• Caracas (Venezuela)

Froilán Barrios

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El cementerio de los elefantes

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La semana pasada pudimos presenciar el show mediático gubernamental de ocupación de una fábrica del sector químico, arrebatada de las manos del imperio y entregada en acto heroico a los trabajadores para que ejerzan el control obrero de los medios de producción. Acción apoyada por el sindicato quE manifestara “estar en pie de lucha y con el apoyo del Ejecutivo reiniciar sus labores en los próximos días, ya que tienen el conocimiento y la experiencia de más de 20 años”.

La angustia de aproximadamente 500 trabajadores de Clorox al ver sus puestos en peligro, la condición de vida de sus familias y buscar aferrarse a una tabla de salvación es totalmente justificable, lo que es inaceptable es el caradurismo gubernamental de manipular la tragedia laboral, siendo el origen de la crisis y la incertidumbre de decenas de miles de empleos en el sector privado y en empresas del Estado.

Veamos el prontuario del Ejecutivo nacional en su empeño de “recuperar empresas” que luego languidecen en manos de la corrupción y la desidia, siendo su minuto de gloria el haber sido mencionadas en un Aló, Presidente dominical del comandante, para luego desaparecer en la polvareda del camino.

El de la empresa Venepal, factoría de papel, recuperada por los trabajadores para constituir una Cooperativa Coinpa que labora a su vez para Invepal, la empresa estatal. Finalmente, la relación de Invepal con Coinpa no es de trabajo asociado ni de cogestión, solo de tercerización y desconocimiento de todos los derechos laborales.

Tavsa, fábrica de tubos que está ubicada en Ciudad Guayana, lleva cinco años paralizada y la producción ahora es importada desde China; igual suerte padecieron los trabajadores de la empresa de aluminio Rialca, en la zona industrial de Valencia, esperando el reinicio de operaciones luego de cinco años de promesas del gobierno, pasó de producir rines a fabricar tapas de olla de aluminio.

En el caso de las estatizaciones de 70 empresas contratistas petroleras de la Costa Oriental del Lago se absorbió a 8.000 trabajadores y quedaron sin empleo 16.000; la situación de los trabajadores de Agroisleña donde los dirigentes sindicales fueron despedidos, desconocidos los contratos colectivos y la empresa en quiebra.

Sidor, la joya de la corona, al estatizarse en 2008 la producción de 4,5 millones de toneladas por año, con la administración del consorcio argentino hacia 2007, cayó desde 2009 a 30%; el contrato colectivo firmado en 2014 con un retardo de 6 años, y militarizada la empresa.

La lista es interminable. Invetex, en Tinaquillo, corrió la misma suerte de extinguirse, junto con Telares Fénix, en Guárico, y Sanitarios Maracay, Central Pío Tamayo, en El Tocuyo, Inveval, fabricante de válvulas petroleras. En fin, si agregamos la tragedia de las empresas estatales Pdvsa, Corpoelec, Petrocasa, cementeras, donde la ruina es su cualidad y violación de derechos laborales, no nos queda otra que recurrir a la mitología africana para percibir el fin de estas empresas, en el mismo lar donde perecen los elefantes moribundos.

 

*Movimiento Laborista