• Caracas (Venezuela)

Froilán Barrios

Al instante

Mambrú se fue a la guerra y el país a la miseria

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Los anuncios gubernamentales de movimientos militares por el este y oeste, por el norte y  sur del país, donde se movilizan 4.000 soldados a la frontera del Táchira con Colombia, otro contingente similar para la frontera zuliana por Paraguachón, ejercicios de combate en las costas de Falcón y en el oriente hacia la frontera con Guyana, pretenden señalarle al mundo entero que Venezuela es un polvorín bélico y un país crucificado por las fauces imperiales.

Y aunque no lo crean, políticos avezados allende nuestras fronteras engullen la fantasía del vasto aparato comunicacional gubernamental, que utiliza como mascarón de  proa a Telesur y a punta de canciones de Mercedes Sosa y la Nueva Trova Cubana difunden la versión balurda de que el drama venezolano es producto de la lucha de clases entre la derecha oligarca y un gobierno socialista y revolucionario. Algunos se lo creen por no entender que ya la Guerra Fría feneció y otros por ser vivianes pertenecientes al clan del Alba y del Foro de Sao Paulo, consecuentes chulos de los recursos nacionales.

Ahora bien, la iniciativa gubernamental no es nueva. Desde el gobierno del presidente Hugo Chávez (2008) se anunció la creación de milicias en las empresas del Estado, ministerios e instituciones públicas, cuantificándose más de 200.000 trabajadores bajo entrenamiento militar ante probables invasiones del imperio. Recordemos el cuento de la guerra asimétrica ante el posible asalto a las instalaciones petroleras de Paraguaná. De hecho, bajo el concepto de reservas, patrullas y milicias, se organiza a trabajadores militantes del PSUV para impedir paros y  justas movilizaciones de protesta ante la creciente precarización laboral.

¿Cuál país existe en verdad? El de Maduro, que siguiendo el guion cubano desde La Habana promueve un clima artificial de guerra civil si pierde las elecciones parlamentarias y de confrontación irresponsable con los países vecinos para justificar los decretos de estado de excepción, que agravan aún más la situación de miseria de la población.

O el país verdadero, donde han cerrado desde 2008 más de 7.000 empresas industriales y se han perdido 300.000 empleos, con una inflación proyectada según consultoras para finales de 2015 de 200%, la cual es conservadora porque la subyacente con precios al dólar paralelo sobrepasa 300%, determinando una caída brutal del poder adquisitivo en más de 40%.

A 40 días de haber inaugurado el estilo de gestión con estados de excepción como marca de fábrica, las colas en todo género comercial no cesan; por el contrario, se expanden y se multiplican porque el desabastecimiento y la escasez pulverizan los debilitados bolívares percibidos como salario. Este cuadro dramático se profundizará ante la devaluación de facto del bolívar, cuyo ritmo diario anuncia un dólar paralelo de 2.500 bolívares para el próximo año.

Jugar a la guerra para mantenerse en el poder es criminal. Aún más, pretender sacrificar a un pueblo en función de un proyecto político inviable y fracasado es la miseria de un gobernante.