forma banal y planteárselo de manera equivocada.

Volvamos al cine.

Son preocupantes las declaraciones que señalan discriminación en donde no la hay, porque demuestran que no se tiene claro el problema, y no hay nada peor que la ceguera mental. Es pertinente recordar que en la entrega del Oscar de 2013 el galardón de Mejor Película fue para 12 Years a Slave (2013), el drama histórico del director Steve McQueen basado en las memorias de Solomon Northup, un esclavo negro que describió los horrendos actos racistas de maltratos a los negros en las plantaciones de Louisiana. Al año siguiente, el premio de mejor director se lo llevó el mexicano Alfonso Cuarón. En la ceremonia de este año, la película Birdman (2014) se llevó los premios de Mejor Guión, Mejor Director (Alejandro González Iñárritu) y Mejor Película. Iñárritu también es mexicano. Protestar el racismo en una ceremonia cuyos mayores galardones se los lleva un mexicano resulta algo absurdo.

¿Es imposible pensar que tal vez ningún afroamericano –recordemos, una minoría– hizo alguna contribución en el cine americano que le mereciera una nominación? Peor aún me parece lo inconcebible que es para algunos que la película Selma no tuviese más nominaciones y solo se llevara el premio a Mejor Canción Original.

Aquí es donde creo que está lo grave. La crítica jamás debe tomar en consideración ni el sexo ni la raza al premiar, lo cual significa que no se excluya a nadie por su color o género, pero que tampoco se premie ni se favorezca a nadie por ello. Y esto, pues, va para todos. Premiar a una película porque su director es negro o mujer es algo terrible. Selma no es una película pésima, pero tampoco está al nivel de nominadas como Birdman, Boyhood (2014) o Whiplash (2014). Siempre se debe premiar la calidad, ese es el único criterio general para juzgar una obra. Nominar a afroamericanos por su color de piel no es algo que se deba celebrar. Si se le está ignorando debido a su condición como afroamericanos, también es condenable. Son aspectos que poco tienen que ver con el cine, al igual que otros como la denuncia social o la política, aunque a veces se encuentren para producir obras maestras y basuras insoportables.

Selma no merecía más nominaciones, incluso las que tuvo eran bastante discutibles. Una ceremonia de premiación americana que otorga reconocimiento –merecido, por cierto– a un mexicano en Estados Unidos es algo celebrable y que sirve como forma de legitimar a la misma Academia como ente crítico y jurado de calidad. Toda acusación de racismo queda algo floja y solo responde a un entusiasmo particular, y muy egoísta, con la película Selma.

Más importante me parece el hecho de que una película que es incluso inferior a Selma como American Sniper (2014) recibiera seis nominaciones que no merece –con excepción, tal vez, de Mejor Edición de Sonido y Mejor Mezcla de Sonido–. Esa es una discusión más pertinente, que además responde a un criterio de calidad claramente desviado. Lástima que la mayoría siempre prefiera las batallas inútiles y tontas, esas que están equivocadas desde su planteamiento, todas esas que son a su vez batallas perdidas.