• Caracas (Venezuela)

Froilán Barrios

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Polar, más allá de la frontera laboral

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Desde que el difunto presidente a mediados de 2010 anunciara en cadena nacional que le parecía de maravilla la explanada de Los Cortijos, donde se ubica una de las plantas de producción de Polar más emblemáticas del país para expropiarla y construir viviendas, se produjo un cataclismo en las bases obreras del sector privado en Venezuela, afectos mayoritariamente al discurso redentor del extinto comandante.

Eran los tiempos del todopoderoso “Exprópiese”, con el que se adornaba el discurso presidencial en sus Alo, presidente, para luego dejar en el camino un cementerio de empresas quebradas y decenas de miles de puestos de trabajo perdidos o precarizados luego por la negligente gerencia pública oficialista, hoy victimas del encanto del verbo del resentimiento y del rencor contra la empresa privada.

En ese espejo se vieron reflejados millares de trabajadores quienes optaron por constituir a finales de ese año el Frente Autónomo en Defensa del Empleo, Salario y Sindicato y así contener la vorágine estatista, luego mediatizada para intentar reconciliarse con los trabajadores descontentos entre otras razones, con la promulgación del ilegal Decreto Ley Orgánica del Trabajo en mayo 2012.

Desde 2014 ha arreciado una nueva ofensiva del Ejecutivo Nacional contra el sector privado, ésta vez se amenaza a millones de empleos y la existencia de empresas privadas con la drástica reducción de la venta de divisas en dólares Bajo el argumento de la guerra económica y conspiraciones imperialistas, se esconde la más grande estafa cometida por algún gobierno contra una nación, al conducir los recursos necesarios para el funcionamiento de la economía, hacia la corrupción y financiamiento del proyecto ideológico gobernante.

Por tanto, es necesario reconocer la posición valiente de la mayoría de los trabajadores y sindicalistas de la Polar, quienes en todas las circunstancias relatadas desde 2010 hasta el presente 2015, han asumido la defensa en primer lugar de su trabajo y de su condición de vida y consecutivamente la existencia de la empresa como promotora del trabajo decente.

El sindicalismo oficialista ha planteado que estos trabajadores y ustedes son ahora patronales, cuando en realidad se reconoce que las relaciones de trabajo son conflictivas, con puntos de vista diferentes entre empresarios, gerentes, sindicatos y trabajadores, y al mismo tiempo establecemos que éstos  se resuelven mediante el diálogo y contratos colectivos bien remunerados, cuyo alcance hoy por cierto son los mejores a escala nacional. Si no, pregúntenle entre otros a los petroleros, sidoristas o los profesores universitarios.

Estos trabajadores han marcado la pauta al unirse obreros, empleados, supervisores y personal gerencial, rompiendo las fronteras y el odio de clases promulgado desde el Estado para enfrentar las aviesas intenciones de un régimen cuyo objetivo es controlar a los sindicatos, extinguir al sector privado y financiar a un Estado poderosamente rico en medio de un mar de pobreza que azota a toda la población.