• Caracas (Venezuela)

Gabriel Antillano

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Gabriel Antillano

Compartir la mentira

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La última vez que revisé mi página Facebook di con lo mismo de siempre: links de artículos en su mayoría tontos, videos considerados graciosos por quien los compartía, fotos de mis amigos (y de mi exnovia que últimamente parece lucir un mal corte de pelo, lo cual, para ser sincero, me alegra un poco), invitaciones a eventos y a jugar juegos online como Candy Crush, etcétera. Sin embargo, en toda esa caja de resonancia de nimiedades, encontré algo interesante: muchos de mis amigos compartían una noticia publicada por varias páginas titulada Jack Nicholson ya no recuerda ni su nombre (o su variante Jack Nicholson ya no recuerda quién es). La noticia, al menos la que leí publicada en Las2Orillas, redactada en un tono nada periodístico y bastante informal –ni mencionar la prosa mediocre y la pésima estructura–, hablaba de las últimas apariciones del actor (“En diciembre se le vio en una exposición de fotos de los Rolling Stones y aunque saludó con afecto a su amigo Mick Jagger, ya no pudo recordar las noches de cocaína y felaciones que disfrutaron juntos en Studio 54”) y las demostraciones al parecer evidentes del alzhéimer que supuestamente padece (“[…]su confinamiento en sus míticas mansiones de Mulholland Drive, se debía a que Jack ya ni siquiera podía recordar su nombre”). Luego de leer la noticia, decidí indagar un poco más, ya que el tono ofensivamente personal usado por Iván Gallo, quien redactó la noticia, me sorprendió. Al parecer la única prueba de alzhéimer es un rumor de Internet que aseguraba una retirada de Nicholson debido a no poder recordar sus líneas en las películas –rumor desmentido inmediatamente por la periodista y amiga personal del actor Maria Shiver–, además, la noticia del supuesto estado de salud de Nicholson solo existe en medios de habla hispana, mientras que en los demás medios internacionales se habla de rumores, los artículos en español hablan de verdades absolutas. Algunos de estos portales también hablaban de ciertas declaraciones de la hija del actor, aunque tales declaraciones no existen.

Este no es el primer caso de información falsa o rumores compartidos por muchos al punto de la confusión absoluta, ni creo que sea el último. En el mundo de Internet al parecer el problema no son los locos y los idiotas de siempre, son sus seguidores, los que comparten sus gracias.

En una entrevista, Alan Rusbridger, presidente de The Guardian, aseguraba que, contrario a la creencia de muchos, el periodismo no está muerto, sino que se encuentra más vigente que nunca. La teoría de Rusbridger se basa en que el flujo abismal de información de nuestros tiempos requiere filtros y solo el periodismo puede surgir como solución a esta necesidad. Sin embargo, entre el mal periodismo y quienes no conocen la diferencia, no pareciera ser una tarea fácil. Si bien, como dicen algunos, ahora todos somos comunicadores, a muy pocos han enseñado el significado de “chequeo de fuentes”.

En Venezuela se ha vuelto común la distribución de información errónea. Vivimos su punto más bajo recientemente con las fotos que aparecieron en redes sociales durante las protestas estudiantiles y la brutal represión; aunque muchas eran verdaderas, surgieron fotos de protestas en Colombia, Ecuador, algunos países europeos y de años anteriores. También ha ocurrido en elecciones (¿alguien recuerda las mismas fotos de militares quemando votos que comparten en la web durante cualquier proceso electoral?). Sin olvidar los incontables anuncios de muertes prematuras de personalidades –si se les puede llamar así– como Don Omar, Ricardo Arjona y Ricardo Montaner, al punto de que fuese necesaria la aclaratoria de la misma persona o de alguna fuente cercana. Lo que parece una equivocación inocente es en realidad algo más grave y le da la razón a quienes defienden que el Internet en realidad nos ha hecho más desinformados y tontos.

El rumor del alzhéimer de Jack Nicholson ni siquiera tiene un inicio respetable. Surgió a partir de un artículo de ese folletín sensacionalista llamado The National Enquirer, quienes inmediatamente tuvieron que lidiar con casi toda fuente cercana al actor desmintiendo la noticia. Lamentablemente, las mentiras siniestras siempre triunfan sobre las verdades aburridas. Entonces la aparición de Nicholson en una exposición de fotos de los Rolling Stones se convierte en una patética escena con un viejo perdido que no sabe dónde se encuentra, su decepción con el equipo de básquet los Lakers de Los Ángeles y haber vendido su asiento preferencial el cual llena desde los años setenta se transforma en una táctica de evasión para no ser visto con problemas de memoria, sus numerosas declaraciones sobre la soledad en su mansión son obviadas para pasar a ser un mito de anciano demente vuelto ermitaño y finalmente un rumor se convierte en realidad. No existe prueba alguna de que Nicholson sufra de alzhéimer, tampoco se ha pronunciado ninguna fuente confiable. Aunque su ausencia en Hollywood y la reclusión en su mansión de Mulholland Drive podrían levantar sospechas, una conjetura es una cosa y un hecho es algo completamente distinto. En el artículo sobre el supuesto alzhéimer de Nicholson publicado por Las2Orillas no entienden la diferencia: “La mala noticia se confirmó en noviembre: la razón de sus ausencias a los bacanales que asistía desde la década del ochenta y de su confinamiento en sus míticas mansiones de Mulholland Drive, se debía a que Jack ya ni siquiera podía recordar su nombre”.

Cuando, sintiéndome derrotado una vez ante el fracaso del periodismo, me disponía a apagar la computadora, reparé en un detalle que había pasado por alto. En el artículo de Las2Orillas, el cual tiene 945.719 visitas, se volvía a afirmar: “Cuando tenía 20 años intentó ser guionista y aunque tenía talento para escribir, sus proyectos naufragaron irremediablemente”. Esto me dejó verdaderamente estupefacto, ya era suficiente con mentir repetidas veces en una voz que casi aseguraba haber presenciado todas las inmundicias que decía, pero no haber hecho un simple chequeo de la vida de Nicholson parecía una derrota para la inteligencia. Cualquiera que lo haga sabrá que el actor sí realizó proyectos como guionista con un más que modesto éxito, tales como su guión para la maravillosa película de su amigo Roger Corman TheTrip (1967), o el western Ride in the Whirlwind (1966). Entonces decidí que era el momento para escribir sobre esto, luego creo que apagaré la computadora y no estoy seguro de querer volver a encenderla.