• Caracas (Venezuela)

Froilán Barrios

Al instante

Amargo trago vino tinto

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El deporte es tan serio como la comicidad de Laureano o cualquier sesudo análisis político diario del acontecer nacional; por tanto, opinar de lo acontecido en la Copa América a la selección nacional Vinotinto es un ritornello de lo vivido en nuestra accidentada tradición futbolera.

De mi llano querido se aprenden todos los argumentos de “no te metas en camisas de once varas” o “no le agarres el rabo a perro que no conoces”, aun así me atrevo a hurgar pasiones ante tantas primeras páginas consoladoras como: “Morimos con las botas puestas”, “por lo menos tenemos una base”, “se demostró la garra Vinotinto”, para despertar con la cruel realidad, competimos pero perdimos como siempre.

De qué vale comenzar de nuevo un sueño ahora mentado Rusia 2018 sin revisar profundamente el nivel técnico de nuestras selecciones, ante el avance de otros países con menor tradición futbolera que nosotros, si analizamos a países de Centroamérica o al África, al Asia, donde los resultados superan de largo lo realizado por la Federación Venezolana de Fútbol.

Recurrir permanentemente a que por suerte del destino somos suramericanos y por tanto estamos condenados a competir con selecciones centenarias, que nos limitarán in eternum el acceso a un mundial, es esconder y maquillar la realidad del fútbol venezolano caracterizado por la improvisación de una FVF, que ha manejado millonarios recursos suficientes para una mejor performance.

La sentencia reciente del técnico Vinotinto de cara al evento de balompié más antiguo del planeta es monumental: “No hubo tiempo para acoplar la selección”, refleja la ausencia de planificación de la FVF, donde priva más el business de las cuotas de participación pagadas por la FIFA que la posibilidad real de triunfo.

A pesar de los vacilones de la fanaticada al rendimiento de algunos jugadores, no pongo en duda en ningún caso la calidad y la disposición que reflejan en la cancha, pero con eso no se gana si no hay técnicas ni tecnologías globales para enfrentar a otras selecciones que sí las utilizan permanentemente, de allí la inconsistencia e irregularidad del equipo que un día le gana a Colombia y el resto de partidos luce de bajo nivel.

Recalco, es la oportunidad para meterle el ojo a una FVF y a la estructura del fútbol nacional dirigida por tres décadas por alguien conocido como el zar del fútbol venezolano, hoy preso en Suiza, quien tendrá que explicar cómo era propietario de cuentas millonarias en dólares, que debieron ser utilizadas para el verdadero desarrollo de este deporte en nuestro país y no en su enriquecimiento personal.

La gran pregunta: ¿podrá algún día el fútbol nacional deparar las glorias de otros deportes como el béisbol, básquetbol, voleibol y otros?, depende de la calidad de los conductores, porque material humano hay y de sobra en el mundo entero de futbolistas venezolanos que demuestran su calidad, quienes no funcionan al ritmo del marketing sino de ansias de triunfo para nuestro país, ante una afición que abandonó otras camisetas para abrazar la suya, la Vinotinto.   


*Movimiento Laborista