• Caracas (Venezuela)

Gabriel Antillano

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La Barbie mecánica: los juguetes y el sexismo

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Hace algún tiempo explotó una polémica por un nuevo juguete de la compañía española Berjuan. El objeto en cuestión es un bebé de plástico llamado Bebé Glotón, que llora cuando tiene hambre y su dueña debe amamantarlo. Dado que el producto va dirigido a niñas pequeñas, no se trata realmente de amamantar. El Bebé Glotón viene con un peto que posee dos flores de tela bordadas en el lugar al cual corresponden los pezones. Cuando el bebé llora, la niña, con el peto puesto, debe acercar su boquilla a una de las flores y, luego de sonidos de succión emitidos por el juguete, dejara de llorar. La indignación del público no se hizo esperar y ahora el último invento de Berjuan ha ocasionado polémica en el mundo entero. Algunos se muestran preocupados con respecto a la idea de que este producto podría promover el embarazo adolescente y crear traumas de maternidad prematura.

El realismo en un bebé de juguete con el que jugaran las niñas es, sin duda, un tema delicado. Sin embargo, existe un problema mayor que se viene dando desde hace décadas de la mano del boom publicitario en los años sesenta. Todo comercial de la industria de los juguetes toma una premisa separadora: hay juguetes para niñas y hay juguetes para niños. Los productos de entretenimiento infantil se dividen en el sexo de su público. Pero aún más preocupante es lo que se decidió otorgarle a cada uno. A los niños se les venden carros, aviones, espadas, figuras de acción de todo tipo, mascotas mecánicas, instrumentos de construcción, implementos deportivos, etc. A las niñas se les vende, en su gran mayoría, muñecas y bebés para que cuiden.

Males como el racismo y el sexismo pertenecen al conjunto de enfermedades sociales que se veían con mayor fuerza años atrás. Pero ni el racismo ni el sexismo han sido completamente eliminados. Capaz lo que haya disminuido sea su violencia y la cobertura mediática suele crear la mentira de que ni siquiera existen. A la menor muestra de ellos, la indignación no se hace esperar. Lo único seguro es que existen y aún son fuertes en la sociedad actual.

La muñeca Barbie, lanzada en 1959 por Mattel, Inc., solía ser un ejemplo del machismo arcaico. Se le vendía a las niñas de la época una muñeca con distintos atuendos que aparentemente su único trabajo era lucir espectacular, según el estándar de belleza pop americano. Rubia, sonriente y de proporciones increíbles, la Barbie solo cambiaba su vestimenta. Ya sea en traje de baño o distintos atuendos a la moda, la muñeca parecía no hacer más nada que vivir una vida de goce. Esto fue notado y criticado hasta que vino una reforma en la creación más exitosa de Mattel. Surgió la Barbie doctora, la ejecutiva y la exploradora, entre otras.

Más allá de los cambios en el mismo concepto de la muñeca y el bebé artificial, no cambia el hecho de que a las mujeres se les ha limitado el campo de entretenimiento en su infancia con lo único que se cree adecuado para ellas. La publicidad no imagina una niña que sienta interés por un juego de construcción o un carro a control remoto. Incluso los kits de deporte cuentan con comerciales donde solo aparecen niños, como si la participación de mujeres en campos deportivos fuese inexistente.

La publicidad ha sido uno de los creadores de esta división sexista. Desde los años sesenta se ha venido llevando a cabo una cruzada por establecer que ciertos juguetes son para hombres y otros para mujeres. Un ejemplo sencillo y cotidiano sería cómo nunca se ve a una niña en los comerciales de carros a control remoto, a menos que este sea un automóvil rosado, diseñado pensando en el público femenino.

Con la evolución que se ha venido dando poco a poco con respecto a estos temas, aún parece ser que el reino de las muñecas y los bebés continuarán con el monopolio de los juguetes infantiles para el género femenino. La variedad de recreación le sigue perteneciendo a los varones y nuestra mente sigue siendo demasiado atrasada para ver la equivocación en ello. Nos falta mucho por aprender.