• Caracas (Venezuela)

Freddy Lepage

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La tarjeta única contra la dispersión y los “aventureros”...

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En el seno de la oposición se está dando, sin mucho ruido –como debe ser– una interesante discusión sobre el uso de la tarjeta única en los venideros (?) comicios parlamentarios. Argumentaciones se dan a favor y en contra. Somos conscientes de que ninguna solución es perfecta, todas tienen elementos positivos y negativos. No podría ser de otra manera, en política todo depende de las circunstancias y los momentos en que se hagan los planteamientos y sus correspondientes análisis y decisiones. En todo caso, lo más relevante es que, a la hora de las chiquiticas, pesen más los factores favorables que los que podríamos considerar como negativos.

Ya algunas importantes individualidades, como Henrique Capriles, se han manifestado abiertamente a favor de la tarjeta única, al igual que algunos partidos. Un Nuevo Tiempo y su dirección nacional en pleno, representados en la vocería de su presidente, el diputado Enrique Márquez, se han mostrado partidarios de la tarjeta única como instrumento para, por un lado, amalgamar, potenciar y blindar el deseo unitario que priva en la sociedad democrática, a los efectos de enfrentar a este régimen perverso capaz de hacer todo lo que tenga a su alcance para desunir a las mayorías nacionales que aspiran a un cambio ante el deplorable estado en que se encuentra Venezuela; y, por el otro, minimizar los efectos disolventes de aquellos saltatalanquera que presentarán listas y candidatos distintos de los de la MUD, bajo la mimética premisa de que también son de oposición.

Si los partidos que hacen vida en la MUD se presentan con sus propias tarjetas (hecho legítimo, por lo demás) le facilitarían a los “opositores” divisionistas el trabajo, habida cuenta de que el elector, al ver tal cantidad y variedad de tarjetas, le sería difícil reconocer a los camaleones infiltrados (muchos de ellos con respaldo encubierto del oficialismo, por aquello de que “divide y vencerás”) de los verdaderos representantes de la MUD. Este no es un punto que se puede despachar a la ligera, el voto opositor hay que blindarlo a como dé lugar, para evitar la dañina dispersión que, tal como ha ocurrido en el pasado, significaría una pérdida de diputados que se sumarían al poderoso torrente bolivariano, cuando digo bolivariano me refiero no a aquellos admiradores del Libertador, sino a los adoradores de lo que una vez se llamó el bolívar fuerte.

Argumentos en contra destacan que al ir cada partido con su tarjeta propia se estimularía la “sana” competencia entre ellos potenciando las posibilidades de ganar. Creo, en lo personal que la hora de que las organizaciones políticas traten de sacar réditos para sus respectivas toldas no puede, ni debe, estar por encima del interés colectivo, ya que no estamos ante unas elecciones democráticas normales, sino más bien ante una coyuntura preñada de peligros que requiere madurez, desprendimiento y comprensión real de que lo que está en juego no es otra cosa que la esencia de la democracia misma. Es la hora de asumir riesgos, y si ese riesgo está representado por la recolección de firmas de afiliados (no estoy tan seguro de que así sea) después de culminado el proceso electoral, bienvenido sea. La política requiere del penar profundo, de los cálculos fríos, pero también de jugarse a Rosalinda cuando llegue el momento; no siempre el cuide es la mejor opción.

 

@Freddy_Lepage