• Caracas (Venezuela)

Froilán Barrios

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Las elecciones primarias de Argentina

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Toda hegemonía gobernante se plantea como bandera la democracia con códigos y  ritos asumidos en ejercicio del poder. En el caso venezolano, luego de la caída de la dictadura perezjimenista, el puntofijismo aprobó la Constitución de 1961 como un logro universal. Sin embargo, ¿cuánto tardó  para que se aplicara el artículo 137 que daba paso de un Estado centralizado, a la transferencia de competencias a estados y municipios y la descentralización administrativa? Casi 30 años. A tal punto de que el argumento preferido de la jerarquía adeca de la época para rechazarlo era que “los venezolanos no somos suizos”. Finalmente, el bipartidismo entendió su importancia cuando el sol  pegaba en la espalda y el Caracazo de 1989 pesaba una tonelada en la agonía institucional del pacto gobernante.

La tradición señala que la historia es terca y los humanos, particularmente los gobernantes y opositores, se empeñan en ignorarla hasta que salta la liebre ante la ceguera del poder. Los venezolanos en tiempos de socialismo del siglo XXI hemos participado en casi una veintena de elecciones en 16 años, manifestando el deseo de resolver la crisis política, económica  y social de nuestro país con el voto y no con las armas, actitud que no ha contado con un liderazgo político capaz de interpretar el talante y aprendizaje democrático de la población.

Más bien, desde el Estado el oficialismo ha utilizado todo el peso del poder para envenenar los procesos electorales ejecutivos y legislativos, y convertirlos así  en una caricatura que justifique el control social y dominio del resto de poderes públicos, entre tanto la MUD en cada evento electoral demuestra su actitud de ungirse como única y exclusiva alternativa opositora.

Tras décadas de marchas y contramarchas derivadas en una nación expoliada por un proyecto político insensato y corrupto, ¿cuál es el balance de renovación del liderazgo político ante la proximidad de las parlamentarias 2015? Aun cuando hubo exigencias de primarias generales de la militancia oficialista como de la opositora, el resultado es que de 87 circuitos la MUD solo eligió candidatos mediante consulta popular en 33 circuitos y el resto –54 circuitos y 24 listas estatales– fue entregado a una decisión cupular de 4 partidos; entre tanto, por el lado gubernamental la cúpula del PSUV se reservó la designación de las 24 listas estatales, al extremo de que diputados en ejercicio raspados en las caricaturescas primarias oficialistas han sido impuestos dedocráticamente en las listas del partido gobernante. En resumen, dos tercios de aspirantes a la Asamblea Nacional de las dos formaciones políticas más importantes fueron impuestos por los burós partidistas.

Cuando vemos la experiencia de las primarias argentinas financiadas todas por el Estado, en las que vota un padrón de 32 millones de electores y eligen candidatos a presidente de la nación, legisladores nacionales (senadores y diputados), diputados al Mercosur, y en diferentes provincias (en la misma u otra fecha del calendario 2015) se eligen candidatos a gobernadores, legisladores provinciales y autoridades municipales, podemos preguntarnos: ¿Serán suizos también los argentinos?