• Caracas (Venezuela)

Froilán Barrios

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Rumbo a la sociedad del salario mínimo

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En el escenario del reciente IV Congreso del Laborismo venezolano nos planteamos una serie de interrogantes sobre el destino de las condiciones laborales de los trabajadores de este país labradas desde el siglo pasado y desmanteladas paulatinamente por las políticas públicas de un régimen que se denomina socialismo del siglo XXI conducido por un presidente autocalificado obrero.

Una de ellas es el salario y su evolución actual, concepto fundamental para definir la condición de vida laboral en cualquier región del planeta, tal como planteara el sociólogo francés Robert Castell (1997). Condición proletaria, condición obrera, condición salarial, tres formas dominantes de cristalización de las relaciones de trabajo en la sociedad industrial, también tres modalidades de las relaciones del mundo del trabajo con la sociedad global, las cuales plantean la metamorfosis de la relación hombre-trabajo, evolucionando desde la exclusión expresada en la condición proletaria, pasando por la condición obrera donde se constituyen sindicatos y contratos colectivos y la sociedad salarial donde el trabajador accede plenamente a los bienes de la sociedad.

¿En qué estadio nos encontramos hoy los trabajadores venezolanos? Cuando creíamos en la segunda parte del siglo XX ubicarnos en una fase superior, hoy nos encontramos en el punto de partida, en una etapa de profundo retroceso. Con el aumento de 10% al salario mínimo del próximo 1° de julio 2015 a 7.400 bolívares, alcanzaremos un récord en el cual aproximadamente 70% de la población formal se encontrará devengando salario mínimo y ese registro es una aberración en la distribución salarial de cualquier país del mundo.

En otros países de América Latina, como México, Brasil, Colombia, Chile, Uruguay, Costa Rica, el salario mínimo lo devenga entre 10% a 15% de la población formal; en nuestro caso indica el efecto premeditado de las políticas estatales de aplanar las escalas salariales, abaratar la mano de obra y convertirnos en una sociedad de salario mínimo.

Con el agravante del derrumbe del poder adquisitivo y la caída brutal de la condición de vida con la escasez, el desabastecimiento y la inflación proyectada para este año a 170%. Para muestra, en la década de los sesenta con un salario mínimo de 8 bolívares diarios, usted podía comprar 8 arepas; incluso en los setenta con un salario mínimo de 15 bolívares, una cantidad similar; hoy, en 2015, sumando el salario mínimo de 7.400 bolívares, más el cestaticket, tendrá un ingreso global mensual de 9.400 bolívares, al llevarlo a salario diario le alcanzará si acaso para comprar una sola arepa.

¿Qué segmento laboral logra medio protegerse frente a esta debacle salarial? Los que están afiliados a sindicatos, federaciones y logren aprobar contratos colectivos, los cuales son una élite de una población formal aproximada de 7.800.000 trabajadores, solo 3.000.000 están registrados sindicalmente, de los cuales 2.000.000 cubiertos por el contrato marco público mantienen una larga espera de 10 años sin aprobarlo. Como vemos, el socialismo del siglo XXI no es el paraíso laboral que vociferan.

 

*Movimiento Laborista