• Caracas (Venezuela)

Freddy Lepage

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Freddy Lepage

La oposición y las parlamentarias de 2015

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Las elecciones parlamentarias por sí mismas en una democracia cualquiera no son muy llamativas para los electores, si las comparamos con las presidenciales; pero en nuestro país cobran una importancia relevante, habida cuenta de la grave situación nacional, no solamente desde el punto de vista económico y social, sino por las características autoritarias y militaristas del régimen que dirige Nicolás Maduro. Si no, veamos el ejemplo reciente de la democracia estadounidense, la más vieja del continente, en la cual en las llamadas elecciones de medio período la participación fue bastante baja, a pesar de los ingentes recursos con que cuentan los candidatos para hacer proselitismo.

Ahora bien, en nuestro caso el proceso comicial de 2015 tiene además una particular significación, de hecho, cualquier consulta electoral la tiene en Venezuela, por lo que está en juego, que no es otra cosa que la democracia misma. De tal manera que, independientemente de las condiciones y ventajismo del oficialismo, la participación de las fuerzas democráticas es fundamental si se quiere llamar la atención a un gobierno ineficiente, incompetente que no busca la satisfacción general del pueblo como un todo, sino mantenerse en el poder a todo evento, que se autodefine como “revolucionario” solamente por tener un verbo incendiario contra el imperialismo y mencionar permanentemente a los más pobres para los cuales –según ellos– gobiernan, aun cuando la realidad demuestra lo contrario.

Todos los sondeos de opinión –los buenos y los malos– dan cuenta de la caída acelerada de la popularidad de Maduro entre chavistas y no chavistas, eso pinta una oportunidad interesante a tomar en cuenta para la venidera elección de la nueva Asamblea Nacional. Momento que, de alguna manera y por primera vez, le da una real posibilidad a la oposición representada en la MUD –aun con todas los obstáculos que pueda poner el gobierno– de obtener una mayoría parlamentaria como contrapeso que le ponga freno a cualquier despropósito.

Pero, para lograr lo anterior, se tienen que dar varios supuestos que permitan conservar la unidad como fin fundamental. Sabemos que en el seno de la MUD, hasta ahora, hacen vida varias corrientes con el mismo objetivo, pero con diferentes visiones y estrategias para lograrlo. Esto no debería ser óbice para integrar las listas y candidatos por circuitos que representarían la alternativa opositora. De hecho ya existe una experiencia que dio buenos resultados en el pasado que no debería ser desechada a priori; cuando mucho podría ser perfeccionada, si de lograr mejores resultados se trata. El consenso donde se pueda, las primarias donde sea necesario y, tal vez, como último recurso, encuestas donde la situación así lo amerite. Claro, esto se ve muy fácil desde el punto de vista teórico, ahora falta llevarlo a la práctica de la mejor manera. Allí es donde entran en juego los actores principales que representan las distintas visiones a las que he hecho referencia (Henrique Capriles, Leopoldo López y María Corina machado, así como los dirigentes de los principales partidos políticos). Entonces, si la sindéresis y la vocación colectiva de poder imperan, lo lógico es que se llegue a acuerdos en este sentido, de lo contrario una lucha dentro de la misma MUD sería servirles la mesa a los rojos rojitos. La gente quedaría defrauda ante un liderazgo que no estaría a la altura de las circunstancias. Personalmente, tengo la firme convicción de que eso no ocurrirá, porque privará el interés nacional sobre los intereses individuales o grupales. En todo caso, las aspiraciones y el trabajo político para lograrlas son parte inherente a la democracia y, por ende, deben ser bienvenidas.