• Caracas (Venezuela)

Froilán Barrios

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Las paradojas del 30% de aumento salarial

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En cualquier país del mundo donde el gobierno aumente 100% el salario en un año, determinaría el adelanto de fiestas patronales y fuegos artificiales, en el caso de Venezuela surte efecto contrario, cuando el presidente anuncia a tambor batiente porcentajes del nuevo salario nadie se alegra, ya que la medida profundiza distorsiones en la economía y propaga la inflación voraz.

En efecto, en diciembre 2014 un trabajador devengaba un salario mínimo de 4.889 bolívares, para registrar hoy luego de 10 meses desde el 01-11-2015 un salario mínimo de 9.648 bolívares, con ingreso adicional del cestaticket de 0,5 a 1,5 de la unidad tributaria, que traducida en bolívares son 6.750 adicionales, sumando en total 16.500 bolívares al mes, excluido el cestaticket del salario para el cálculo de vacaciones, bonificación de fin de año y derechos laborales.

Cuando el trabajador va al mercado con ese fajo de billetes despierta de la ilusión monetaria de haber recibido sustanciales aumentos en tan corto lapso y al mismo tiempo haber perdido 40% de la capacidad adquisitiva. Es decir, hoy con 16.500 bolívares de ingreso comprará  menos productos en calidad y cantidad de la canasta alimentaria, para muestra esta alcanza la cantidad de 50.000 bolívares y la básica cercana a los 80.000 bolívares.

La ingeniería económica se encargará de explicar semejante entuerto, ya que en el mercado uno más uno no suman necesariamente dos, sino todo lo contrario, y es que en realidad el desbalance adquisitivo proviene de una inflación proyectada para el año 2015 cercana a 200% y otra subterránea que la duplica, producto de la escasez de divisas secuestradas por el Ejecutivo nacional.

En resumen, los venezolanos cobramos salarios en bolívares, pero concurrimos a un mercado comprando los productos con base en el monto del dólar paralelo, ya que la escasez de divisas determina al empresario privado mantener su inversión y buscar el mercado paralelo, para de esta forma ofrecer al consumidor a precios astronómicos los productos para la subsistencia.

Entre tanto, el gobierno manipula a sus anchas las divisas, disfruta la administración del dólar a 6,30 bolívares utilizado para las voluminosas importaciones controladas por sus empresas, y las ofrece al mercado en condiciones impuestas unilateralmente y con las restricciones que abusivamente impone.

De esta manera el consumidor es víctima de un juego diabólico concurre al mercado con precios condicionados por el dólar paralelo, y cuando va a la oferta más barata de productos en las cadenas de abastos públicos y privados se encuentra con las humillantes colas y la militarización intimidante, no quedándole otro recurso que recurrir a la oferta del bachaqueo como única vía de acceso a la canasta alimentaria, donde se ubican los productos igualmente a precios del dólar paralelo.

Traducido en criollo, “si lo pela el chingo lo agarra el sin nariz”. Aun cuando la publicidad oficialista nos tilda el pueblo más feliz del mundo, donde realmente hemos caído es en la peor degradación humana de nuestra historia, y un país donde el trabajo, como la vida, no valen nada.

 

*Movimiento Laborista