• Caracas (Venezuela)

Freddy Lepage

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Freddy Lepage

¿Hacia dónde nos lleva Maduro?

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Los acontecimientos se desarrollan a velocidad diabólica, a tal punto de que nadie está en condiciones de atisbar lo que puede pasar en los próximos meses. Ni siquiera las múltiples salas situacionales con las que cuenta el gobierno. El descontento social crece exponencialmente y la pregunta obligada de todos entraña una profunda preocupación: ¿qué va a ocurrir en el país? Esta interrogante se repite como un tiovivo que nunca se detiene, como si de una desenfrenada carrera se tratara. Lo peor de todo es que, cuando Maduro más habla y actúa, más dudas siembra sobre el futuro de nuestra patria. Y esto ocurre en todos los órdenes de la vida nacional. Nadie se salva de esta asfixiante, pesada y brumosa incertidumbre.

La esperanza que queda está sembrada en las elecciones parlamentarias que, por cierto, a estas alturas del año, no han sido definidas por el CNE, ni en cuanto a la fecha de su celebración, ni en la definición de los circuitos. O sea, que tampoco hay claridad en esta materia que, por los momentos, es la única válvula de escape que podría drenar parte de las tensiones existentes.

Amenazan y meten presos a numerosos empresarios –sin que medie fórmula de juicio– por el presunto delito de ser “acaparadores” de productos esenciales, bien sean estos alimentos o medicinas, ocupan empresas para apropiarse de los inventarios existentes, como si de un asalto se tratara, amparados por el poder que les da el control de todas las instituciones, que constitucionalmente están obligadas a proteger a los ciudadanos de los atropellos de quienes se brincan a la torera todos los procedimientos legales, burlando el derecho que tiene todo ciudadano al debido proceso. Es decir, se ha creado, ex profeso, un perverso limbo jurídico que hace nula cualquier acción legal de defensa.

Al propio tiempo, Maduro y su cúpula gobernante, cuando se sienten con el agua al cuello, hablan de trabajar, codo a codo, con el sector privado, siempre y cuando acaten a pie juntillas las reglas del juego que ellos imponen sin discusión alguna, en una especie de juego del látigo y la zanahoria en un régimen cada vez más militarista y autoritario. Todo empresario, emprendedor y trabajador, para el oficialismo es un delincuente en potencia, así de simple, mientras los boliburgueses que defraudaron a Cadivi por más de 25.000 millones de dólares (Giordani dixit) siguen tan campantes acumulando fortunas inconmensurables a la vista de todos, para darse la gran vida en el imperio.

La situación se agrava con la brusca caída de los precios del petróleo que, en palabras del propio Maduro, va a durar. Sin embargo, de pronto se apresta a expresar –en abierta contradicción– que los recursos para la continuación de todos los planes gubernamentales y misiones sociales están garantizados (?); sin embargo, la escasez de artículos de primera necesidad e insumos médicos se acentúa peligrosamente, generando las largas e interminables colas ya conocidas internacionalmente, en el país de la abundancia que, una vez, nos vendieron como “un país potencia” (en una suerte de burla desquiciada). ¿Hacia dónde vamos? Creo que llegó la hora de llamar a María...