• Caracas (Venezuela)

Freddy Lepage

Al instante

¿Qué pasará después del 6 de diciembre?

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Esta es una interrogante que  martilla con reiteración la mente de muchos venezolanos. Es una preocupación sobre el futuro de nuestro país y sobre el destino de sus vidas luego de superada la fecha de las elecciones parlamentarias. La bola de cristal para dar una respuesta acertada no la tiene nadie. Se hacen elucubraciones según el sesgo político. Algunas de ellas confunden los deseos, las esperanzas, con las posibilidades reales. En estas incluyo a la colectividad democrática que busca un cambio y, también, a los gobierneros de toda calaña, que aspiran a seguir disfrutando de este ya menguado festín. En fin, todavía queda algo de sustancia en la olla para seguir raspándola, hasta dejar el fondo seco.

Ahora bien, habiendo dicho esto, lo que queda es analizar algunos escenarios, desde un punto de vista lo más neutro posible; es decir, sin caer en lo que acabo de señalar anteriormente. Abrimos fuego con cuatro posibilidades, sobre la base de que, a todo evento, se van a realizar las votaciones, para luego pasar a plantear otras factibles de suceder gracias a los altos decibeles de incertidumbre existentes. Las encuestas se empeñan en el triunfo de la oposición, que puede ser de dos tipos. Uno, que la MUD logre una amplia mayoría parlamentaria (interpretando muchos sondeos sería perfectamente factible). Dos, que la MUD triunfe por un margen pequeño de diputados. Del lado del gobierno, puede ocurrir algo similar, si tomamos en cuenta el ventajismo, la criminalización de la política y la parcialización grosera del CNE y otras instituciones del Estado. O sea, una mayoría relativamente amplia o un cuasi empate en el número de diputados.

Lo otro es el marco del enrarecimiento de la situación social nacional, que Maduro utilizaría para no realizar o posponer las elecciones. Esta circunstancia está conformada por dos fuentes diametralmente distintas; situadas en las antípodas. Por un lado, que el propio régimen suba intencionalmente la violencia política y social a un máximo, para tener una razón para suspender las elecciones, alegando un estado de conmoción que amerite una medida de esta naturaleza. O, algo que a mi juicio está más lejano: crear un clima prebélico que justifique el estado de excepción, como el decretado en algunos municipios fronterizos del Táchira, a los efectos de evaluar la efectividad de esta medida. El reclamo sobre el territorio Esequibo no le dio los resultados esperados. En suma, un ambiente generado por el propio gobierno que, al sentirse derrotado, le dé un palo a la lámpara.

Pero también pueden surgir eventos inesperados derivados del creciente malestar social –habida cuenta de la inacción oficialista en materia económica, la caída abrupta de los precios petroleros, la corrupción, la inseguridad y las largas colas para comprar los escasos alimentos de la dieta básica y las medicinas que aparecen de manera intermitente– que disparen un estallido social indeseable que haría imposible la gobernabilidad, lo cual causaría un caos terminal. O sea, fin de fiesta... Las consecuencias de estos hechos y sus complejidades los trataremos en próximas columnas, esta vez sí, desde mi perspectiva personal.


@Freddy_Lepage