• Caracas (Venezuela)

Froilán Barrios

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Cuba: ¿ la noche quedó atrás?

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El reinicio de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos marca el fin del último mito de la Guerra Fría, contexto dominante en la segunda parte del siglo XX a escala mundial. Es más, la revolución cubana fue un producto bastardo de la confrontación permanente entre la URSS y el Departamento de Estado, aliviada luego con la política de la coexistencia pacífica, compartida entre las dos máximas potencias para así definir diplomáticamente sus áreas de influencia en el orbe.

Estas peculiares circunstancias convirtieron a la floreciente revolución cubana en la década de los 60, en un extraño objeto del deseo para la intelectualidad pequeño burguesa, convirtiendo a la isla del Caribe en un destino obligado del turismo revolucionario, tal como fue la Yugoslavia de Tito del fracasado socialismo autogestionario luego de la Segunda Guerra Mundial, curiosamente enfrentada a los desmanes de Stalin y del socialismo real.

De tal manera que era común en La Habana la visita de la intelectualidad europea y latinoamericana, de la talla de Jean Paúl Sartre, Simone de Beauvoir, Rene Dumont, junto a Pablo Neruda, Siqueiros, García Márquez, entre otros, quienes aspiraban a conocer el albur revolucionario y el futuro del hombre nuevo, basura ideológica presentada como marca de fábrica para embaucar a media humanidad.

Entre tanto el mundo entero conocía las veleidades del hoy octogenario y retirado Fidel Castro, quien en sus afanes de líder tercermundista desafiaba al imperio en su patio trasero, proclamando en el Primer Congreso del Partido Comunista Cubano, la transición del socialismo al comunismo, tejiendo a placer la prisión de pueblos en que se convirtió la ilusión de un país, cuya población contribuyó a echar del poder al dictador Fulgencio Batista en el año nuevo de 1959.

Del mismo modo, La Habana fue destino de la cuna del foquismo latinoamericano y del sueño de centenas de fracasados guerrilleros, cuyo sueño era emular al Che Guevara y posar algún día en el estilo de la legendaria e inmortal foto de Korda, como símbolo de la entrega a la revolución. Junto a este ambiente trashumante se añaden las toneladas de debates madrugadores en la izquierda mundial sobre la naturaleza de la revolución cubana, si era un gobierno obrero, obrero-campesino o pequeño burgués que derivaron luego en la cloaca de una dictadura, más emparentada con los feroces gorilas del cono sur, sin ningún rasgo de democracia de algún sistema político moderno y con miles de presos, asesinatos y desaparecidos.

Como dice el viejo refrán sufrido por tantos exilados tanto nadar para morir en la orilla. Si bien es cierto el embargo sirvió sólo para justificar el aislamiento por parte de un macabro régimen que disfrutó a placer de un contexto ya descrito, no puede ser al argumento que pretendan utilizar los Castro como únicos mandatarios en 56 años, cuya capacidad reconocida fue subsistir primero de la URSS y hoy de Venezuela, logrando beneficios para la Nomenclatura del PCC, que no se compadecen con una economía en ruinas y su derivado una población famélica.