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Froilán Barrios

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Froilán Barrios

Las viudas del Muro de Berlín

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El 25 aniversario de la caída del Muro de Berlín proyectará las añoranzas de quienes se formaron bajo la sombra del socialismo real, derivado a lo largo del siglo XX en viles experiencias de las más crueles dictaduras, sepultureras de la democracia y del ideario socialista, representado en el ominoso culto a la personalidad trasplantado ahora a tierras venezolanas por una izquierda rastrera importadora de estos métodos que asolaron la humanidad.

Conjuntamente con la construcción de esta muralla, se constituyó una solidaridad incondicional, en la que partidos políticos, literatos de todos los géneros y hablas de prominente fama universal e instituciones sociales se rasgaban las vestiduras en apoyo incondicional a todas las invasiones, tropelías que se planificaban desde el Kremlin para ahogar en sangre y represión las ansias de libertad y revolución.

El razonamiento era y sigue siendo muy simple, todo lo que decidía el Big Brother de la URSS era bienamado por ser proveniente de la patria soviética, en contra de la agresión imperialista y de las burguesías cipayas. Ello conllevó a convalidar genocidios y a servir de obstáculo a procesos revolucionarios, como lo fue el caso de Polonia en 1980.

A lo largo del siglo XX la galería del terror fue prolífica. Destacan la invasión a Budapest en 1956, donde el ejército soviético aplastó la revolución de los consejos obreros húngaros; en la misma década se ejecutó igual práctica en Alemania Oriental y en Polonia. Los expedientes purgatorios del estalinismo del Kremlin de Nikita Kruschov fueron el preludio a la invasión a Checoslovaquia y la Primavera de Praga en 1968, al actuar las fuerzas del Pacto de Varsovia para contener el derrumbe de un sistema negador de toda libertad y democracia. Pues bien, se legalizó una prisión de pueblos sustentada en tenebrosas policías políticas, la GPU y la KGB, escuela originaria de la Stasi de Alemania Oriental, la Securitat de Rumania, entre otras, formadas como mecanismos represivos similares al emblemático Muro, que simbolizaba la Guerra Fría y la existencia de dos mundos antagónicos.

Hasta que se rompió el crisol en 1980 y la Polonia del dictador Jaruselski fue sacudida por un poderoso movimiento sindical surgido de los astilleros del Gandsk en el mar Báltico, Solidarnosc, que echara a andar el dominó que derrumbó al bloque soviético. Esta realidad fue sentenciada por Gorbachov en 1986 y la perestroika, cuando este reconociera que en la URSS jamás existió el socialismo.

Aquel 9 de noviembre de 1989 con la voluntad del pueblo alemán de destruir ladrillo a ladrillo el odiado Muro, se descubrió ante el mundo entero la gran farsa de la historia, creada por regímenes que impusieron la pobreza y la miseria como virtudes para justificar un socialismo dictatorial conculcador de todo género de libertades, en función de la constitución de un Estado todopoderoso e inmensamente rico y dominador de un pueblo raquítico condenado a la precariedad más abyecta.

 

*Movimiento Laborista